Comisarios políticos

El triunfo de Chávez en las presidenciales, el llamado a la autocrítica, crítica y eficiencia mas la invitación “a todo el país” al debate del Plan Socialista, marcan indudablemente una nueva etapa política en la adecuación al Socialismo S XXI.

Dentro de este espíritu, una sociedad nuevamente en ebullición, movilizada y activada políticamente ha comenzado a articular sus necesidades a través de diferentes vías, que trascienden la electoral. Es así como nos han llegado, desde el profundo compromiso con “el proceso”, denuncias desesperadas, acertados análisis y todo tipo de soluciones provenientes de este pueblo empático, capaz de participar afectivamente en la realidad que afecta a sus compatriotas.

A partir de estos insumos hemos ido dibujando una figura que se instaura perversamente en la administración pública, percibida y categorizada como el comisario político. Personajes insertados en los cuadros ministeriales no tanto por razones profesionales sino básicamente por su condición de activistas políticos. Sujetos supuestamente encargados de supervisar y controlar la fidelidad a los principios revolucionarios y que además parecerían tener la obligación de ocuparse de todo y enterarse de todo. Guardianes político-ideológicos incrustados a lo largo y ancho de los diferentes niveles administrativos y que fungen de ojos y oídos de instancias superiores, en una suerte de cadena jerárquica vertical de vigilantes “dispuestos a trabajar para que nadie se aparte de la senda correcta.” Funcionarios que deambulan cerca de las instancias de poder haciendo gala –chapeo- de su relación directa con la cima jerárquica. Parecería que parte de su trabajo es mirar, oír y transmitir información hacia arriba, generando incomodidad, sospecha y temor en el empleado común. Se trata de personalidades autoritarias que expresan una preocupación excesiva por el poder fundamentada en los prejuicios de superioridad/inferioridad. En la creencia de que ciertas personas son superiores y deben guiar a los otros, se abocan a mantener una vigilancia constante de la moral y la lealtad.

Se genera un cuerpo extraño dentro de las instituciones con fines de control político-social, suerte de poderosa organización informal que violenta cualquier estructura jerárquica y cuyo objetivo, fundamentalmente de carácter político, está por encima de cualquier fin institucional.

¿Ud los reconoce?

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Maryclen Stelling


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