El Bolívar que sé

Ver al Padre Bolívar a los ojos, escudriñar en sus sentimientos, sus pensamientos, sus deseos, sus frustraciones, sus alegrías, sus tristezas; ver cada surco de esa piel azotada por el calor de nuestros llanos y por el frío andino; saberlo sobre su caballo, con su cuerpo maltratado por tantas admirables campañas. Piel herida, piel besada, piel sudada. Piel humana.

Tener la oportunidad de ver a nuestro Bolívar no como un pensamiento muerto ni como un santo para prenderle una vela como lo cantó  Alí Primera sino como un hermano, como un venezolano más, es un gigantesco paso en el reencantamiento de nuestra más intima y subjetiva identidad nacional, en la reconstrucción de una estética que en su acepción más amplia aporte a la profundización de la Independencia por la que vive y lucha. En este proceso, desmontar su imagen intencionalmente 'blanqueada' por los intereses de una clase que lo mantuvo históricamente de espaldas a su Pueblo llano, es un inmenso paso en el proceso de reapropiación de nuestros valores fundamentales, que en la medida en que le resta en divinidad, le multiplica en proximidad, esa proximidad que no perdió en vida pero le fue arrebatada por quienes minaron el sentido republicano nacional, en la misma jugada tan magistral como nefasta en que se procuró vaciar de contenido antiimperialista a su pensamiento y acción. Un Bolívar que para la inmensa mayoría fue limitado a recitador de frases sueltas llamadas “pensamientos”; a estático objeto decorativo en forma de estatua o pintura; a común denominador de calles, plazas, puentes y demás obras de infraestructura; a ser recordado cuando el calendario lo obligara. Hoy ese Bolívar se ha revelado, ha despertado de la mano del Pueblo como anunció Neruda, sólo que esta vez no esperará otros 100 años para despertar: ya no dormirá nunca más.

Sé que este Simón que también nos vio a los ojos, vive más que nunca en su Pueblo, en cada escalofrío sentido, en cada emocionada lágrima, en cada sonrisa de complicidad al verlo humano, popular, nuestro. También sé que este cumpleaños 229 lo pasó con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Lo sé.

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