El voto culto de Chávez

La campaña electoral venezolana se ha teñido de una intolerancia inédita, protagonizada por un oposicionismo desaforado. En esta violencia desatada por sus grupos de choque, han resultado heridos, vejados e irrespetados varios periodistas y comunicadores de medios alternativos, quienes en el ejercicio de su profesión no han escatimado esfuerzos por cubrir los eventos convocados por el aspirante de la oposición Henrique Capriles Radonski.

Este escenario de provocación sistemática pareciera ser una consecuencia de la frustración que embarga a los representantes de la MUD, mesa de la ultraderecha, quienes convencidos de la inminente e inexorable derrota electoral que pesa sobre ellos, como espada de Damocles, acarician un plan “B” en aras de promover la desestabilización y el caos.

A estas alturas “del partido”, es bien sabido que las encuestas registran una brecha inalcanzable, que oscila entre 10 y más de 20 puntos porcentuales.

Este margen de ventaja se ha mantenido sólidamente, a pesar del terrorismo mediático emanado de sofisticados laboratorios de guerra sucia, que ha convertido el ejercicio del periodismo, en ciertos medios afectos al oposicionismo, en un discurso cloacal, repetitivo y predecible.

Esta fracasada estrategia mediática se ha encontrado con una muralla infranqueable, constituida por una decantada conciencia política que se ha ido fortaleciendo con los múltiples logros alcanzados por esta revolución que propugna la construcción, en democracia, de una patria socialista, soberana y antiimperialista. Estos logros, surgidos de un modelo de gestión de gobierno socialista, orientado hacia una democracia participativa y protagónica configuran el fermento del voto culto que germina en todo el país. Este voto cultivado emana de una revolución de la conciencia; proceso que fortalecerá la construcción de un anclaje conceptual sólido, orientado hacia la renovación constante del aprendizaje de una cultura política permanente.



DIMENSIÓN HUMANA DE CHÁVEZ



La conexión afectiva del candidato Hugo Chávez con el pueblo venezolano es un hecho incontrovertible, no es producto de un marketing publicitario, porque proviene del carisma y la autenticidad que ha prodigado en diferentes escenarios dentro y fuera del país. Como una prueba de ello se puede referir la reciente visita del candidato a San Fernando, estado Apure, en donde hizo gala de su conocimiento de la geografía, sus ríos y su rico folclore musical. Su contrapunteo con Cristóbal Jiménez, sobre querencias y viajes, devino en un reto lúdico, trenzado en recónditos lugares: alba, ocaso, río, garcero, mastranto, relincho, doma y silbo; signos raigales de la canta apureña.

Esa otra geografía espiritual de un subyugante Apure, fue una demostración del entrañamiento que ambos, dos baquianos llaneros, tienen por el terruño. Allí, en un espontáneo clímax emocional vimos a un Chávez profundamente humano, a quien se le quebró la voz y derramó una que otra lágrima.

El intento del otro candidato de mimetizarse y ofrecer una sarta de promesas vanas, solo pretende negar las verdaderas intenciones del funesto paquetazo económico neoliberal, cuyos contenidos no han superado la masiva evaluación política que han emprendido los más amplios colectivos sociales de la nación.

A escasos días de las elecciones presidenciales, en su penúltimo click, la encuestadora Consultores 30.11, dirigida por Germán Campos, registró una intención de voto de 57,2% favorable a Chávez, mientras Capriles obtuvo 35,7% En el denominado voto duro, 53.1% de los venezolanos nunca votaría por Capriles, y 25.8% nunca votaría por Chávez.



El desafío es ganar por amplio margen, creo que la diferencia a favor de Chávez puede ser de más de 3 millones de votos, si sobrepasamos los 4 millones, nuestra alegría será infinita.

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