Su penetración en Venezuela

Vallenato, paramilitarismo y Narcotráfico

I-. El vallenato como expresión y creación musical del pueblo de Valledupar, una subregión de la costa Caribe de Colombia, ha contado en su país natal, con detractores y críticos, quienes sostienen que este género ha sido financiado desde sus orígenes por el narcotráfico, políticos corruptos y el paramilitarismo colombiano, para permear los estratos bajos de la población neogranadina, ganar adeptos e involucrarla en el conflicto violento que vive esta nación desde el siglo pasado.

Quienes suscriben tales cuestionamiento se agrupan en un frente denominado “Frente Antivallenato” (FRAVA); y plantean que fue el expresidente Alfonso López Michelsen, en 1966, quien promovió la creación del departamento del Cesar repartiendo 500 acordeones por toda la provincia con el objeto de ser nombrado su primer gobernador. El escritor y crítico, David Sánchez Juliao se pregunta: ¿Por qué el vallenato ha puesto tantos ministros, como ninguna otra música colombiana?

Destacan además, que El Vallenato está comprometido con el paramilitarismo, a tal punto, que una agrupación de este género saludó y rindió honores al jefe paramilitar de Valledupar, es decir, al jefe de las autodefensas, tomando así sus canciones, partido por una guerra fratricida que ha socavado las bases de la estabilidad social y política de Colombia. De hecho, los Hermanos Zuleta, escribieron la canción ! Viva la tierra Paramilitar!

La Fiscalía Quinta Especial de Valledupar ordenó la captura del cantautor vallenato Tomas Alfonso ‘Poncho’Zuleta Díaz, por supuestos favorecimientos a paramilitares. Al parecer el cantante vallenato resultó implicado por declaraciones dadas por un ex paramilitar conocido con el alias de ‘cocoliso. (Vallenateando.net, 01/13/2010).

Valledupar, es un importante centro para la producción agrícola, agroindustrial y ganadera en la región comprendida entre el norte del departamento del Cesar y el sur del departamento de la Guajira. En la zona (alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta); los sembradores de marihuana “marimberos”, apoyaron enfática y decididamente esta naciente expresión popular. Por su parte, algunos grupos vallenateros elogian en sus canciones a narcotraficantes colombianos; entre otros al Gavilán Mayor “Encho” Pitre. (Jorge Nain Ruiz, El Vallenato y el paramilitarismo. 20/11/2006)

Para este colectivo, el vallenato no es más que la victoria del facilismo “sin letra el vallenato es un sonsonete: sin preludio, intermedio ni final” Concluyen realizando un llamado a la sociedad colombiana para que se suscriban al FRAVA y permitan, propicien y garanticen la difusión de otros géneros musicales que no se cuadren con los narcoparamilitares ni mucho menos con políticos corruptos.

Aunque difiero de este planteamiento, por cuanto este género musical no es propiedad del paramilitarismo ni del narcotráfico (de hecho Julio Conrado es exponente de la poesía de las FARC a través del vallenato y otros géneros), no obstante, estoy convencido que ha sido utilizado como instrumento de penetración cultural en Venezuela por el Plan Colombia.

Desde hace varios años, este género musical viene tomando auge a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Se posicionan en emisoras comerciales, en las camionetas por puestos, Jeepses, autobuses, vendedores ambulantes, telenovelas, bares, burdeles, restaurantes, cervecerías, tiendas, centros comerciales, zonas rurales y urbanas, programas humorísticos, etc.

II-. A nuestro juicio, el vallenato actúa como un instrumento de penetración cultural del Plan Colombia, que pretende trasladar el fenómeno de la violencia a Venezuela, con el propósito de hacer mella a la Revolución Bolivariana. Los Narcoparamilitares se proponen permear la sociedad venezolana, tal como lo hicieron en Colombia, utilizando como instrumento al vallenato y las narconovelas para penetrar con mayor facilidad e imponer un estado de sitio en nuestras barriadas y urbanizaciones: tráfico de drogas, sicariato, trabajo de inteligencia y saboteo al proceso político que se vive en Venezuela, sería uno de sus propósitos y objetivos.

La penetración del narcoparamilitarismo en Venezuela no es una ficción, tiene sus antecedentes inmediatos en 2004, cuando el 09 de mayo de ese año, se produjo la captura de 153 paramilitares colombianos en la hacienda Daktari, ubicada en el Hatillo, estado Miranda, quienes al son del vallenato planeaban un atentado contra el presidente Hugo Chávez. José Ayala, alias "Comandante Lucas", fue identificado como el líder de la operación. Al ser aprehendido, Ayala confesó que el objetivo era asesinar al mandatario nacional y llevar a cabo un asalto masivo contra instituciones militares como la Guardia Nacional.

El plan estuvo coordinado por dirigentes políticos de la oposición venezolana y el narcogobierno presidido por Álvaro Uribe, según lo afirmó Rafael García, director de informática del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). García, procesado por sus nexos con el paramilitarismo, aseguró que miembros del gobierno de Uribe se mantenían en contacto con políticos venezolanos para planificar el magnicidio, que se realizaría con la colaboración de grupos irregulares infiltrados al país por el exdirector del DAS, Jorge Noguera, quien posteriormente fue condenado a 25 años de prisión por vínculos con las autodefensas. Veinte y ocho (28) de los capturados en la finca Daktari habían prestado servicio militar en Colombia. El silencio del gobierno de Uribe sobre el caso en esa oportunidad enturbió las relaciones con Caracas.

Por su parte, el exgobernador del estado Apure, el capitán Jesús Aguilarte Gámez, en el año 2009, solicitó un derecho de palabra en la Asamblea Nacional con la finalidad de denunciar la penetración de paramilitares y narcotraficantes en diversos estados de Venezuela.

