El compromiso de la revolución con esta nueva etapa

En 1930, el genial Manuel Ugarte sentenció que no había NADA MAS PELIGROSO QUE UNA REVOLUCIÓN A MEDIAS.

No sabemos de una revolución profunda de la humanidad que haya podido vencer la multitud de peligros que la acechan. Muchas han muerto apenas han comenzado dar los primeros pasos, como la propia revolución francesa y la rusa, la revolución bolivariana que dirigió el Libertador Simón Bolívar, la revolución mejicana y la que emprendió Allende, para mencionar sólo unas pocas. La revolución cubana aún resiste y ha sido un gran ejemplo para todos los izquierdistas en América Latina.

Aquí hubo un adefesio que se llamó "Revolución de octubre", dirigida por Rómulo Betancourt pero que después pudimos darnos cuenta estaba financiada por Nelson Rockefeller (desde el Departamento de Estado).

Cada vez que cae un combatiente se pone lúgubre la América Latina, porque aquí en este continente tenemos el récord de revoluciones fallidas, como también el récord de traidores y apátridas del mundo. Un gran porcentaje de líderes de izquierda tiraron la toalla y se convirtieron en horrorosas Casandras.

El sistema democrático que se quiere imponer en América Latina es la mayor tiranía que quepa imaginar, controlada por la CIDH, por SIP, por las ONG's financiadas por la CIA. La mayor desesperación y dictadura para los pueblos es llegar al punto en que el ciudadano no tenga otra alternativa que tener votar a candidatos que son todos una copia del peor. A eso llaman democracia, como ocurre hoy en España que la gente se ve obligada a elegir entre bandidos que son idénticos. Allí sí es verdad que no hay alternativa para elegir a alguien que valga la pena; como nos pasaba a nosotros durante la IV república.

En medio de terribles adversidades, al fin pudimos en Venezuela elegir en 1998, a un candidato que sí representa las aspiraciones de la mayoría del pueblo. Pero no fue impunemente. Ha representado la muerte de miles de revolucionarios, de espantoso atentados y golpes de estado, huelgas empresariales, amenazas permanentes de los gringos y una pertinaz guerra a muerte de todos los medios poderosos del mundo.

Pero el enemigo peor es el que llevamos por dentro que amenaza con dejar la revolución a medias: la guerra de la cultura brutal del consumismo, de la moda capitalista, de los valores del sifrinismo que suele llevar a cuesta la clase media y alta. Son millones de seres que suspiran por la muerte de la patria. Y aún no hemos podido sentar las bases de una educación ve4rdaderamente nuestra, humanista, socialista y revolucionaria.

Nuestra educación hace aguas por todas partes, con maestros y profesores muy mediocres, con universidades plagadas de faranduleros académicos. Y la Misión Sucre, y la Universidad Bolivariana y la UNEFA hacen extraordinarias maromas para parecerse a las pervertidas universidades autónomas (terriblemente alienadas y manejadas bajo el patrón de las universidades gringas).

Claro estamos nosotros también con Manuel Ugarte que los hombres no son más que incidentes y que lo único importante son las ideas. Pero las ideas hay que tenerlas y saberlas expresar.

Nos urge pues reaccionar contra las malas costumbres políticas de la que aquí dejaron impregnadas los adecos y copeyanos y de las que se nutre hoy el PSUV. Esta organización política (a la cual pertenezco) está plaga de sectarismo, de clientelismo, de negociantes (esos que denunciaba Sucre en Bolivia y en Perú) que manejan los Estados sin escrúpulos de ningún tipo.

Debemos batallar pues sin descanso y urgentemente contra tantos errores endémicos.

En esta nueva etapa revolucionaria debemos afincarnos contra la degenerada burocracia que todo lo pudre y degrada. Darle un vuelco definitivo a esas universidades que desangran al fisco sin aportarle nada productivo y honorable a la nación.

En esta etapa, como sostenía Ugarte: La juventud debe velar para que el sacrificio no sea estéril y las acciones no se reduzcan simplemente a la satisfacción aparente. Hoy cuando la revolución bolivariana se ensancha en todo el continente hay que afrontar con determinación, coraje y algo de locura creativa los grandes problemas que nos aquejan.

Manuel no los exigía: "En el orden interior: la justicia social, la situación del indio, la división de la tierra; en el orden exterior: la defensa contra el imperialismo, la organización de la economía nacional, la aspiración hacia la Patria Grande. Hay que organizar a la América Latina en favor de la América Latina misma y no, como ahora, en favor de los inútiles del terruño y de los piratas de afuera."

"Esto hará sonreír a los hombres de Estado a la antigua usanza que en cien años de gobierno no han sabido hacer de nuestra América más que el mosaico hipotecado y doliente que nos van a entregar ahora. Pero esa es la política del porvenir, pese al egoísmo de los privilegiados."

"Que la juventud vele para que el esfuerzo no se malogre, para que la oportunidad no se pierda. Lo que empuja hoy a nuestro continente es un fervor análogo al que determinó el separatismo. Es, en realidad, la Segunda Independencia lo que vamos a hacer. Ayer Bolivia, hoy el Perú, mañana las otras repúblicas, se inicia el levantamiento de toda América contra las oligarquías que la devoran, contra el extranjero que la oprime.

Que la juventud se apodere del timón y dirija la barca. Si no lo hace, se habrá perdido, acaso, para nuestras repúblicas, la última posibilidad de vivir plenamente independientes. [Manifiesto lanzado desde Niza, con motivo del derrocamiento del dictador peruano Leguía y escrito a solicitud del APRA. Publicado en agosto de 1930 se reprodujo en la revista Claridad de Buenos Aires, el 11 de octubre de 1930].

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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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