"Ecologista" que apoye a Capriles es farsante

El afiche, lo percibí, fue colocado como sin convicción. Quien le amarró en aquella viga del puente, no es su autor, diseñador, impresor y menos aquél que le dio su aval político, tampoco convalida lo que el mismo afirma políticamente. Digo esto, porque fue colocado para que pocos lo viesen, se percatasen de su existencia; para que llevase allí una existencia formal, simulada. Es una cosa que está en el sitio, oculta entre tantas, con pena, puesta a pasar desapercibida a menos que venga alguien como uno quien siempre está pendiente de cualquier vaina, o como decían en mi pueblo, ¡a muchacho pa` fisgón!”. Le colocaron pues de mala gana.

Quien le puso estrujado y mirando hacia un lado, para que tampoco le viesen y no al paso de la gente, sintió pena de prestarse para aquello y, pensándolo bien, hay que reconocerle méritos, tuvo razón al hacerlo de esa manera.

El afiche triste, pese exhibir unos hermosos girasoles y un sol radiante, que uno apenas medio ve, pero se sugieren hermosos, que el resto lo imagina, le colocaron en el puente de hierro, o de guerra, quizás por la guerra que en esa parte da el tráfico, donde Tarek construye ahora uno alternativo y majestuoso, que en Barcelona atraviesa el Neverí, identifica a un grupo que se asume como “ecologista”. Quien le colocó, pensó muy bien lo que hacía, que sólo percibiésemos el brillante sol y los alegres girasoles, o apenas una parte de ellos e imagináramos el resto. La intención política no le interesó para nada.

Pero el afiche hermoso, bellamente diseñado, por lo menos así se le imagina, por lo poco que se ve, por la vergüenza de quien allí le puso, y del afiche mismo, encierra una contradicción. Llama a votar por Capriles.

Es una contradicción que definiría de “doble tracción”, porque los grupos ecologistas en el mundo no suelen vincularse a la derecha. No lo hacen porque bien saben los motivos de la destrucción del planeta. Pero este grupo, no sé si es nacional o regional, no sólo está, no se entiende por qué, en la derecha, sino que quiere en la presidencia de Venezuela un tipo que públicamente y hasta con mofa, ha fijado posición contra los principios que los ecologistas verdaderos suelen defender. Entonces por eso, la contradicción tiene tracción en las dos patas y es una traición a la defensa de la vida y del planeta todo. Podrían ser apenas unos “ecologistas” de encargo o utilería.

Es hoy famosa la frase trascendente que dice “no cambiemos el clima, cambiemos el sistema”, que unos jóvenes exhibieron en una pancarta en la calles de Copenhague, durante la XV Conferencia Internacional de la ONU Sobre Cambio Climático, en el 2009. Es un mensaje claro de los ecologistas de verdad al mundo, de aquellos que manejan el problema en sus exactas dimensiones y conocen las causas profundas del problema y no una ONG pagada por los gringos y fundada para otros fines, como ese de apoyar a Capriles...

El modelo de explotación, que no pone límites a la destrucción, el capitalismo, es anti ecologista. Por eso, Estados Unidos es resistente a firmar cualquier convenio o propuesta a favor de cambiar a favor de la ecología y defensa del planeta.

¿Acaso no saben esos “ecologistas” que Capriles ha pretendido reírse del presidente por asumir en su programa de gobierno políticas en defensa del planeta o de la ecología? Por supuesto que sí, pero lo de ellos es engañar a cuantos puedan.

Quizás por eso, el muchacho, porque debió ser un joven, que pegó o amarró con descuido el afiche de marras en el puente, como con la deliberada intención que nadie le viera, sintió vergüenza y no quiso hacerse cómplice absoluto de aquel contrasentido.

Pero cabe preguntarse, porque los honestos están en todos lados:

¿Si se es ecologista de verdad, cómo entender que se apoye a quien no quiere saber nada de eso?

Porque el fulano no entiende; sus limitaciones no le permiten llegar hasta allá y hasta pudiera ser demasiado insensible y egoísta que poco le importan asuntos tan trascendentes y delicados. Todo eso es cierto, pues para él, sólo interesa, como le enseñaron los suyos, que la caja registradora suene; eso de la ecología son pendejadas. Cosas de las que se ocupan poetas, artistas, como decir vagos, tipejos que andan en la luna, quienes viven perdiendo el tiempo. Eso no da real.

Quizás, el muchacho que de mala gana puso el afiche, lo pensó bien y no quiso que nadie pudiera verlo, tan bellamente diseñado, como ligado a una causa injusta.

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