Planteó la conveniencia de reestructurar todos los poderes en la entidad para hacerle frente a la problemática que vive la región en materia de inseguridad, paramilitarismo y narcotráfico. El caso de la situación fronteriza, de los estados Apure, Táchira, Zulia y Amazonas, “es un problema de seguridad de Estado y debe dársele prioridad en la agenda, así como se está dando en estados fronterizos, llegará un momento que lleguen a Caracas y le van a tomar el palacio de Miraflores al Comandante Chávez, ojalá nunca suceda”.

Indicó además el exmandatario regional de Apure, que la entidad vive una invasión si se quiere silenciosa, los paramilitares afectos al gobierno colombiano tienen planteado el control de la zona sembrando terror, muerte, secuestros, vacunas, abigeato, llegando al extremo de que cobran porcentajes por el ingreso de ciudadanos.

Precisó que en Guasdualito todo el mundo paga vacuna y “ahora van a San Fernando lo triste es que hay gente de la Guardia Nacional, Disip, CICPC, DIM, tribunal, fiscalía metida en el negocio, por eso es que se hace tan difícil combatir el problema”.

Finaliza el exgobernador, señalando que los paramilitares son los que tienen los recursos, manejan narcotráfico, tienen el apoyo del gobierno colombiano compran fincas, propiedades, se meten en empresas y así van tomando espacios como lo han hecho en Zulia, Táchira, Barinas, Mérida y lo hacen en Apure.

De hecho, los organismos de inteligencia han realizado algunas detenciones a narcoparamilitares en distintas regiones del país En el estado Zulia detuvieron a 15, en Nueva Esparta fueron capturados 12 y en Carabobo 11. Atrás quedaron los días en que los dueños de los carteles de la droga se escondían en fincas remotas, ocultaban su identidad y se resguardaban en zonas fronterizas.

De acuerdo con el más reciente informe de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), 16 (19,04%) de las 84 personas solicitadas por tráfico de drogas en tierras venezolanas-desde 2006 hasta lo que va de 2012- fueron apresadas en Distrito Capital. (Últimas Noticias, lunes, 18 de junio de 2012).

Tradicionalmente, habían operado en zonas fronterizas donde existía menor control de sus movimientos. Sin embargo, este fenómeno evidencia que extendieron las zonas de sus operaciones y se incrementó la complejidad de las redes.

Recientemente, en el marco de la campaña electoral el presidente Chávez recorriendo las calles de la tierra natal del Gran Mariscal de Ayacucho, Cumaná, el día jueves 23 de agosto, declaró que el candidato de la burguesía nacional y del imperio es aliado de los paramilitares. Posteriormente, se difundió en todos los medios de comunicación del país un video donde aparecía un diputado muy cercano a Henrique Capriles, Juan Caldera, recibiendo dinero de un empresario. Nos preguntamos, ¿Provendrá este dinero del narcoparamilitarismo? Más aun, conociendo la cercanía de dirigentes de Primero Justicia con Álvaro Uribe.

Hoy, ante el deficiente control migratorio en nuestra frontera con Colombia, miles de ciudadanos neogranadinos se desplazan por todo el territorio nacional, ingresando en esas oleadas cientos de narcoparamilitares, los cuales como ya dijimos vienen a cumplir un objetivo. El Vallenato junto a las telenovelas provenientes del vecino país, pasan a ser la bisagra, el vehículo o la plataforma para sutilmente facilitar su penetración y aceptación en la sociedad venezolana.

Su trabajo ha sido tan minucioso y sistemático, que actúa como una telaraña involucrando a diversas personas en un entramado que desde distintos ámbitos y espacios se propone instaurar, legitimar y naturalizar el vallenato como instrumento de dominación cultural en Venezuela. Sólo basta recorrer nuestra geografía nacional para corroborar tal afirmación. El auge del vallenato y con ella la invasión paramilitar en Venezuela, debe llamarnos a la reflexión y a activar mecanismos de control e inteligencia social.

Afortunadamente ante el avasallamiento de este género musical que se ha erigido como un ritmo que incluso ha desplazado nuestras expresiones musicales, el Ministerio del Poder para la Educación ha prohibido el Vallenato y el reggaetón de los espacios educativos ya que no promocionan la identidad cultural nacional.

Sugerimos al Ministro de Cultura Pedro Calzadilla, darle mayor relevancia e importancia a nuestra música organizando festivales de música folklórica venezolana y conformando las casas de la cultura en toda la geografía nacional para sembrar amor por nuestras raíces históricas y culturales. No es posible que en Venezuela se presente a cualquier cantante de vallenato, como si fuera figura de Hollywood. Mientras tanto, es lamentable ver a muchos de nuestro cultores, cantautores y artistas muriéndose en la indigencia, como está ocurriendo con el Tricolor de Venezuela, Víctor Morillo o como ocurrió con Ángel Custodio Loyola o José de los Santos Contreras “El carrao de Palmarito” o quienes fueron ignorados por los aparatos ideológicos de la burguesía (TV, Radio, Prensa, Redes Sociales), a pesar de ser iconos de la cultura nacional.

A su vez, solicitamos a los organismos de inteligencia detectar a los elementos irregulares en las barriadas y caseríos del país para impedir males mayores; y a la sociedad venezolana no consumir narconovelas ni vallenatos que traen tras de sí intenciones bien definidas que atentan contra la seguridad, soberanía y defensa nacional. Hay que controlar la frontera de Venezuela con Colombia, hasta tanto no se ponga orden a lo interno del país, de lo contrario la situación se puede escapar de las manos y Venezuela puede ser víctima de una agresión imperial como ya está planificado en el “Plan Colombia”.

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