Chávez contra Chávez

Doce años atrás, como lo recordara recientemente Lula ex presidente de Brasil, Venezuela y Cuba eran voces solitarias en el escenario internacional. Los primeros viajes de Chávez fueron para reconstruir y consolidar la OPEP como factor de paz, que tenía un precio de menos de 7 dólares el barril y su sentencia de muerte en la IV República. Luego se ha buscado retomar la dirección de las empresas claves de la economía, comenzando por PDVSA y otras empresas básicas, pasando por impulsar la seguridad y soberanía alimentaría, la salud de nuestros pueblos y abriendo las puertas al país para una educación gratuita y de calidad. Del mismo modo se busca fortalecer la red de infraestructuras de comunicación colectiva: metro, trolebús, ferrocarril, metrocable, entre otras. La Venezuela del siglo XXI ha encontrado su ubicación de liderazgo libertario en el mundo actual, proponiendo un nuevo orden mundial, otro mundo posible en paz y democracia en un estado de derecho y de justicia con la autodeterminación de los pueblos. Hay además en Chávez una actitud de observación crítica, de expectativas sin prejuicios ante los inquilinos de la Casa Blanca, pero al mismo tiempo firme e irreductible frente a la naturaleza del escorpión, vale decir, del imperialismo norteamericano.

El socialismo del siglo XXI propuesto por Chávez no tiene copia ni tiene modelos preconcebidos, se construye desde la praxis, desde la historia y la cultura de nuestros pueblos sin desechar las experiencias, los aciertos y errores de proyectos socialista anteriores, la historia enseña que sí podemos aprender de la historia, de sus aciertos y errores. Recordaba el saliente Vicepresidente Elías Jaua, la necesidad de penetrar los fosos de lo simbólico de esta revolución bolivariana. Señalaba por ejemplo que el Presidente Chávez enfrentó antes del golpe al alto clero reaccionario, rompiendo la costra más dura del Pacto de Punto Fijo. Enfrentó a Fedecámaras, con la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Tierras, la Ley de Pesca, entre otras de las habilitantes. Enfrentó la cúpula del Alto Mando Militar y de la vieja PDVSA. Enfrentó al Departamento de Estado, al FMI, al BM. Difícilmente un poder revolucionario, desafía tantas fuerzas de la contrarrevolución al mismo tiempo. Todo con el propósito de darle piso propio y sentido de pertinencia a su bolivarianismo, las ideas educativas de Simón Rodríguez y el planteamiento zamorano de la Guerra Federal. Hasta entroncar con el marxismo crítico, pasando por las múltiples modalidades de indosocialismos de Nuestra América. Enfrenta a Fedecámaras y la vieja PDVSA, buscando otras vías a la vieja economía rentista petrolera, convirtiendo el petróleo en arma de paz, de complementariedad, de integración y de negociación política, hasta de la reconstrucción de la OPEP; diversificando el negocio petrolero para no depender sólo del imperialismo norteamericano. Frenando las políticas neoliberales de la privatización y liberándonos del FMI y del BM.

Cuando Uribe y la oposición apátrida servían de caldo de cultivo para propiciar una guerra entre Colombia y Venezuela aupada por los Estados Unidos, Chávez fue capaz de entenderse con el recién electo Juan Manuel Santos por encima de profundas diferencias filosóficas, ideológicas y políticas entre ambos presidentes y gobiernos vecinos. Tanto la extrema derecha colombiana, como la venezolana calificaban a Santos de prochavista. Algo tan traído por los cabellos, que sólo provocaba risa. Pero en el fondo, ambas derechas apátridas, que avalaron las bases militares norteamericanas en Colombia, querían la guerra entre ambos países. Claro, ellas obedecen al amo del Norte contra sus países. Así avalaron el golpe en Honduras y en Paraguay, en Ecuador y en Bolivia, como lo hicieron el 11 de abril aquí en Venezuela, los mismos del viejo Pacto de Punto Fijo y sus derivados, Dada la coyuntura post electoral todo lo que huela a que la revolución bolivariana se consolide y progrese cada día mas les resulta incomodo a sus opositores. Estados Unidos ya olfateaba que debía prepararse para aceptar a Chávez, hasta el 2019, aunque nunca se resignará al intervencionismo y la desestabilización. La idea permanente de esta oposición es jugar al caos y a la destrucción del país, estemos o no estemos en campaña electoral.

El particular estilo del Presidente Chávez, por muy pedagógico que se pretenda, no deja de tener sus riesgos, sobre todo ante la dictadura del poder mediático mundial. Que todo lo tergiversa. A veces es necesario ser más precisos en nuestras consignas. Sobre todo, para no herir susceptibilidades en gente que permanece un poco al margen de lo político y de lo que acontece nacional y mundialmente. O de alguna gente de base de la misma oposición que todavía no conoce de fondo la dinámica interna del fascismo y de cómo el fascismo, puede arrastrar a sus fines racistas y guerreristas hasta a los sectores más cuerdos y moderados.

Estamos conscientes de que aquí se necesita una oposición, pero consciente, constructiva, patriótica, democrática, integracionista, no una oposición al servicio del imperialismo y de la dominación extranjera, que clama por la presencia de un ejército de ocupación y por la instalación de bases militares extranjeras, cualquiera puede tener diferencias con Chávez o con algunos aspectos de la orientación de su gobierno.

En este proceso revolucionario debemos aceptar las críticas constructivas y autocriticas, siempre y cuando no perdamos el camino revolucionario y seamos capaces de ver los errores cometidos, ese militante, compañero o aliado del proceso que ve siempre una visión purista perfeccionista que casi raya con el escualidismo que es incapaz hacer y aceptar un balance critico, cuando hay problema esconde la cabeza como el morrocoy y se consideran los mas revolucionarios los mas rojos rojitos los mas reacios a formar equipos y los mas ajenos a la critica y autocriticas y los que mas se alegraron cuando ganó el Comandante, para seguir con la teta del cargo que ostentan , estos quinta columna siempre tienen un pretexto perfeccionista para no asumir compromiso con la Revolución Bolivariana.

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