Tacupay, un caso para la autocrítica

José Torres es un extraordinario actor venezolano, ya cercano a los 80 años, mejor conocido como “Tacupay” por su memorable personaje de la telenovela Kaina, aun cuando lleve a cuestas haber realizado el mayor número de películas internacionales por actor venezolano alguno, compartiendo escena con luminarias del llamado spaghetti western como Lee Van Cleef y Terence Hill de Trinity.

Tacupay es chavista, pero mas allá de ello, reconoce que la Gran Misión Vivienda Venezuela es una necesidad para el pueblo venezolano, y por ello, encuentra lógico que su pequeño restaurante, levantado en 80m2 de propiedad pública por medio de un comodato firmado hace 15 años y aun por vencer, deba desaparecer para dar paso a la construcción de nuevas viviendas.

En efecto, la “Chocita de Tacupay” fue finalmente demolida este martes 13 de noviembre. En consecuencia, Torres quedó sin trabajo porque las autoridades regionales no han podido, o no han querido, encontrar una respuesta a su situación: no ha habido oferta de traslado a un espacio digno, y los funcionarios públicos lo tratan con la prepotencia puntofijista, aun por superar, donde el funcionario es el dueño del poder del favor, y no el servidor público que tiene como misión atender debidamente a los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos.

En cualquier parte del mundo a José Torres le estarían haciendo homenajes por su destacada trayectoria, pero en su propia tierra, en plena Revolución, debe pasar sus últimos días cargando la cruz del burocratismo heredado de la cuarta república, y que por más llamados a la autocrítica que haga el Presidente, este se retroalimenta de las desgracias para crecer con mayor fuerza.

Los amigos y familiares antichavistas de Tacupay lo culpan de su situación. ¿Quién lo manda a ser chavista?, mientras que sus amigos bolivarianos callan con pena.

Por su parte, los medios de la revolución esquivan la mirada, pero Globoterror, sediento de la angustia ajena, no escatima esfuerzos para posar sus garras sobre la presa y llevarnos a la pantalla lo que hace el oficialismo con sus propios hijos.

Como a Tacupay nadie lo escucha, deja entonces que la serpiente lo entreviste, víctima del burocratismo que asesina votos y desangra gota a gota nuestra preciada Revolución.

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