TV Foro y la economía del bien común

TV Foro es un programa televisivo de análisis y reflexión conducido por William Castillo, y que por lo general transmiten los domingos por la noche por la Televisora Venezolana Social, Tves. Temas de gran interés como la Doctrina del Shock, la crisis capitalista o el consumismo, son discutidos en una mesa redonda cuyo blanco luminoso contrasta bien con el negro y azul marino predominante en el estudio. Cuando los invitados son dos o tres, el moderador busca por lo general plantear preguntas sugestivas, problematizadoras, para así generar una dinámica enriquecedora y complementaria sobre el tema en discusión.

A veces también hay un único invitado, como en esta oportunidad, en la que el foro contó con la participación del economista Víctor Álvarez. Con la pregunta “¿Es posible otra economía?”, Castillo creaba la expectativa sobre un tema tan neurálgico en nuestro actual contexto mundial, que no es sólo de crisis económica sino de una preocupante crisis ecológica que, ante los desafíos que presenta para la especie humana, ha dado lugar a una serie de movimientos sociales, corrientes de pensamiento, debates y propuestas orientados a la creación de una nueva economía, una economía diferente, muchas veces ligada a modos de vida sustancialmente distintos del predominante en nuestras sociedades capitalistas.

Castillo orientó la discusión desde el principio, pensamos que pertinentemente, en la dirección de dos realidades fundamentales: la economía capitalista que predomina en Venezuela ―con sus particularidades―, y la importancia de impulsar un cambio cultural sin el cual sería impensable la cristalización de nuevas formas de relaciones de producción. Asimismo, en esos momentos previos a la entrada en materia, el moderador mostró a la audiencia dos obras del autor, donde se caracteriza la economía venezolana de forma crítica y que incluye propuestas concretas para avanzar hacia lo que Álvarez denomina la “Industrialización socialista”.

Si bien eran necesarias unas reflexiones previas que enmarcaran la problemática económica venezolana, el invitado pareció evadir en principio el tema sobre la necesidad del cambio cultural en la sociedad venezolana, evidente preocupación central de Castillo, quien viene trabajando temáticas relacionadas con aspectos culturales e ideológicos que apuntan a destacar la importancia que los factores subjetivos, los sistemas de valores y creencias, tienen en todo proceso de emancipación y cambio social, político y cultural. De esta manera, la alusión a la economía rentista y las consecuencias que esta ha traído en el modo de vida del venezolano, problema histórico, recordaba las reflexiones de gente como el Pérez Alfonzo de Hundiéndonos en el excremento del diablo quien, con esta ilustrativa y oscura metáfora, se refería a los efectos que la economía marcada por la explotación del hidrocarburo estaba generando en la sociedad venezolana.

El moderador le pregunta a Álvarez sobre cómo afrontar la cultura producida históricamente por la economía rentista, con lo cual alude al consumismo y en general al vicio que hace pensar que todo se puede conseguir rápido, fácil y sin mayor esfuerzo. El invitado tenia y debía comenzar, naturalmente, haciendo alusión al contexto regional y mundial en el cual se insertaba la economía venezolana, paso previo necesario para comprender que nuestra condición subalterna-periférica, nuestra ubicación en el marco de la gran división internacional el trabajo, hizo de nosotros una clásica economía de puerto, productora y exportadora de materias primas y al mismo tiempo importadora de la mayoría de los productos que consume.

Ciertamente, el tema es sumamente complejo en la medida en que el gobierno bolivariano ha venido impulsando y defendiendo la idea de formas de propiedad sobre los medios de producción distintas a la propiedad privada y, por tanto, otros modos de producción que serían propios de la sociedad socialista que, como utopía concreta, se ha planteado como objetivo la Revolución bolivariana. Pero también es complejo porque nuestro país, aún hoy, no ha podido superar el consuetudinario carácter rentista de su economía, por lo que la diversificación de la estructura económica, el desafío de lograr producir en nuestro país lo que consumimos, lo que es hablar de industrialización, ha constituido un viejo reto desde hace décadas. Es decir, es necesario producir lo que nos comemos y usamos, y al mismo tiempo hacerlo desde otra perspectiva, desde otras relaciones de producción.

