Cómo se endeudó a Venezuela

En tiempos en que concluía su gobierno Raúl Leoni y Rafael Caldera era candidato a sucederlo, Pedro Tinoco lanzó su candidatura presidencial. Pérez Jiménez le había ofrecido apoyo, algunos banqueros amigos también. Al final debió correr con el único apoyo de alguien que dio unos treinta millones. Gastó en carteles lo que había ganado en una vida trabajando. Ni un tres por ciento de los venezolanos votó por el hombre calvo, metódico y banquero. Entonces habló.

—Venezuela no me quiere —le dijo a los amigos—. Pero no se preocupen, yo sabré enfrentar la situación, porque soy banquero suizo.

Ejercería de ministro de Finanzas de Rafael Caldera, el triunfador en las elecciones. Sus acciones en este período son poco conocidas. Pero, acotemos, se cambian las leyes relativas a endeudamiento firmado con el extranjero por los entes estatales, se altera una ley aquí, un parágrafo allá, emancipando de la revisión previa de la Contraloría General de la República a esos contratos. Que excelente libro haría un historiador que revisara las actas de las discusiones congresiles de esos años, mostrando cómo propusieron, quienes apoyaron.

Carlos Andrés Pérez I: tercermundismo y endeudamiento a la vez

Concluido el tiempo de Caldera, ganó las elecciones Carlos Andrés Pérez. Es una lógica, a la desilusión copeyana responde la ilusión adeca. Hubo muchos viajes en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Y muchos aterrizajes de regreso,  en el aeropuerto de Maiquetía. Torna de giras tercermundistas donde desarrolló relaciones privilegiadas con los gobiernos antinorteamericanos. Hoy está en Indonesia, mañana en Irán, al otro día regresa de un Congreso de los No Alineados donde se dio la mano con Tito. Pero, qué cosa, daba en el aeropuerto una declaración contra el imperialismo y al día siguiente firmaba un contrato de endeudamiento redactado por Pedro Tinoco, quien al salir del cargo de Ministro de Hacienda de Caldera, había ocupado el sillón de número dos de la Organización Cisneros, filial de Rockefeller. Hoy 3.000 millones de dólares; 5.000 millones dentro de dos semanas. Ese dinero no hacía falta. El barril llegó a venderse a 40 dólares de los de entonces, que valían cuatro veces más de los de hoy, o sea que el valor real era de 160 dólares por barril. Este endeudamiento funcionará como un arma contra Venezuela y en ello no hay, por supuesto, gramo de inocencia. Otra cosa, sobre este endeudamiento se está produciendo un magnífico silencio.

Los que saben callar

Si alguien cobró por no denunciar el endeudamiento que contraía Carlos Andrés Pérez es cosa que cabe a cada quien hipotetizar, lo visible es que el endeudamiento no fue denunciado. O casi, un viceministro y economista, Iván Pulido Mora, señaló el proceso, pero sobre su gesto cayó el silencio, un silencio que abarcaba a los políticos y a los eruditos. ¿Se incendió el patriotismo de algún doctor de esos que frecuentan las intimidades del poder, haciéndolo suministrar por la prensa las cifras gravísimas? ¿No supo nada de ello el doctor Uslar Pietri, tan conocedor de todo? ¿Nada Teodoro Petkoff, que aparecerá irónico y crítico bajo el gobierno de Chávez? ¿Nada el doctor José Domingo Maza Zavala, economista metido todo el tiempo en el Banco Central, la casa de todos los secretos? ¿Por qué no habló de que se escapaba la independencia de Venezuela por la cloaca del endeudamiento?

Las potencias también saben callar. ¡Y mire que a nivel de Ministerio de Hacienda y del palacio de Miraflores abundan los espías, por cuyas manos pasan los contratos necesariamente! ¿La URSS no vio este endeudamiento que significaba la victoria de Estados Unidos en el terreno venezolano, que es petróleo largamente peleado? Y no sucedía sólo endeudamiento de Venezuela, era de todo el Tercer Mundo. ¿Le faltaba espacio en algún periódico, o capacidad para informar? Para la China de Mao, o que fue de Mao, rige idéntico razonamiento. Y Francia, ¿no veía aquello? Qué raro. La I del FMI es inicial de Internacional, lo cual significa que Francia, Alemania y otras muchas naciones, eran socias del negocio de préstamos. ¿Al Vaticano no le tocaba denunciar este genocidio contra las ovejas de Dios más pobres? ¿Esta aplicación de la usura, que el propio Cristo condenara? Si nada habló fue por algo. Y esto por supuesto rige para el partido socialcristiano Copei. Y no se diga para los obispos de la Conferencia Episcopal, que tan angustiados por las donaciones a Bolivia se mostrarán a partir de 1999. Definitivamente, en torno al endeudamiento externo del Tercer Mundo hubo un silencio nacional y mundial que evoca la existencia de clanes económicos invisibles que, a excepción de que se peleen, están aliados.

Carlos Andrés Pérez trabajó bien, sobre todo negándole a las empresas públicas el crédito interno barato, lo que las obligó u «obligó» a acudir a los mercados financieros de Miami y Nueva York a endeudarse. Pronto se conocería la cifra: 35.000 millones de dólares. Aquel endeudamiento no se tradujo en ninguna obra útil para Venezuela, pero desde entonces el país pagará entre cinco mil y ocho mil millones de dólares cada año en intereses y el monto principal continuará casi intocado. Pedro Tinoco es el gran manejador de estos contratos. Los redactó, cuidó, demostrando que era banquero suizo, y —lo más importante— los gestionó. Pero hay que ser justos, su trabajo no habría sido posible sin el arreglo de las leyes realizado en el período presidencial de Rafael Caldera. Se le ha escapado a Venezuela el momento histórico en que altos ingresos petroleros y baja población hacían fácil un desarrollo industrial. Está montada la máquina para una gran crisis. Vienen las elecciones, triunfa Luis Herrera Campins. Venezuela no sabe que está endeudada, conocerá esa realidad en 1989.

Luis Herrera Campíns

«Recibo un país hipotecado» es el titular a ocho columnas que encabeza la primera página de El Nacional que recoge la transmisión de la banda presidencial de Carlos Andrés Pérez a Herrera Campíns. La frase está entre comillas, la pronunció el presidente entrante, a quien se aprecia de pie, leyendo el discurso. A su derecha, sentado, le escucha Pérez con el rostro que parece desencajado por la demasiado pública y demasiado verdadera acusación. No sería para menos, Venezuela ha sido colocada en una situación disminuida por el endeudamiento, su independencia es inferior a la que ejercía cuando Pérez entró a ejercer la presidencia.

El retrato es grande, tal vez titular y retrato han sido decididos por el dueño del periódico, Miguel Otero Silva, intelectual capaz de comprender la gravedad del momento. Pero suponer a Pérez violentado por aquella situación quizá sea una fantasía interpretativa, quizá detrás de la honda seriedad con que escucha hay satisfacción, inclusive orgullo del deber cumplido. El endeudamiento es una piedra que ha colocado en el camino que, sabe, intentará Luis Herrera. No hay ninguna razón para dudar de la sinceridad de Herrera en su aversión al endeudamiento, pero al final de su mandato entregará el país más endeudado aún.

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