La salud recuperable del presidente i la salud mental irrecuperable de la oposición estúpida

“La salud es un bien; la enfermedad

  es un mal. Falso. Usar bien de la salud

  es un bien; usar mal, es un mal; usar

  bien de la enfermedad, es un bien; usar

  mal, es un mal”

 Epicteto

*

      Ver con qué soberbia estupidez toman en el país, los escuálidos, este otro momento superable de la enfermedad del presidente, es refutable hasta con humor del bueno, como lo hace mi tocayo Roberto Malaver, que se hace buena ver, cuando tomando aparentemente la posición de la oposición crítica, les recalca las estupideces de manera genial, hasta haciéndonos sonreír. Pero la estupidez i el contento también es en el exterior “civilizado”, como señala mi amigo Yldefonso Finol, pues enseguida los medios de comunicación de los países conservadores, fascistas i lacayos del imperio, se hacen eco de noticias tergiversadas i exageradas.

      Quien escribe, doctor en medicina i filósofo de  formación universitaria, ha transitado como paciente, lo que está viviendo el primer presidente demócrata de Venezuela en la era republicana, Comandante Bolivariano, Hugo Chávez Frías. Todos los otros  −desde Páez hasta Caldera− fueron dictadores o títeres del imperio con excepciones como las de Isaías Medina Angarita, Rómulo Gallegos i en el pasado, Cipriano Castro, todos derribados por el Imperio Maldito del Norte, cuando les tocaron sus intereses, especialmente energéticos.

     Hace unos cuatro o cinco años (o más, hasta olvidé las fechas), luego de exámenes bien realizados, se me diagnosticó un cáncer del colon, i lo tomé con la misma calma i entereza con lo cual lo hizo Chávez en Cuba. Se preparó la intervención i se me dijo que el éxito era tal, con la total eliminación del tumor, que no se me hizo ningún tratamiento posterior. Como a los dos años, reaparecieron signos i síntomas que hicieron sospechar otra vez el proceso de enfermedad, por lo cual se repitió la misma rutina anterior i se proyectó la segunda intervención; después si se me hizo quimio terapia i radioterapia, i aquí estoi, aunque mui consciente de que todos debemos pensar que somos mortales. Todo esto a una edad mucho más avanzada que la de mi presidente, i con una contextura física mui distinta o menor. El presidente, además de una inteligencia que tiene locos a las mediocridades que lo adversan, es de contextura atlética, la disciplina de un soldado i la fortaleza espiritual de un líder, como pocos aparecen en la vida de los pueblos. Por eso creo que esta segunda situación de salud alterada, era de esperarse; pero los controles que uno se hace, prevé la aparición en dos de los sitios metastásicos más frecuentes que son, en primer lugar el hígado, i segundo, huesos pelvianos. El presidente, con la sinceridad i claridad que siempre ha tenido con su pueblo, ha desmentido que tenga metástasis o su estado de salud general lo tenemos a la vista dos los días: trabajando, estudiando, leyendo, inspeccionando misiones, reuniones de gabinete i hasta cantando junto a Cristóbal  Jiménez, Reyna Lucero o Lía Vera, recitando, bailando, tocando instrumentos, etc., i divirtiéndose sanamente con la inmensa muchedumbre que lo rodea en todos los sitios de Venezuela i en todos los países i grandes ciudades del exterior. Un fenómeno único. Jamás, ningún presidente de este país, lo ha conocido mejor i lo ha pisado en todos sus rincones, mientras que los títeres o los candidatos de medio pelo que le han hecho oposición, solamente conocen uno que otro estado del país i menosprecian al pueblo, a la turba, a los pata en el suelo, que a veces invocan como “nuestro pueblo”. Dentro de pocos días, al Comandante revolucionario i Bolivariano, ciento por ciento, lo tendremos en su puesto, camino a la Batalla de Carabobo del 7 de octubre, así extranjeros, también de medio pelo, como Heinz Dieterich, ya se preguntan quién va a tomar las riendas del país.

                Por eso, la enfermedad del presidente es curable i la salud recuperable; lo que seguirá de mal en peor –releamos el pensamiento de Epicteto− es la salud mental de los que tienen por cuerpo calloso en el cerebro, es un escíbalo de odio dogmático i hasta religioso, perenne o irrecuperable.

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Roberto Jiménez Maggiolo


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