¿Juan M Santos aliado? Si, como no

Lo primero que hay que dejar en claro es que el presidente de Colombia está
en su derecho de recibir a quien le venga en gana en el palacio de Nariño,
sin que absolutamente nadie pueda reprochárselo.

Ahora, todos los demás también tenemos derecho a preguntarnos ¿Por qué un
presidente en funciones recibe a un candidato presidencial del país vecino,
sabiendo que no tiene la más remota posibilidad de obtener el triunfo; que
es enemigo político del presidente a quien define como aliado y amigo y que
para colmo de males participó en un golpe de estado contra éste?

Ya dijimos que tiene el derecho; pero de su acción lo procedente es evaluar
el extraño concepto de amistad que maneja Santos; pues bien sabido es, que
verdaderos amigos de Chávez como Fidel, Raúl, Evo, Cristina, Daniel, Lula,
Lugo, Dilma, Correa jamás le darían espacios a un mequetrefe como Radonski
para que se muestre al mundo como un estadista visitando a líderes y
presidentes latinoamericanos.

Fieles a nuestras convicciones expresamos lo que siempre hemos dicho:
Entendemos que las relaciones bilaterales entre Venezuela y Colombia deben
estar por encima de las ideologías y las posiciones de sus presidentes;
pero conveniente es tener en claro que nadie que haya sido ministro, hombre
de confianza o amigo de Álvaro Uribe Vélez puede inspirar confianza y mucho
menos amistad.

A Santos hay que verlo, por su investidura de hoy, como el presidente de
Colombia; pero por su historia, como el hombre que siempre tendrá el puñal
escondido para intentar el golpe mortal a la menor oportunidad.

Después de lo que ha dicho durante tanto tiempo, después de lo que ha
escrito y después de lo que ha hecho sería ingenuo “tragarse” las loas y
los discursos amistosos de Santos.

Este sujeto no es amigo nadie y no puede inspirar confianza a nadie. Sino
que lo diga el propio Uribe, un narco que llegó a la presidencia de
Colombia de la misma forma que su mentor, Pablo Escobar Gaviria llegó al
senado; Santos lo dejó como un pendejo, cuando mandó a la porra una
política y una estrategia de la que fue defensor, artífice y principal
ejecutor.

Santos sólo baila la música que le conviene y así como siempre fue enemigo
declarado de Venezuela y más tarde enemigo de Chávez (a tal punto que
Uribe llamó a Chávez para informarle que iba a nombrarlo Ministro de
Defensa a pesar de su posición, pero que no se preocupara porque él lo
mantendría bajo control) hoy intenta mostrarse como un supuesto aliado que
trabaja por el fortalecimiento de las relaciones y la hermandad entre los
dos gobiernos y las dos repúblicas.

El mismo Santos que dijo sentirse orgulloso del ataque a territorio
ecuatoriano, que con placer repetiría la acción y que Correa estaba
vinculado a las FARC hoy manifiesta sospechosamente que está orgulloso de
trabajar al lado del presidente ecuatoriano para facilitar el éxito frente
a los desafíos que las dos naciones tienen.

Sobre este personaje el presidente Correa dijo en una oportunidad que era
un mentiroso con un zapato en el cerebro y una piedra en el corazón… no
creemos que esté lejos de la realidad.

Repetimos que Santos está en su derecho a recibir a Radonski cada vez que
quiera, pero estamos claros en que detrás del gesto de recibir al candidato
de la oligarquía venezolana, hay toda una maniobra que bien pudiera ser
aquella que llevó a George W Bush a recibir en la casa blanca a una
descerebrada e inculta María Corina Machado, con el objetivo de levantarle
el puntaje en la política nacional e internacional como posible reemplazo
de Chávez.

Una reunión de Capriles con Obama en plena campaña, lejos de ayudarlo lo
hundiría. Santos, por el contrario, intenta con esta acción, aprovechar el
buen momento político que atraviesa interna e internacionalmente para
promover al majunche… Así de sencillo.
Mosca pues, con tragarse el cuento de la amistad y de la alianza.

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