Pildoritas 73 (año V)

El ingreso de Venezuela al MERCOSUR, como consecuencia del golpe senatorial en Paraguay, que hace válido aquello de que “no hay mal que por bien no venga”, no sólo es una respuesta y duro contragolpe para la derecha de ese país que queda aislado, sino que también lo es para la derecha venezolana que en una demostración de su anti patriotismo tuvo mucho que ver para que por más de 10 años se impidiera a nuestra patria ingresar como miembro pleno, tal circunstancia sucede en plena campaña electoral lo que tiene una connotación especial, pues deja de nuevo a esta derecha de nuevo cuño pero con la misma calaña de la de siempre, sin una de sus caretas, que por no contradecirse prefiere callar, pero en cuanto al majunche candidato habría que agregarle que es tal su ignorancia que no aguataría preguntas concretas sobre el tema y sobre los pro y los contra, si hubiese estos últimos.

Esta afirmación es válida porque el abanderado imperial se ha destacado precisamente por la superficialidad de su discurso y su demostrada incapacidad en temas de altura en aspectos económicos, sociales, culturales,etc., pero además porque su pobre gestión como gobernante en Miranda es la más palpable prueba de ello.

Imaginemos por un momento a CAPriles en foros internacionales, por ejemplo el que en estos días, marcando historia, se realiza en Rio de Janeiro para el ingreso pleno de Venezuela al MERCOSUR, intentando manejar con alguna propiedad temas de importancia regional; la única manera en que podría hacerlo sería intentando leer lo que asesores descontinuados como Teochoro Petkof le escribieran y dejaría muy mal parado al país si por alguna circunstancia tuviese que participar en reuniones en las que por obligación tuviese que intervenir sobre algún tema que toque algún interés de nuestra patria, su incapacidad más que demostrada le haría parecerse a cucaracha en baile de gallinas, sin saber qué hacer o para donde coger y más si tuviese que interactuar con Jefes de Estado de verdad, brillantes, por bien escogidos, con criterio propio y argumentos contundentes, aun sin poseer un supuesto curriculum académico, como es el caso del admirado Evo, y no se diga del gran Lula o Mujica que sin ser profesionales universitarios, han demostrado sobrada capacidad como estadistas, ni mencionar a Correa, el mismo Santos entre muchos, el nuestro sería pues como una tecla dañada de un piano que se supone debe operar armoniosamente, o como un desadaptado que se destacaría por desentonar con la mayoría, Dios libre pues a este país de tener que pasar por una vergüenza tal que nos convertiría en el hazmerreir del globo entero y más después de la destacadísima actuación a la que siempre nos tiene acostumbrados el Presidente Chávez.

Claro que si de algo estamos ciertos es que eso no va a suceder, pues ello es sólo producto de la imaginación y de la realidad que cualquier opinador medianamente razonable puede apreciar, pues es tan vasta la sucesiva metedera de pata del aspirante a la derrota, que opinar en contrario es imposible, aunque hay quienes intentan edulcorar de alguna manera, la acidez y la ignorancia plenamente demostrada por este candidato, sin temor a equivocarse lo peorcito de que se tengan noticias en nuestra historia republicana, aun incluyendo unos cuantos de los llamados candidatos folclóricos y claro sin olvidarse del filósofo prófugo, que nunca faltan y a este le falta muy poco para superarlos, si no recuerden lo de la barriga al aire, lo de “chocolatico nuevo”, la hediondez europea, los huevos caros, lo de “no soy reina de carnaval para andar en carroza”, y al poco se le ve montado en una, lo del un sombrero colombiano en pleno llano, o de una indumentaria femenina en la cabeza en territorio indígena, “tengo la idea de buscar ideas”, un telescopio en lugar de un periscopio en los submarinos y paremos de contar, sin pensar lo que falta hasta que finalice esta atípica campaña, en la que prácticamente no tenemos contendor, cosa que debemos obviar porque bien sabemos que estamos obligados a registrar para la Revolución la mayor cifra de votos jamás lograda.

Olvidemos la pobreza intelectual, histriónica, de lenguaje, etc., del majunche y trabajemos como si el contrincante calificara.

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