El desafío supremo

A estas alturas de la civilización nadie puede negar la lucha que se libra entre las clases sociales, desde los hechos sociales más corrientes hasta la instancia superior de la política nacional e internacional. Se puede afirmar con absoluta certeza que el materialismo histórico forma parte de la cultura universal.

Hacemos estas consideraciones porque en la discusión política de estos días el problema de las capas medias ocupa lugar destacado en cuanto a su papel en el escenario político y los hechos imponen la necesidad de analizar la dinámica de las clases sociales.

Con frecuencia se incurre en el error de abordar aisladamente cada clase, lo cual impide el conocimiento adecuado del objeto de la investigación. Las clases sociales no pueden entenderse sino en su relación con las otras clases que operan en la sociedad. Se afirma, por ejemplo, que la clase obrera no existe sino en su lucha con la burguesía. De la misma manera que el individuo solo puede explicarse por su carácter social y que incluso “las robinsoniadas”, productos de la ficción literaria, son verosímiles por el conocimiento social previo.

La sumisión de una clase por otra comprueba que la misma es una necesidad de la lucha y que tiene un carácter transitorio. El triunfo de la clase obrera conduce al socialismo, el cual implica la eliminación definitiva de todas las clases, inclusive la clase obrera misma.

La revolución en cualquier etapa histórica es la sustitución de una clase dominante por otra antes sometida. En la era capitalista el triunfo de la clase obrera sobre la burguesía es una condición para la transformación revolucionaria. No puede concebirse la revolución sin que la clase obrera ejerza el dominio para iniciar el proceso de eliminación de las clases sociales.

Como simultáneamente la formación económica genera las correspondientes ideologías de clase, nos encontramos con que las capas medias fluctúan entre las dos clases fundamentales: burguesía y proletariado. La pugna entre las ideologías ocupa la mentalidad de las capas medias y si el proletariado no se une y organiza no podrá jamás ganar a las capas medias para su proyecto revolucionario, por muchos beneficios que les proporcione.

Para ganar la inmensa mayoría de la sociedad, incluidas las capas medias, el desafío supremo de la conciencia revolucionaria es asumir la lucha de clase en toda su profundidad y la claridad teórica es condición indispensable.

No podemos olvidar que a lo largo de los siglos se han generado prejuicios que tienen su origen en la dominación ejercida por las clases explotadoras y esos prejuicios consiguen terreno fértil en las capas medias. En realidad, las capas medias están de alguna manera influenciadas por los prejuicios. La lucha revolucionaria consigue allí numerosas dificultades que solo pueden ser vencidas con la verdad científica asentada en la fuerza material del proletariado. Ya Carlos Marx decía que cuando la teoría prende en las masas se convierte en una fuerza material.

Queremos decir que la teoría no se impone en la sociedad a base de la pura prédica verbal sino que necesita la existencia de una fuerza social. Carlos Marx y Federico Engels demostraron que esa fuerza social es la clase obrera y la experiencia histórica se ha encargado de confirmar esa verdad. La derrota de procesos revolucionarios con largos años de existencia ha obedecido, sin la menor duda, al abandono del papel que corresponde a la clase obrera en los grandes acontecimientos históricos.

De otra manera no puede explicarse el derrumbe de la URSS. La ideología de clase tiene la particularidad de que penetra toda la personalidad del individuo y de los grupos sociales y cuando no se tiene la suficiente formación teórica se expresa en la psicología individual y social cuando menos se espera.

No hay revolución cuando en la sociedad no se ha logrado sustituir una clase social por otra de mayor aliento histórico y cuando se plantea el problema de la necesidad de la clase obrera como factor necesario para sustituir al capitalismo por socialismo no se están aduciendo razones sentimentales, románticas o filantrópicas sino que se está invocando una verdad absolutamente científica. Solo la clase y la ideología proletarias garantizan la liberación definitiva del ser humano. Lo demás es engañarnos.

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Roberto Hernández Wohnsiedler


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