Criticando a quien critica ¿Chavistas con la MUD?

Un grupo acusa al otro de “chavistas sin Chávez”; el inicialmente “agredido”, porque la disputa la comienza alguien, después de lanzar sus consignas, como “con Chávez todo, sin Chávez nada”, o “¡Chávez no se va!”, incorpora una muy buena porción de ofensas contra quién inició la agresión pública. A ambos grupos los identifica una muy cuidadosa táctica, no chocar con las piedras de arriba.

Esta conducta, que no es nueva, ni ha estado tranquila nunca, se ha fortalecido o mejor desbordado, ahora con la elección de gobernadores. Porque, la disputa generalmente pareciera no responder a una concepción diferente del poder, de manera distinta de abordar el proceso, sino por asuntos de mando. Quien gobierna o tiene la candidatura, no está de este lado, me lo pusieron lejos, entonces voy a reaccionar con mi grupo como sé hacerlo. ¡Esa vaina no nos la vamos a calar!

El atacado se defiende o huye hacia adelante antes que le ataquen, y en lugar de exhibir una idea de cómo hacer avanzar el socialismo, en medio de huecos, barrizales y férrea oposición en todos los frentes, se lanza en improperios contra quienes dentro del “chavismo”, supone, no le tragan o podrían ponerle plomo en el ala.

Ambos gozan, porque aquello está en su naturaleza. Sin saberlo, dice uno para no ser demasiado áspero, aunque sí lo saben, ambos bandos actúan al puro estilo adeco. No hay en ellos intención de exhibir ideas, ni motivos sublimes para discrepar –aunque los tengan-, simplemente es asunto de aspiración grupal. Si ponemos a éste, estaríamos nosotros; en cambio, con aquel no tenemos vida.

Maryclen Stelling, en el programa de José Vicente, ahora mismo, acaba de calificar como una contradicción en el proceso, su discurso o reclamo participativo y la designación a dedo; así se le llame cooptación, decimos nosotros. Y justamente ese proceder sirve de alimento a esos “chavistas de la MUD” o compatriotas del estilo adeco.

Está bien, es perfectamente válido discrepar de una designación, bien sea en Mérida, Trujillo u otra región – lo que no es el mundo todo-, como es pertinente hacerlo del procedimiento. No es malo hacer lo que sea necesario para insistir hasta el final por una candidatura distinta a la dispuesta por Caracas, sobre todo si se tienen profundas razones, dentro de una revolucionaria concepción del proceso; lo que está muy mal es el uso de formas viles y hasta procaces para manifestar desacuerdos. Desacuerdos por cierto, que algunos de quienes los expresan, nunca hacen referencia a la fuente que originó el conflicto, sino al más débil de la cadena. Nada de ir a la raíz; para quienes así actúan, eso implicaría chocar contra un tren y no está en sus perspectivas “componer mundo”, sino algo más modesto.

A los discrepantes de las designaciones, no se les ocurre cuestionar el procedimiento caraqueño, ni de vaina, sino la designación misma, sin pensar que ésta, por lo que al individuo concierne, podría ser acertada. No se les ocurre, porque por no pertenecer a su grupo, lo definieron anticipadamente como enemigo e incompetente para las funciones que deberá desempeñar.

Tales procedimientos no guardan ningún respeto por los camaradas, quienes podrían estar equivocados o cultivar una idea del proceso revolucionario distinta a otros. Pero si los calificativos, en veces hirientes, como “cartel revolucionario” – la oposición ahora llama “banda de los cuatro” a nuestras compañeras del CNE – tienen algún fundamento oscuro, estaríamos sugiriendo que quién o quiénes designaron a un candidato al cual rechazamos, son cómplices o la misma gente.

¿Por qué, teniendo nivel académico –lo que supone ideas y percepción pertinente del movimiento, local y nacional,- no aireamos nuestras discrepancias de manera podamos convencer y hasta dejar claro lo qué haya por hacer?

Allí está el pueblo que no es lo que la derecha cree, como también algunos de los nuestros, para inclinar la balanza si demostramos la validez de las razones que esgrimimos.

¿Si el candidato es débil, indigno o incompetente, porque no lo demostramos por las vías que haya que hacerlo? ¿Por qué ese proceder contrario a la solidaridad y buena fe que debe prevalecer entre revolucionarios, el cual de paso no deja ninguna enseñanza ilustre y digna de asumir como herramienta?

Pareciera más fácil atacar al más débil; de esa manera dejamos tendido el puente hacia donde queremos ir en busca de favores y de paso, destruimos sin hacer nada constructiva para reparar.

Es ese el estilo adeco, el de “Chavistas con la MUD”, quítate tú para ponerme yo.

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