Opinión, Historia, Arte i Medicina

El rostro del Libertador i las causas de su muerte (Parte XII)


“Sólo el que manda con amor

es servido con fidelidad”

Quevedo

“Los mediocres son audaces en la

traición y tímidos en la lealtad”

José Ingenieros

Cuando pensaba había concluido estas consideraciones i reflexiones sobre el rostro del Libertador i las causas de su muerte, siempre recordé ciertos puntos que quedaron pendientes de aclarar, a lo que se suma el aviso que hizo mi amigo intelectual i economista Prieto Oberto –actualmente cursa en la universidad dos doctorados− respecto a un personaje entrevistado en Telesur, hablando de la causa de la muerte de Bolívar por envenenamiento arsenical. Aunque he buscado repetidas veces esa noticia o entrevista, no la he podido conseguir, ni siguiera anotando el deseo en el buscador automático. Mas, no quiero dejar fallo el propósito de aclarar el diagnóstico médico más probable o realmente probado, de tisis pulmonar para la época i tuberculosis pulmonar por el bacilo de Kock, para nuestros tiempos. Si hai quienes disienten, pues los invito a razonar, no simplemente a opinar sin fundamentos admisibles. Si pocos opinaron alguna vez, como mi distinguido maestro Ordóñez Marín, que en las cataplasmas lumbares que ponía Revered a su genial paciente, había algún compuesto arsenical que contribuyó a la lesión de sus riñones, lo principal en ellas era la cantaridina, que es un compuesto obtenido de insectos i que no tienen arsenicales. Los que tienen mínimas trazas de arsénico en sus tejidos, son ciertos mamíferos, siempre en piel.

Por otra parte, el reclamo del francés Phillippe Froesch para artista Omar Cruz por haber “utilizado sin su permiso” el rostro del Libertador que, con los materiales aportados por los científicos, “armó el rompecabezas” del posible rostro, con un 96% de aproximación (en artículos anteriores salió erradamente que era en un 90% por error de dedo), ya lo traté en artículo aparte; pero ahora insisto en que el Gobierno Nacional debe aclararle al experto, que su pretensión no es correcta ni legal.

Antes quiero, expresar algunas anécdotas, respecto a lo importante del diagnóstico, con la aproximación intuitiva al hombre enfermo. Recordaba, entonces una anécdota de Thomas Sydenham, llamado algunas veces el Hipócrates inglés que vivió entre 1624 i 1689, en la etapa de “pura observación clínica a la cabecera del enfermo” i me hace recordar también otra anécdota de mi amigo Américo Negrette, respecto a los enfermos de Corea de Huntington.

De las de Sydenham, la más conocida es la respuesta que dio a R. Blackmore, cuando le pedía consejos para ser un buen médico: “Lea el Quijote, es un libro muy bueno que yo no me canso de leer”. Particularmente, me trae a la memoria la frase de Osler, otro médico que decía: “Para ser un buen médico, primero se necesita ser un buen hombre”, i cómo Sancho pudo vencer o superar una paradoja, siguiendo los consejos del Caballero de la Triste Figura. La otra anécdota de Sydenham fue la respuesta que dio a Sir Hans Sloane, cuando se presentó recién graduado con una carta de presentación que indicaba su buena preparación botánica i anatómica. “Todo esto está muy bien pero es inútil: conozco a una anciana en Couvent Garden que sabe mucha botánica y mi carnicero sin ser anatomista diseca una articulación a la perfección. No joven, todo esto son pamplinas, vaya al lecho del paciente si quiere conocer las enfermedades”. Obviamente fueron otros tiempos, pero la clínica siempre fue la mejor orientación, como en pintura me decía el maestro Vitaliano Rossi, “el mejor maestro es el natural”. Lo que de seguido me hace recordar la valentía i el pensar como clínico de Américo Negrette, quien luego de publicar su excelente libro sobre la Corea o Mal de San Vito, al final puso, Bibliografía: mis enfermos.