Recordemos aquí que hay corrientes de pensamiento que defienden la idea de industrialización a ultranza desde el ángulo capitalista, con la convicción de que una vez montado el parque industrial, quedaría solo lograr la gran toma del poder por parte del proletariado.

Álvarez, recordó en su intervención que en épocas de la Cuarta República se hizo un intento de superar el carácter rentista de la economía, con la implementación del modelo de sustitución de importaciones ―proceso de industrialización―, el cual tuvo desde el comienzo, tal como lo explica Álvarez en su libro Claves para la industrialización socialista, más que un interés en lograr la soberanía productiva por medio de la conformación de un sólido mercado interno orientado a la satisfacción de las necesidades de las mayorías, el interés político-ideológico de presentar tal proceso como la principal bandera de la sociedad progresista y moderna que construiría la nueva clase política surgida del Pacto de Punto Fijo. En su libro, el autor hace una diferenciación entre el “modelo” de sustitución de importaciones y su implementación en contextos concretos, en este caso el venezolano.

 El hecho es que ese modelo fracasó, y el invitado de TV Foro lo explicó en términos sencillos, destacando como la dirigencia de la Cuarta República, que en un período determinado recibiría un verdadero chorro de petrodólares, utilizó la ingente riqueza para financiar la ineficiencia de un sector industrial que, en extremo sobreprotegido por todas las medidas que pueden utilizarse para tal fin, se convirtió en una clase industrial consentida que, en vez de producir con calidad y a bajo costo, logrando así adquirir los niveles de competitividad que exigía el mercado, sobrevino una situación en la que los productos importados resultaban mejores y más baratos que los producidos en el país; la problemática es analizada detalladamente por Álvarez en su obra, explicando las razones por las que siempre ha sido tan atractivo en Venezuela el negocio importador.

Sin embargo, el tema sugerido por Castillo desde el principio parecía quedar relegado: el tema de la cultura rentista y como superarla. Es verdad que la explicación del autor estuvo orientada a expresar que ya en el pasado se hicieron intentos por superar el carácter rentista de la economía, aunque esto no signifique en sí mismo la superación de esa embriaguez de facilismo que es la cultura rentista. Para Álvarez, es necesario construir un modelo “que respete al consumidor y al trabajador”, siendo este un modelo de economía social sustentable donde los trabajadores serían co-propietarios de la empresa, de la industria, y donde la producción se orientaría a la satisfacción de las necesidades de los trabajadores y de la comunidad. Este tipo de propuesta, con todos los matices y variantes que pueda haber, nos parece que son el camino por el que hay que transitar. Sin embargo, los problemas, como sabemos, no están en la concepción y formulación de proyectos, cuando estos son realmente pertinentes, revolucionarios y creativos. El tema-problema central, o complementario, cuando no es de voluntad política, parece ser ético-político, ideológico-cultural, de valores y creencias, de patrones implantados cuya esencia parece que  llevamos en la sangre.

O es que ¿No tendríamos que preguntarnos por la ética dominante en ese sector industrial que fue sobreprotegido en la Cuarta República? Porque el excesivo sobre-proteccionismo impulsado desde el Estado fue una causa importante de la ineficiencia en que degeneró esa burguesía, pero también en esta hay una importante cuota de responsabilidad; claro, si el muchacho es llorón y la mamá lo pellizca… Sí soy, naturalmente, un empresario que quiere ganancias, con afán de lucro, y luego el Estado me quita la competencia, lo cual es, en una economía capitalista normal, el impulso a la calidad y la innovación ¿Que puede pasar? Desenlace natural, pues.

A lo largo del programa, Castillo colocó fragmentos de documentales sobre el tema en discusión. Uno de ellos fue el didáctico trabajo de Anny Leonard sobre la “Economía de los materiales”, que expresa lo aberrado y derrochador del actual sistema. El otro, un material donde se trata la propuesta del economista austriaco Cristian Felberg, sobre la “Economía del bien común”, que parte de la crítica a lo que este autor considera los dos pilares de la economía imperante: el afán de lucro y la competencia. A partir de aquí, la idea consiste en reorientar los incentivos hacia este nuevo tipo de economía. Para ello, el movimiento plantea un criterio denominado “Balance de bien común”, que serviría tanto para el consumo como para otorgar incentivos. Desde este ángulo, la gente adquiriría los productos en función del grado de bien común que estos han producido, y el Estado y demás instituciones incentivarían a las unidades económicas de acuerdo al mismo baremo.

