Estoy atónito y anonadado…

Atónito y anonadado quedé por “La comuna y el Estalinismo” (SIC), teorización de teoría teórica teorizada por un teórico teorizante, sabedor de que quien más teorice mejor teorizador será. Escrito fino, pura calidad, sin lugares comunes, aristas inelegantes o cochambrosos mensajes encubiertos, de un refinamiento de rancia estirpe, profunda, inteligente, comprensiva y didáctica, con destino asegurado en la futura recopilación de los clásicos de la etapa protohistórica del socialismo en Venezuela, la Era Chavista (Chavecista para los académicos), cuando el peo era asegurar el ámbito político que permitiera, por lo menos, el funcionamiento de organizaciones pre-comuna, traducido ese esfuerzo en la urgencia de mantener el poder político en las arcaicas divisiones político administrativas llamadas gobernaciones de estado, esfuerzo coyuntural que en el lejano 2012 se vio frecuentemente enredado en Redes enredadoras, especie de atarrayas políticas con mucho plomo en los bordes, lidiadas con mucha dificultad por el pescador Juan Barreto, que una vez fuese objeto del ataque de un tiburón, jactancioso de controlarlas cuando daban pie con bola, pero que las declaraba colectivos independientes en sus decisiones cuando pelaban de esas mismas, como en el año referido, cuando permitieron que un individuo, apodado injustamente el Zamuro de la Basura de Mérida de los Caballeros, con pensamiento y praxis de la prehistoria del socialismo, época llamada la Cuarta, derrotara al candidato de Chávez, retrotrayendo casi un lustro el desarrollo del proceso bolivariano y condenado a los habitantes de una de las divisiones político administrativas citadas a un gobierno de corte fascista, aliado íntimo de los llamados paracos uribistas del país vecino… ¡Perdón! Perdón! El robot historiador casi se apodera de mi artículo, pero logré detenerlo a tiempo, antes de que se metiera en los anales sobre los resultados de la experiencia administrativa del atarrayero mayor y otras intimidades que pudieran comprometerlo.

Tratábamos sobre partidos y colectivos “revolucionarios” a quienes en un momento determinado les quedó pequeño Chávez y se lanzaron a buscar por su cuenta el elixir de la revolución. En el caso concreto de la elección de gobernador en Mérida, el PCV y REDES, pero quedan en la cola otros eminentes grupos e individuos, por eso de ir despacio, que hay tiempo, y porque quien mucho abarca poco aprieta.

La inteligencia supina, el agudo olfato político, el análisis de la coyuntura, la consideración de las condiciones objetivas y subjetivas, toda la obra de Aurelio Baldor aplicada a los resultados electorales, el examen del entorno nacional estudiado con las primeras imágenes enviadas desde el satélite Miranda, y el del contexto internacional logrado con el análisis de los últimos cien programas de Walter Martínez; luego de círculos de lectura sobre los clásicos ¿Quién se ha llevado mi queso?, La culpa es de la vaca, Manual del perfecto idiota latinoamericano y las obras completas de Jóvito Villalba y de los miembros del CC del PCV, acaeció el milagro y descendió sobre ellos la paloma del Espíritu Santo que los iluminó. En claro les quedó la poquedad de las de Chávez frente a sus pentecostales ideas, y procedieron a buscar un revolucionario de pura cepa, con pedigrí certificado por el PC albanés, con moto propia y experiencia de gobierno de por lo menos ocho (8) años, radical, eficaz, impoluta, bien distinto al imberbe proclamado por el insignificante Chávez. Deus ex machina, fue bajado el mismísimo Pegaso, ese caballo volador nacido de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo la degolló, y, émulos de Belerofonte, se montaron en el equino con el propósito de darle muerte a la Quimera, bestia de múltiples cabezas que desolaba los territorios comprendidos entre el Delgadito y Timotes, etcétera, etcétera, como quien no sabe más, pero vayan a la mitología para que se enteren de la vaina que le echó Zeus a Pegaso y, sobre todo, al ambicioso Belerofonte, que resultó lisiado y condenado a vagar, sólo, cual bobo sin mama, recordando su gloria pretérita.

Zeus que estás en Miraflores, envíale un patas blancas a picar a Pegaso para que Belerofonte se precipite en el vacío político, librando a Mérida de caer en manos del injustamente llamado Zamuro, porque el zamuro limpia, mientras que Lester Basura ensucia. Amén.

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