La CELAC y su importancia

 El 2 y 3 de diciembre de 2011 se efectuará en Caracas la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y la III Cumbre de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CALC). Este nuevo encuentro será el contexto que afianzará la fundación de la CELAC, constituida en Riviera Maya, Quintana Roo (México) el 23 de febrero de 2010 en el marco de la II Cumbre de la CALC, dada a conocer con el nombre de Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe. 

Al respecto, cabe recordar que la CELAC se gestó a partir de la Primera Cumbre de la CALC sobre Integración y Desarrollo -promovida por el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva- la cual se llevó a cabo los días 16 y 17 de diciembre de 2008 en la ciudad de Salvador Bahía (Brasil), con el propósito de “profundizar la integración regional y establecer compromisos efectivos de acción conjunta para la promoción del desarrollo sostenible de sus pueblos”. Sin embargo, fue en la Cumbre de la Unidad, efectuada en simultaneidad con la XXI Cumbre del Grupo de Río, cuando se planteó la necesidad de crear un organismo regional para tratar asuntos comunes, fortalecer la integración económica-comercial y servir de espacio para la resolución de conflictos.  

La CELAC es de gran importancia geopolítica para Venezuela –en esta oportunidad como sociedad anfitriona- y para los 33 países que la integrarán: Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela. 

Su importancia radica en que se trata de una apuesta por la unidad entre sociedades hermanadas bajo una historia de luchas independentistas, la pertenencia a un continente inmensamente rico en diversidad cultural, acervo político, recursos naturales e integrada por una población mayoritariamente joven. Igualmente, es importante en términos de los grandes desafíos porque reunirá a países con profundas heterogeneidades de carácter estructural (rezago tecnológico, dependencia financiera, aparatos productivos dependientes del Estado o capital trasnacional, brecha digital, pobreza, desigualdades sociales y desigualdades en oportunidades para la ciudadanía), así como también sociedades diferentes entre sí por sus asimetrías económicas y déficits democráticos en cuanto a inclusión social y política.  

También es importante debido a que en su seno convergerán mecanismos de integración disímiles en antigüedad, experiencia y en algunos casos antagónicos. Por un lado, se encuentran las experiencias de integración que se remontan a los años del primer regionalismo desarrollista impulsado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), a saber: la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI, que en los años sesenta fue la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), la Comunidad Andina (CAN, anteriormente Grupo Andino), el Sistema de Integración Centroamericano (SICA, originado a partir de la Organización de los Estados Centroamericanos y el Mercado Común Centroamericano) y la Comunidad del Caribe (CARICOM, fundado en 1973).  

Otra clasificación puede darse a partir de la oleada de integración en el marco del regionalismo abierto bajo el neoliberalismo. Entre estas experiencias se encuentran los países reunidos en la ALADI (Tratado de Montevideo en 1980), CAN (Protocolo Modificatorio de Quito de 1987), SICA (Protocolo de Tegucigalpa de 1991) y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR, Tratado de Asunción de 1991). Asimismo, junto a la CAN, el MERCOSUR y el SICA se desarrollan otras formas afines que fundamentadas en la estrategia estadounidense, luego de la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), le ha permitido a Estados Unidos negociar Tratados de Libre Comercio (TLC´s) con Colombia, Perú, México, Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR).   

Una cuarta clasificación de países da cuenta de iniciativas con menor antigüedad y trayectoria integracionista que si bien surgen alentadas por la aparición de nuevos actores políticos y algunos movimientos sociales, sus desarrollos teóricos, prácticos e institucionales continúan en fase de gestación. Forman parte de este segmento la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), constituidas en 2004 y 2008 respectivamente. En ambos casos participan países que tienen presencia en experiencias de integración anteriormente señaladas, es decir, ALADI, CAN, MERCOSUR, SICA, CARICOM y TLC´s firmados con Estados Unidos, China e Israel. Pero además la mayoría de los países que constituirán a la CELAC forman parte de la Organización de Estados Americanos (OEA, creada en 1948 y vigente desde 1951) y del mecanismo de consulta y concertación política Grupo de Río fundado en 1986, cuyo antecedente es el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo a Contadora, conformados en 1983 y 1985 respectivamente.  

De esta manera se observa que la pléyade de representantes de las naciones que visitan a Venezuela con motivo de la CELAC tiene una amplísima trayectoria en el impulso de iniciativas integracionistas de distinto cuño, basta para ello efectuar un breve recuento de las experiencias desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del siglo XXI para apreciar la variedad de organismos constituidos. La experiencia acumulada muestra un saldo compartido entre importantes logros, fracasos e intentos truncados, siendo éstos últimos provocados por limitaciones internas en los liderazgos políticos de turno y las élites económicas o causadas a raíz de la injerencia externa, principalmente de Estados Unidos de América.    