Felberg, hace la crítica de los indicadores que la racionalidad económica imperante ha utilizado para medir el desempeño de una economía dada, como lo es el PIB (Producto Interno Bruto), y que a pesar de ser un “número”, que algo dice ¿No?, está lejos de poder expresar el grado de bienestar o felicidad de una población determinada. Un pasaje del documental Zeitgeist Moving Forward, da por cierto un ilustrativo ejemplo de lo que esto significa, cuando afirman que en año reciente, el sector salud de Estados Unidos había aportado el 17% al crecimiento del PIB, lo cual pareciera reflejar mucha pujanza y progresismo. Pero sucede que esto significa que mucha gente se enfermó ese año y tuvo que gastar su dinero en instituciones de salud privadas, lo cual por supuesto generó ganancias a estas que se reflejaron en el indicador llamado Producto Interno Bruto. ¿Qué nos dice este ejemplo? Que una sociedad puede estar enferma pero su PIB, sin embargo, puede mostrarse muy saludable. A propósito del tema que discutimos, el Movimiento Zeitgeist propone como solución al colosal descalabro de la economía actual, la llamada “Economía basada en recursos”.

Pensamos que la propuesta de Felberg, la “Economía del bien común”, es una propuesta enmarcada dentro de la construcción del socialismo como nuevo modo de vida y forma de organización. El problema, es que el noble planteamiento parece chocar con el sistema de valores y creencias dominante. Porque, salvo que un grupo experimental viaje campo adentro, y una vez ahí, lejos del artificio moderno de la ciudad, lejos de sus universidades y de sus medios de comunicación, de su furia constructora, impulse procesos económicos alternativos que beneficien a todos por igual, difícilmente puedan alguna vez tener éxito sostenible propuestas como la de Felberg. Otra cosa sería si se impulsara una real y profunda transformación de las instituciones que inciden en nuestra manera de ver y entender el mundo, que es el otro desafío pendiente.

No obstante este importante debate, para Álvarez es importante que el nuevo modelo productivo se oriente en la producción de los bienes esenciales para la vida, y como esto último hay que tenerlo bastante claro, Castillo repicó de inmediato inquiriendo sobre cuáles deberían ser esos productos, a lo que el invitado respondió acertadamente, enumerando la comida, la bebida, el techo y la ropa como bienes esenciales a producir. El problema es que esto es perfectamente factible en el marco de relaciones de producción capitalistas, por lo que Álvarez enfatizó la idea de la necesidad de preparación, tanto de los trabajadores para que aprendan a ser co-propietarios, como de los patronos para que “acepten” también el cambio en su relación con los productores.

Vuelve a saltar a la vista el tema del cambio cultural y Castillo lo reitera. Álvarez, finalmente dice que ese es el cambio más difícil, el gran desafío. Combatir la cultura rentista, esa tendencia a que florezca en nosotros, en medio de la abundancia, esa suerte de mentalidad saudita, parece constituir un formidable obstáculo en el propósito de construir modos de producción que se salgan de la gramática moderna-capitalista.

¿Hundiéndonos en el excremento del diablo? Muchos pensadores, mucha gente, clase trabajadora, clase media, nuevas clases emergentes, desempleados, funcionarios; hasta se conformarían con un capitalismo que funcionara mejor, pero esto sería retroceder en las expectativas, y ahí si es verdad que terminaría el sueño de una eventual “Economía del bien común”.

Así transcurrió la última edición de Tv Foro, un programa donde se vienen haciendo esfuerzos interesantes que demuestran, como en el caso de la discusión nuevo modelo productivo – cultura rentista, lo fructífero que puede ser el estudio conjunto de la economía política y los aspectos culturales, tradicionalmente separados por la división intelectual del saber.

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