Yo voté por el cambio gracias a la “reelección indefinida”

Algunos testimonios de seguidores de Capriles tomados en los días previos a las elecciones presidenciales, además de los comentarios que se pudieron leer en las redes sociales, daban cuenta de que el sector que apoyaba al candidato “neo-progre” de la derecha venezolana lo hacía por un supuesto “cambio”. Exhibiendo una inusitada seguridad en que ganaría su candidato, muchos opositores afirmaron que ahora sí, que ya era tiempo, había llegado la hora, el momento de “votar por el cambio”.

Como bolivariano, entiendo que los que votamos por Chávez votamos por la consolidación de los cambios por los que viene atravesando Venezuela en los últimos años, y cuando hablamos de consolidación, nos referimos a la transformación profunda de la manera de producir y la manera de pensar, proceso del cual resultaría la sociedad socialista que, como utopía concreta, visualiza el comandante Chávez y los que pensamos que el socialismo del siglo XXI está lejos de ser un “capitalismo humano” o un mero Estado de bienestar, que ya es bastante.

Pero entonces ¿Cómo es eso de que los que votaron por Capriles votaron por un cambio? Conviene, primero, no dejarnos robar la palabra cambio, aunque ganadas las elecciones no haya, por ahora, nada de qué preocuparse. Resultó evidente, que este discurso era parte de la estrategia electoral de una oposición que pretendió presentar a Chávez como lo viejo y desgastado para, a partir de ahí, contraponer la figura de Capriles como el “chocolate nuevo”. Detrás de la estrategia, el tema de la mentada “alternancia” en el poder, interpretada como algo urgente y necesario después de 14 largos años de gobierno.

Desde otra perspectiva, podemos decir que un sector de la oposición fue a votar abogando por la concreción cambios dentro de los cambios, por rectificaciones y renovaciones que solo se conciben posibles con la salida de Chávez. Claro, lo que puede entenderse como un interés natural en ver algo diferente, como el deseo de ver cambios en el paisaje y los estilos políticos, lamentablemente se confunde con una disociación que les impide captar la realidad actual de una Venezuela próspera que ha ofrecido y ofrece condiciones para que muchos venezolanos adversos al proyecto bolivariano no se “vayan demasiado”, y que les impide ver sobre todo la historia de la que venimos, porque la historia para ellos es una especie de penoso resabio, y lo importante aquí es el futuro, aunque el futuro ―y también el pasado― confluyan en el aquí y en el ahora.

Ensayemos ahora otra lectura. Digamos que gran parte de la oposición antichavista votó por la posibilidad de la resolución de problemas que afectan la vida cotidiana como los apagones eléctricos y la “in-seguridad”, situaciones que en una dinámica donde hay una fuerza política que ejecuta un proyecto de país orientado a la inclusión y a la transformación social, deben ser señalados, ética y argumentalmente, por la oposición política, cuya participación en la resolución de estos es natural y necesaria. Pero sucede que la oposición política venezolana, en su carácter reaccionario no ha intervenido sino para magnificar los problemas recurriendo a un criminal y desmesurado terrorismo mediático. Sólo en las últimas semanas de campaña los venezolanos comenzamos a ver señales de sensatez en algunos voceros de la oposición venezolana, lo cual parece augurar un período menos psicótico para nuestra oposición.

Respecto al tema de los 14 años en el gobierno, lo cual sigue siendo una verdad formal y por tanto una simplificación, hay que decir que es sólo a partir de 2006 que el gobierno bolivariano y el pueblo que lo sigue, pudo comenzar a ejecutar las políticas de inclusión que hoy han beneficiado a todos, luego de haber sorteado golpes de Estado, sabotajes, guarimbas y pateadas de mesa de todo tipo. Así las cosas, los que votamos por Chávez el 7 de octubre fuimos los que votamos por los cambios, conscientes de que el gobierno tiene alrededor de 6 años gobernando, luego de haber llegado, refundado la República, aguantado los embates de la reacción y de haberse legitimado de todas las maneras posibles.

Por todo esto, era necesaria la aprobación de la enmienda constitucional para abrir la posibilidad de la postulación continua, y permitir así que el líder histórico pudiera ser reelegido para darle continuidad a un proyecto nacional que no es realizable en 4, 5 o seis años, luego de décadas de dependencia, colonialismo y subalternidad. No es casual que teóricos como Ernesto Laclau estén de acuerdo con la llamada “reelección indefinida”, como lo afirma en entrevista publicada recientemente y donde ofrece además su opinión sobre las elecciones del 7 de octubre, en una reflexión sobre la necesidad de una nueva institucionalidad como expresión de las fuerzas políticas del cambio.

Esa nueva institucionalidad es la que se viene construyendo en Venezuela en medio de la lucha política, la guerra mediática, el saboteo en algunos servicios y nuestras consuetudinarias taras: el burocratismo y la corrupción. Es verdad que el propio Chávez se comprometió a ser un mejor presidente, pero para consolidar los cambios en el marco de la eficiencia, es necesaria también una mejor oposición, una oposición inteligente, ética y sobre todo, nacional.

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@maurogonzag

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