Paso entonces, a considerar o reflexionar la tesis no probada de que el Libertador Simón Bolívar, murió envenenado con arsénico, i quisiera saber, ahora que hemos estudiado i revisado sus restos, en qué fundamentan el envenenamiento, por una substancia que si bien era conocida desde la antigüedad Dioscórides, botánico, médico i farmaceuta de Grecia, nacido alrededor del 40 a.C. Las características químicas del arsénico i sus derivados, pueden consultarse en muchos libros de química, i por cierto recordemos que una de las especialidades de Vargas, que dictó clases i escribió un libro, fue la química i debía estar al tanto de que signos había en una persona envenenada con este fármaco, pues si la forma inorgánica es muí tóxica, la inorgánica permite emplearlo en ciertos medicamentos. Pensemos también que la primera Farmacia o Botica que hubo en Caracas, según el médico e historiador Ambrosio Pereda, fue allá por el 1627 creo, i que Santa Marta en aquellos tiempos era un pueblo o aldea, donde no había farmacia, sino que Reverend como médico, tenía medicamentos en los depósitos de la Aduana. La forma o una de las formas más conocidas entonces, era el Verde París, que por ser un pigmento muí brillante (el As es metaloide) se usaba en pinturas que luego intoxicaban a quienes trataban con ese color. Empero, había un derivado inorgánico que era un polvo soluble en agua, sin color, i que podría ser utilizado para contaminar alimentos. Sin embargo a una persona que le pongan este veneno en las comidas para envenenamiento crónico, lo ingiere por vía digestiva, pero se expulsa en las heces, el riñón, piel, cabellos, sudor, bilis, saliva i lo y dicho por el intestino, se i deposita por tiempo no muí largo, en uñas i pelos, pero no en huesos. Una de sus manifestaciones clínicas, es la polineuritis, i la queratosis o hiperqueratosis, i, Reverend primero, i Vargas 12 años después, no encontraron nada sospechoso de envenenamiento, menos ahora, con casi dos siglos encima. Además, no sé si para aquellos años, en Santa Marta, se podía conseguir, arsénico blanco o si ya era conocido. En Marañón, conseguimos que habla de intoxicación aguda i crónica, pero ya mencionando derivados arsenicales aparecidos después, como el salvarsán, que a veces da exantema e ictericia por hepatosis degenerativa. Ya sabemos que este producto no se usaba entonces, pero en la intoxicación crónica, o envenenamiento por aumento de la dosis, lo típico dice es la polineuritis, la hinchazón de párpados i la hiperqueratosis, nada de lo que padeció el Libertador. El arsénico era sí, el arma homicida de muchos envenenamientos antiguos en Europa, i hasta casi nuestros día, un producto que creo empleó en sus novelas de misterio Ágatha Christie, o en películas como Arsénico y Encaje Antiguo, con Gary Grant, i hasta en algún cuento J.Cortázar. ¿Cuál sintomatología de envenenamiento tuvo Simón Bolívar? ¿Qué experticia o investigación ha aportado aunque sea una mínima o tenue pseudo prueba? ¿Qué consiguieron en las investigaciones actuales?

Que al Libertador, como hombre que se impuso a los atropellos, al robo, al saqueo de todos los recursos i riquezas de su tierra, al genocidio de sus habitantes indígenas por parte del Imperio Español, estaba más que comprobada la intención, el deseo febril e infernal de matarlo. No es el momento de narrar esos atentados que le hicieron, a pesar de la población tan distinta en cantidad a la de hoi, en varias oportunidades. A Fidel Castro, el Imperio del Norte, le ha hecho más de 600 atentados fuertes o graves i a nuestro presidente, la lista ya ha empezado a crecer, porque las mediocridades que anhelan el poder sin méritos, como dijo Ingenieros, la traición los hace audaces hasta para hundir la patria, i tímidos en la lealtad cuando conspiran contra el gobierno i la felicidad del pueblo. Vean el ejemplo en dos paranoicos de ojos desorbitados, como no se conforman con atentar contra un hombre, sino que lacayos de un imperio, conspirar i desean asesinar a todo un pueblo. A Bolívar los dos últimos atentados fueron, en lo físico el agravamiento de la enfermedad que lo puso al borde del sepulcro; en lo moral o espiritual, el asesinado del Mariscar de Ayacucho. Sabían que moriría bien pronto por lo no habían necesidad de atentar, i con el dolor de ver destruida la obra a la cual consagró su vida i la pena íntima de ver mancillada su reptación ¡Para mí lo más sagrado! dijo repetidas veces. El arsénico, pues, estaba demás. ¡La gloria está en ser grande y en ser útil!


Roberto Jiménez Maggiolo

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