La inmensa mayoria

La revolución es posible porque la inmensa mayoría de la sociedad es víctima de la explotación por una minoría. En el capitalismo la clase social que ejerce el dominio sobre la población constituye una escuálida minoría y en la etapa del imperialismo un escaso número de países ejerce la dominación sobre el resto del mundo. Es decir, que la característica esencial de la sociedad de clases es que el poder político, económico y social es ejercido por una ínfima minoría.

El hecho resulta paradójico y surge la inevitable interrogante acerca de la explicación del fenómeno. En artículo anterior citamos una frase de Romain Rolland según la cual el mal no está en la fuerza de los perversos “sino en la debilidad de los mejores”. Cuando se trata de un hecho social, el análisis exige el enfoque desde el punto de vista de la lucha de clases y en ese sentido “los mejores” están constituidos por aquellos sectores que no ejercen la explotación sino que son, por el contrario, los explotados.

La irracionalidad consiste en la explotación por una absoluta minoría de la inmensa mayoría de la sociedad y es por esta razón que la parte mejor, la interesada en poner fin a esa irracionalidad, está constituida por las clases que sufren la explotación, es decir, por la inmensa mayoría. La debilidad, no está en la cantidad, sino en la incapacidad de transformar ésta en calidad.

No podemos conseguir otra explicación que la falta de unidad y coherencia de las clases explotadas para impulsar los valores de justicia, verdad, igualdad y solidaridad, los cuales constituyen los valores milenarios desde que existe la sociedad de clases.

La labor de la revolución es, precisamente, unir a todos los que sufren la explotación y, por lo tanto, son los que encarnan esos valores. Por supuesto, que allí se encuentra la mayoría y el optimismo histórico, por eso, nos dice que es inevitable el triunfo de la mayoría cuando se logra la coherencia de todos aquellos que no tienen más alternativa que lograr la unidad.

Los problemas que padece la sociedad venezolana, determinados por la burguesía minoritaria, cuya mentalidad se impone sobre aquellos que no tienen otro propósito que acumular dinero, serán inevitablemente derrotados porque el resto de la sociedad no está guiado por el afán de obtener riquezas a cualquier costo. Allí está la esperanza de la humanidad y la seguridad de que la revolución habrá de triunfar históricamente más temprano que tarde.

Una acertada política de la Revolución Bolivariana, sostenida con firmeza por factores fundamentales de la sociedad, habrá de imponerse necesariamente. Un Presidente de la República que ha sabido liderizar la política de liberación del pueblo es una base importante para derrotar los vicios y delitos que hemos heredado, a través de los siglos, de la vieja sociedad. La corrupción es ejercida por un escaso número de corruptos y las clases explotadas están llamadas a imponer sus valores. Si la mayoría fuera beneficiara de la corrupción no necesitaríamos hacer la revolución.

Un factor fundamental para combatir delitos como la corrupción está constituido por la Fiscalía General de la República y al frente de esta institución se encuentra actualmente una persona cuya capacidad y honestidad está fuera de toda duda.

Hay razones, entonces, para tener confianza en que la organización de las clases explotadas nos permitirá realizar una sociedad libre de las corruptelas que caracterizan la sociedad de clases. El socialismo, sin lugar a dudas, es la organización social que pondrá fin a las injusticias y los vicios característicos de un mundo basado en la explotación.

La historia de la humanidad es la lucha de los pueblos por los valores que encarnan las más grandes aspiraciones del ser humano, que nunca se ha resignado a la condición de explotado. Sócrates, Jesucristo, Bolívar, Miranda, Simón Rodríguez, Carlos Marx, Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin, Che Guevara, Fidel, Clara Zetkins, etc., son los ejemplos a seguir y confieren la seguridad del triunfo de los pueblos contra la canallesca guiada por la búsqueda de las riquezas materiales.

Por eso, la unidad de la clase obrera es el instrumento indispensable para lograr la organización de la sociedad. Históricamente es la clase que capaz de impulsar la unidad de todos y todas para derrotar la irracionalidad.

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Roberto Hernández Wohnsiedler


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