El gobierno de los vagos

Observo el movimiento de los vagos. Ellos deambulan en las instituciones, sean éstas ministerios, institutos, universidades públicas. Algunos son tempraneros, llegan puntuales, a las 8 am, las primeras dos horas de la jornada la dedican a otear en la red, a pasear el cafecito por los pasillos, a ver la prensa, a tertuliar con los amigos, compañeros, “camaradas”. A las 10 am amagan con trabajar, pero no, tienen una reunión y se zampan para allá, aunque no sean convidados. Ellos se autodefinen como defensores de todo. Termina la reunión, toca pasillo, pasillanear, y ¡pum! El almuerzo, son las 12 m. El gobierno de los vagos es riguroso con los horarios, sus horarios. También lo son en su estética: de riguroso rojo, rojito, gorra incluida (algunos más naif se tercian su boina secentera).

Los vagos y su gobierno creen que hacen política, que son los más “sacrificados” por la revolución. Regresan de la comida meridiana y vuelven a “trabajar”: nuevamente pasillo, café y tertulia; cuando acaban de pasillanear es hora de plegar. En eso son puntuales, a las 4 pm, enfilan hacia el metro. Los vagos creen que trabajan, la verdad es que estorban. Ellos componen un ejército de los que no hacen nada, pero creen que son “pilares fundamentales”, no sé de qué. Una condición ineludible que acompaña a los vagos y a su gobierno, es el padrinazgo. Todos tienen un padrino, eso los hace fuerte, refuerza su posición y por supuesto, su poder. Los vagos gobiernan, son intocables.

¡Y claro que gobiernan! Son capaces de paralizar una institución por reivindicaciones fútiles, por capricho de vagos. No importa si se pierden los dineros públicos. Sus “demandas” (y “escritos”) tienen resonancia en las “altas esferas” del poder. Y muchas veces salen premiados. Sus padrinos mirando desde la sombra los aplauden. Esperan su momento, los vagos hacen el trabajo sucio, los padrinos reciben el galardón. Son los amos de la lógica perversa del poder; tienen una gran capacidad de obstruir, sabotear, es el verdadero gobierno.

En general son ágrafos, pero hábiles en la retórica y en el chismorreo. Su ambiente natural son las “asambleas”, allí se lucen. Siempre tienen a la mano la cita apropiada. Sus preferidos son El Che, Fidel y, por supuesto, Chávez. Con ello crean los “climas radicales” que durante años de revolución han abortado importantes iniciativas y emprendimientos, con sus consecuencias sociales, políticas y económicas. La única eficiencia que practican es la del saboteo, la de la predisposición negativa ante el trabajo. La mayor ofensa para los vagos es decirles que trabajen. Enseguida tendrás convocada una “asamblea”. Allí de lo mínimo que te acusarán, si eres el jefe de la vaina, es de “traidor”. Los vagos son los magos de los adjetivos.

Después de meses de resistencias doblegadas por la necesidad, me tropiezo nuevamente con el gobierno de los vagos, eso sí, renovados, fortalecidos y victoriosos. Ojalá que la mirada escrutadora, quirúrgica, de la nueva ministra de la eficiencia que, seguramente, lee lo que escriben en “aporrea” lea en sentido inverso a lo que allí muchas veces se denuncia. Encontraría muchos indicios de lo poderoso que es el gobierno de los vagos. Defienden privilegios. Detrás de cada vago hay siempre uno (o varios) corrupto(s) frotándose las manos.

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