La venganza de los Funcionarios de la Oposición

Los resultados electorales demostraron el apoyo de una inmensa mayoría de Venezolanos al Comandante Chávez; pero, también demostraron cuan grande podía ser la tristeza (el duelo) de una cantidad importante de Funcionarios públicos, de diversos nivel jerárquico, con esa victoria. Sin embargo, las cosas no se han quedado allí, desde los niveles más encumbrados se muestra actitudes que van desde el desinterés por la acción pública hasta las acciones directas contra quienes apoyan el proceso bolivariano. Todavía no se han sacado la espina. Muchos son los organismos públicos sucios, con mal funcionamiento de ascensores y hasta problemas de agua; cuyas remesas de dinero para el año apenas comienzan a llegar.

Aun no llegan las elecciones de gobernadores y ya inician su acción soterrada, bañada de la neutralidad, para seguir desencantando al pueblo con la mala atención. Muchos funcionarios de alto nivel están empeñados en empeorar su gestión: son eficaces para la ineficacia, para hacer las cosas mal, a medias o con mucho retardo. Pero, no hay quien le ponga el cascabel al gato, los padrinos de más alto nivel son sus amigos y los protegen. Mucho se habla pero poco se adelanta. Sin embargo, aquí estamos y aquí seguimos, ahora más que nunca claros con el objetivo, con el faro que orienta nuestra acción. Y nuestro faro no es otro que el socialismo; toda acción debe ser medida y calibrada con el socialismo. Nuestras acciones y las de otros deben estar orientadas a la construcción del socialismo. La regla es: sirven o no al socialismo, no sólo en el corto plazo sino en el mediano y largo plazo.

Resulta provechoso para la clase trabajadora hacer buenas caracterizaciones y análisis de la realidad política; pero, si ese análisis no va enlazado con una acción transformadora se queda en pura catarsis encubridora, puro deseos gatopardianos no cumplidos: mucho quitate tu pa' ponerme yo, mucha socialdemocracia y contrarrevolución. No es un secreto que muchos funcionarios de alto nivel o de nivel medio no están con el proceso. Tampoco es un secreto que ellos promueven y ascienden a sus pares escuálidos para tomar el poder de las instituciones, como en muchos caso hoy ocurre. Nuestra administración pública está llena de muchos opositores incapaces, flojos y mantenidos; aunque reconozcamos que también hay muchos opositores comprometidos con su trabajo que están hartos de tanto desorden en la administración pública dirigidos y realizados por muchos seudo- revolucionarios, que ganan cada vez más adepto a la oposición.

Entre nuestra filas existen muchos grupos dinamitas cuya acción consciente e inconsciente va dirigida a destruir o neutralización las instituciones. En esos grupos dinamitas, con sus camisas rojas- rojitas priva el desafuero, el autoritarismo, el maltrato, la arbitrariedad, la arrogancia, la falta de planificación y los actos de supina ignorancia, cuando no, de grosera corrupción. Ante estos dos extremos ¿qué hacer? La respuesta a esta pregunta no puede ser otra que el socialismo. El socialismo es nuestra brújula pero también nuestro mapa: el define la orientación de nuestra acción. Lo que no contribuya al avance del socialismo es contrarrevolucionario. Sabemos que el camino está sembrado de muchos errores e inconsistencias; y también, de muchos retrocesos tácticos o de espera hasta que el momento sea el oportuno. De allí que la crítica y la autocrítica nos sirva para aferrarnos a la brújula y al mapa. La guía del socialismo permite que no nos desviemos del camino y caigamos en la duda. Muchos quizás digan no saber qué es el socialismo? Y ¿Cómo lograr guiarse por un brújula que no se tiene o recorrer la ruta de un mapa que no se conoce? Esta es la gran pregunta.

Lenin nos indicaba sabiamente que sin teoría revolucionaria no hay revolución; pero, también nos decía sin acción revolucionaria de nada sirve una teoría revolucionaria. Son estas dos vertientes las que deben estar presentes en una revolución: teoría y acción revolucionaria. Pero, Lenin se refería a una teoría que nos habilita para crecer y actuar (para organizarnos), una teoría que nos permita pensar por nosotros mismos (para romper las cadenas mentales del capitalismo). Una teoría que nos aporta las bases (el método materialista dialéctico) para seguir construyendo la teoría revolucionaria que se inició con Marx. Ese método nos permite comprender la realidad del capitalismo (el estado de la lucha de clases) para transformarlo en socialismo. El materialismo dialéctico niega toda posibilidad de que repitamos como loros los dogmas que el mismo Marx rechazaba; porque creía que esos dogmas limitaban la capacidad de la clase trabajadora para aprender y transformar su realidad. Requerimos dotarnos de una teoría revolucionaria que no plantee la lucha de clases como la salida automática al socialismo; sino que humildemente la proponga como condición para estimular el nacimiento y crecimiento de una economía socialista alternativa que sería la base real de una sociedad verdaderamente socialista. Una economía alternativa que rompa con la economía capitalista (incluyendo el capitalismo de Estado) que niega la salida (la vida) al pueblo.

Los que no sepan que es el socialismo pues miren que es el capitalismo y busquen en su negación (en lo que no les gusta) lo que debe ser el socialismo. No se trata tan solo de justicia social, que hasta los mismos liberales y socialdemócratas plantean, ni de tomar el poder (con y sin la armas) como fin en sí mismos. Se trata de negar la injusticia de los privilegios de los que dominan, vengan estos de donde vengan. La lucha entre los contrarios: capitalismo- socialismo, revolución- contrarrevolución, dominador- dominado, trabajador- Imperialista o trabajador- burócratas (privilegiados) definen lo que no queremos y nos impulsa a lo que queremos lograr. Esa lucha es también una unidad que hay que superar, por que esa lucha no es entre iguales; no son iguales los privilegios o el poder de un imperialista o de un burócrata a los de un trabajador o un campesino. Esa es la razón para cambiar: eso es el socialismo. Una sociedad que reconozca que somos diferentes y que materialice privilegios iguales para todos. Este es el faro para guiar nuestra acción y criticar o avalar la de otro. Las acciones que se alinean con los privilegios de unos pocos van en contra del socialismo; pero, la acciones que garanticen privilegios para todos es socialismo.

El socialismo requiere que la contrarrevolución dentro de los organismos públicos sea cambiada por la revolución que crea socialismo (que crea desarrollo endógeno). Y eso requiere unidad en la acción política, unidad en la estrategia y unidad en la conciencia de los revolucionarios. Definitivamente, requerimos controlar las instituciones para que el socialismo siga creciendo, es imposible hacer política revolucionaria desde el Gobierno con la contrarrevolución controlando las instituciones. Solo la dirección de los trabajadores revolucionarios desde el Estado y desde el partido pueden impulsar el desarrollo de una economía socialista endógena. Y esa dirección requiere de mucha formación y mucho esfuerzo gerencial de parte de los trabajadores para dirigir correctamente la construcción del socialismo. Basta ya de improvisación, de buenas intenciones o de grupos dinamitas que luego pretenden ser tapadas con un dedo con demagogia y mas demagogia (con osadía y más osadía) política. Sólo una economía socialista crea una sociedad socialista donde se reconozcan nuestras diferencias y se reafirme privilegios iguales para todos. Solo una dirección revolucionaria y capacitada puede construir una revolución y una economía socialista. Viviremos y Venceremos, que viva el socialismo, Carajo.

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