Ensayo en IV partes

La revolución pacífica y la conciencia ética revolucionaria (I)

Hay una sola grieta

Decididamente profunda

Y es la que media entre la maravilla del hombre

Y los desmaravilladores

Aun es posible saltar de uno a otro borde

Pero cuidado

Aquí estamos todos

Ustedes y nosotros para ahondarla

Señoras y señores

A elegir

A elegir de qué lado

Ponen el pie.

 

Parte I

En noviembre de 1996 se llevó a cabo en La Habana, la Conferencia Regional sobre políticas y Estrategias para la Transformación de la Educación Superior en América Latina y el Caribe.  Para el momento, el Director General de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) era Federico Mayor.

Al final de dicha Conferencia él intervino, estaba presente el Presidente Fidel Castro. Mayor habló de los:

nudos gordianos de nuestra época por todos conocidos:  la exclusión y la discriminación, con pretextos étnicos, culturales o ideológicos; la miseria urbana y la decadencia de las zonas rurales; las emigraciones masivas; el despilfarro del medio ambiente; las nuevas pandemias como el sida y las antiguas que cobran renovada virulencia, como la tuberculosis o el paludismo, así como las afecciones neurológicas provocadas por priones; el tráfico de armas, de drogas y de dinero negro, las asimetrías sociales, la violencia, la violación de los derechos humanos. Propone que esos nudos de nuestra época debemos cortarlos de manera tajante pero pacífica, !con la palabra y no con la espada¡ Fidel Castro habló seguidamente de  La Revolución de las Conciencias improvisó un discurso y pidió disculpas por ello, al final expone:

Pero voy a decir una verdad- y no me gusta estar diciendo verdades todos los días, eso sólo es posible con una Revolución. Será como la quiere Federico, pacífica, en virtud de la inconformidad, la insatisfacción, sin violencia; pero sí; a  lo mejor se puede dar el milagro, y se han dado otros, de que, a través de las conciencias, podamos lograr aquello para lo cual no se necesitarían las armas. Nosotros la hicimos con las armas y con la conciencia, pero hay en el mundo más conciencia, en este mundo invadido de egoísmo, que digo que hay muchas más personas que conocen los problemas, que conocen las verdades y piensan y meditan sobre posibles soluciones, y puede llegar el día en que los políticos estén tan desprestigiados como lo están cada vez más en muchas partes;.

No predico la violencia, Federico; predico la revolución. Pacífica, sí; pero revolución. El hombre tal vez sea capaz de lograrlo.

Henos hoy aquí, siglo XXI, año 2012,  todavía en la búsqueda de una solución de cambio, aquí todavía tratando de despejar como expresó nuestro Libertador la incógnita del ser humano en libertad.  Dicha idea expresa la necesidad de este despeje y el hecho de que es un aspecto que no hemos alcanzado y al cual debemos dedicar estudio y esfuerzo.

Necesitamos tener una concepción de ser humano que  así introyectada y puesta en práctica pueda darnos base para la construcción de la sociedad que aspiramos. Debemos  hacerlo de manera tal que al mismo tiempo que concebimos a la mujer y el hombre que construyen una sociedad al nivel que corresponde a una revolución, pongamos como fuerza motora de esa concepción, a la revolución que transforma  a ese hombre y mujer para proponer y construir una sociedad cónsona con la condición del ser humano en libertad.

Esta premisa metodológica es importante porque en la medida que identifiquemos las  características que conformarían la sociedad deseada, de la misma manera habrá que hacer explícita el hombre y mujer  necesarios para conformar esa sociedad que  planteamos para llevar a cabo una revolución cultural. De otra manera sólo nos quedaremos en las formas aparentes de la realidad, en lo que tenemos a mano, en lo que estamos acostumbrados tal como lo expresa Kohan:

Necesitamos cuestionar hasta las últimas consecuencias el régimen capitalista, su modo de vida, su cultura, su reproducción ideológica, sus fantasías y proyectos que hasta el momento gozan de un grado importante de consenso dentro del campo popular  y para ello nos vemos impelidos a afilar aún más nuestras propias herramientas teóricas. (Kohan, 2003, pág. 22).

Si  a través de esas conciencias se puede dar el cambio con una revolución pacífica, pero revolución, no el cambio lampedusano ni el que nunca se llega a hacer patente, ¿cuáles son esas consciencias y qué papel juegan o deben jugar en la revolución? ¿Cómo se organizan esas conciencias? ¿Con qué racionalidad se organizan esas conciencias? Trataré en adelante de alcanzar algunas respuestas a tan difíciles preguntas.

Esas conciencias deben manejar como principio, el compromiso de la creación de una nueva sociedad, en la cual se desplieguen y desarrollen formas de subjetividad y sensibilidad, que den al trasto con las referencias del pasado. El cambio hacia un sistema socialista imbuido de fe en los seres humanos que tiene como norte  la necesidad de transformar el mundo, no sólo filosofar o tratar los problemas sociales desde el punto de vista académico, epistemológico y filosófico.

Es importante plantear o reflexionar  cómo ese cambio se llevaría a cabo en una sociedad actual como la venezolana, dado que las formas propuestas en el pasado parecerían no tener vigencia. Ni el blanquismo, proponente de una reeducación de las masas a través de una organización altamente disciplinada, ni la dictadura del proletariado, ni la dominación del partido nos ofrecen la solución en esta compleja sociedad que tendríamos que reconocer e identificar en sus estructuras  funcionales, en sus prácticas evidentes y en las que actúan sobre el tapete social difícil de conocer críticamente.

Tampoco se trata de elaborar, conjuntos de normas y manuales en los cuales se expongan las formas de proceder, o crear diseños que incidan en el currículo, esto es algo externo a la realidad social y constituye la ortodoxia de la forma de pensar desde dentro del sistema educativo que también debe ser cuestionado. Necesitamos primero tener un exacto conocimiento de una realidad que escapa de lo inmediato de nuestra vida cotidiana y que afecta todas las estructuras económicas y sociales, de nuestro país y del mundo. El asunto que deseamos plantear nada tiene que ver con decretos de solidaridad, respeto y tolerancia como premisas del cambio de mentalidad que se requiere, y que constituyen una receta que está a la mano como propuesta de solución mágica, retórica pero alejada de la realidad posible.

Es indudable que se necesita un empuje hacia nuevos valores, el detalle está en que esto no puede llevarse a cabo de manera académica y desde el campo educativo, de forma declarativa y como contenidos que deben ser aprendidos. El cambio de valores surgirá a la vez que se cambian las estructuras en las cuales funciona la gente y sólo desde ese espacio y en ese momento puede emprenderse la consideración educativa práctica y en acción cotidiana.

Todos hemos sido sujetos de la educación en aspectos de valores, conducta ciudadana, modales hacia la gente, normas religiosas, conocimiento de las normas ciudadanas y un sin fin de enseñanzas que se han quedado para que unos pocos las practiquen, otros sólo si se les vigila y una gran mayoría las ignora e incluso las viola con el conocimiento expreso de saber que lo están haciendo.

No es que debemos conocer sobre los valores, es que debemos vivir en una sociedad que los practica, porque no debería haber forma de relacionarse sino a través de esa práctica activa. El hecho de hacer y presentar un discurso sobre los valores, el hecho de enseñarlos en las escuelas, no cambiará la realidad. (Continúa)

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Maruja Romero Yépez


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