Los representantes de los países que integran la CELAC tienen delante de sí un gran desafío frente a sus pueblos, y uno de ellos es crear las condiciones reales que permitan materializar en proyectos y acciones concretas cada uno de los compromisos suscritos en las Declaraciones de Salvador de Bahía (2008) y Cancún (2010), así como en el Plan de Acción de Montego Bay (2010-2011) y el Programa de Trabajo de Caracas (2010). Entre los desafíos a mediano plazo se mencionan los siguientes:  

  1. Crear un diseño político-institucional flexible que sin generar una burocracia excesiva permita garantizar la materialización de los compromisos adquiridos hasta el momento.
  2. Promover un liderazgo compartido entre los representantes de los países miembros a fin de evitar el personalismo político y la vulnerabilidad institucional frente a las amenazas internas, los cambios gubernamentales  y la injerencia externa que como siempre estará al acecho.
  3. Generar un marco legal vinculante para todos los países con el propósito de ofrecer a la CELAC bases institucionales perdurables.
  4. Definir mecanismos e instancias de participación para las organizaciones sociales y movimientos populares de América Latina y el Caribe. En esta dimensión social es necesario considerar las fortalezas y debilidades del ALBA, MERCOSUR, UNASUR, CARICOM y la CAN.
  5. Estructurar un plan de trabajo de conocimiento público que permita realizar un seguimiento (contraloría social) a los avances, logros y reveses bajo la modalidad de un observatorio sobre la CELAC.
  6. Afianzar el compromiso político con los más pobres del continente para lo cual la dimensión social debe adquirir una supremacía frente a la dimensión económica, comercial y financiera. En este sentido, formular y ejecutar proyectos sociales que aborden las necesidades en materia de salud, educación, vivienda, alimentación, transporte, infraestructura, flujos migratorios (intra y extra regional), perspectiva de género, empleo productivo y alfabetización tecnológica para la inclusión en la sociedad del conocimiento.

    La lucha por la reducción de la pobreza deberá continuar presente en la agenda de cada país y, especialmente, en los mecanismos de integración y en la naciente CELAC. El 29 de noviembre de 2011, la CEPAL dio a conocer la nueva edición de su libro Panorama Social de América Latina 2011. En este nuevo trabajo se indica: “Entre 1990 y 2010 la tasa de pobreza en América Latina se redujo 17 puntos porcentuales (de 48,4 % a 31,4 % de la población), mientras que la de indigencia bajó 10,3 puntos (de 22,6 % a 12,3 % de la población), por lo que ambos indicadores se sitúan en su nivel más bajo de los últimos 20 años… se estima que este año la tasa de pobreza caerá a 30,4 % de la población, mientras que la de indigencia subiría levemente a 12,8 %, debido a que el alza en los precios de los alimentos contrarrestaría el incremento previsto en los ingresos de los hogares. Esto significa que la región cerrará este año con 174 millones de habitantes en situación de pobreza, 73 millones de ellos en condiciones de pobreza extrema o indigencia. En 2010 se contabilizaron 177 millones de personas pobres, de los cuales 70 millones eran indigentes” (Portal Web CEPAL, 29/11/2011). 
     

  1. Apostar por un modelo de desarrollo sostenible basado en el respeto a la naturaleza y las distintas especies que comparten su vida en la tierra junto a una amplia diversidad cultural de pueblos. Es por ello que el tratamiento del cambio climático debe convertirse en una prioridad.
  2. Promover una cultura de la paz que sin abandono de la seguridad y la defensa permita la coexistencia pacífica, solidaria, complementaria, respetuosa y la concertación política entre las naciones.
  3. Fortalecer la democracia, sus instituciones y generar procesos e instancias públicas para la participación ciudadana en los procesos de decisión y actuación.
  4. Propiciar el intercambio cultural, científico-técnico y académico para democratizar y afianzar saberes, estrechar vínculos interinstitucionales  y generar comunidades de aprendizaje sobre temas-problemas de interés compartido.
 

    Si bien los diez puntos anteriores no agotan el espectro de desafíos que acompañan el nacimiento de la CELAC, éstos también constituyen ideas-fuerzas que tienen alguna o mayor presencia en los mecanismos de integración subregional existentes, por lo tanto la inclusión de dichas temáticas en la agenda próxima es cuestión principal de voluntad política. Probablemente el mayor desafío es dar continuidad a una iniciativa distinta a la OEA sin la participación directa de Estados Unidos y Canadá. Junto a este desafío se encuentra como prioridad la definición consensuada de posibles salidas a la crisis actual del sistema financiero y de desarrollo capitalista a favor de las poblaciones históricamente excluidas de las riquezas socialmente producidas.

    Socióloga y MSc en Ciencia Política 

    [email protected]

     

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