Francisco de Miranda: Precursor de la libertad de América

“La conservación de los derechos naturales, y, sobre todo, de la libertad de las personas y seguido de los bienes, es incuestionablemente la piedra fundamental de toda sociedad humana, bajo cualquier forma política en que esta sea organizada”.

Francisco de Miranda
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“Nos hicimos a la vela de la Guaira para Cádiz, en la fragata sueca “Prince Frederick”, estas palabras escritas el 25 o 26 de enero de 1771, constituyen el primer apunte de Sebastián Francisco de Miranda, en los cuadernos que años después se convertirían en su diario. Un documento de 63 volúmenes, que dejó a la posteridad y se ha convertido en el testimonio de vida del venezolano que participó en tres procesos que marcaron la historia del mundo: independencia de los Estados Unidos, Revolución Francesa y la independencia de Venezuela.



Para la fecha, el joven Miranda, nacido en Caracas, tenía 21 años, y partía a España a continuar estudios. Una vez que obtuvo el grado de bachiller, sus padres, Sebastián de Miranda y Ravelo y Francisca Antonia Rodríguez, decidieron que iría a la “madre patria”, porque en Caracas no tendría mayor futuro por la ausencia de linaje noble en su sangre. De hecho, el Conde de San Javier, comandante del Batallón de los blancos de Caracas no lo aceptó en la compañía.



En la capital española se dedica por un año a estudiar francés, matemáticas y geografía. Su intención es adquirir herramientas para desenvolverse en Europa. De hecho, se convirtió en un políglota: hablaba, además del español, francés, inglés, alemán y ruso. Conocía suficientemente el árabe y el italiano. Traducía del latín y griego a la perfección. Era lector voraz, conocía las obras de Montesquieu, Rousseau, Voltaire, Locke, Buffon, Lalande, Humboldt, Hume, Diderot, Corneille, Raynal y Salustio.



En Madrid comienza a adquirir libros para constituir su biblioteca, que llegó a tener más de 6 mil volúmenes, y en la cual figuraban también, cartas enviadas a personalidades del mundo, libros de distintas épocas, diarios, mapamundis, planos de batallas, prospectos medicinales, proyectos de leyes, constituciones e, incluso, misivas de amor. En ese momento histórico la colección bibliográfica de Miranda, en la cual figuraban libros con nombres supuestos para burlar a la inquisición, era considerada un patrimonio



Al concluir sus estudios, Sebastián Francisco de Miranda, se dirige al Rey, solicitando un cargo en el Ejército Español. En el documento enviado, acompañado de un informe de Hidalguía de los Miranda, cambia su nombre de Sebastián Francisco a Francisco de Miranda, su primer nombre no lo volvió a usar más en la vida (1). Documentos de la época describen a Miranda como un hombre alto, robusto, de blanca tez, ojos castaños, nariz recta y respingada. A esos atributos se une su facilidad de expresión, don que supo manejar en las buenas y malas circunstancias que le toco vivir a lo largo de su existencia que culminó en 1816, cuando tenía 66 años.



Comienza el camino

Miranda inicia su carrera militar en 1773 como capitán del regimiento de infantería de la Princesa, que cumplía funciones en Cádiz. Desde ese momento, la vida de Miranda será un constante ir y venir entre Europa, África, Estados Unidos y América. Al principio los viajes son en cumplimiento de las misiones asignadas a su batallón, sin embargo ya sus superiores vislumbran la capacidad y el talento de Miranda, como estratega en el campo de batalla y como negociador.



Estas cualidades resaltan en 1781, cuando acompaña a las tropas españolas que refuerzan el sitio puesto por el general Bernardo Gálvez a la plaza de Pensacola, ocupada por los ingleses en la Florida Occidental. Esta acción bélica en la que tuvo destacada participación se enmarca en la guerra que España y Francia sostenían contra Inglaterra en América del Norte y en la región del Caribe en apoyo de la independencia de los Estados Unidos. La estrategia puesta en marcha en Pensacola, sirvió para facilitar el envío de auxilios a los patriotas norteamericanos que se encontraban Mississipi arriba. Al concretarse el éxito de la misión, Miranda es ascendido a teniente coronel, por su desempeño en la toma y capitulación de Pensacola en mayo de 1781.



La experiencia hace despuntar en él su talante de estratega militar y su concepción de la independencia de los países de este lado del mundo, pensamiento que se convirtió en una constante de su vida. Tiene el mérito de la creación del concepto de América como unidad, como elemento de una estrategia planetaria. Miranda, es el pionero de esta visión, incluso propuso hasta el nombre del continente que imaginaba: Colombia o Colombeia, un territorio que abarcaría desde el río Mississipi al cabo de Hornos. Comienza a trabajar con este fin, aunque pasarían años, antes de volver al continente que soñaba.



Luego de Pensacola, un malentendido con el gobierno español (2) y obliga a Miranda en 1783 a viajar oculto de Cuba a los Estados Unidos en la Balandra norteamericana “La Prudent”. Su intención era llegar a Europa por esta vía, sin embargo se quedaría en ese país por 18 meses. Posteriormente realiza un largo e intenso periplo (en gran parte acompañado por Smith, secretario de Jorge Washington) que lo llevó por Inglaterra, Holanda, Prusia, Sajonia, Alemania, Viena, Hungria, Italia, Grecia, Constantinopla, Turquía, Estambul, Rusia, Moscú, Bélgica, Suecia, Noruega, Dinamarca, Suiza, Francia, París y Venezuela. Este recorrido culminó con su detención en el Puerto de La Guaira en 1812, a la caída de la Primera República de Venezuela.



En todos los lugares visitados Miranda entabló amistad con hombres como: Washington, Hamilton, Adams, Jefferson, Madison, Konx, arquitectos de la primera democracia del universo. Conoció a líderes como Petion, Baillo, Brissot, Gensoné, Danton, Doumoriez, Fouquier-Tinville y Napoleón Bonaparte. Se relacionó también con Raynal, Manmortel y Gibbón, escritores e historiadores de causas libertarias. Se relacionó con burócratas como Pitt, Granville, Bexley y Wellington, de la nobleza y ejercito inglés y también con Catalina de Rusia –con quien presuntamente vivió un romance-, el príncipe Potemkin de Rusia, el Rey Gustavo de Suecia, Federico de Copenhague y Carlos de Hesse.



Además, en Europa tuvo contacto en alguna forma con líderes de alta jerarquía en distintas áreas geográficas del continente americano, como San Martín, del Sur; Nariño, de la Nueva Granada; Montúfar y Rocafuerte, del Ecuador; Servando Teresa de Mier, de México; José Bonifacio, del Brasil.



Una idea fija acompañó a Miranda en el transcurso de ese largo viaje: la libertad de América y la formación de una gran república. Con todas las personas que conoció habló sobre su proyecto de dar libertad a las colonias españolas. Era tan evidente su intención, que al llegar a Londres, la primera vez en 1785, un artículo publicado en el periódico “Political Herald and Review”, lo califica como “un paladín de la libertad que pensaba extender los ideales de la revolución americana a las Indias Españolas”.



Cabe destacar, que Miranda, al llegar a cada lugar tenía por hábito comprar un mapa de la ciudad y preguntar a las personas sobre costumbres de la región. Después salía a recorrer los sitios de interés como museos, bibliotecas, escuelas, universidades, hospitales. cárceles etc. De esta forma cultivó la experiencia y adquirió la cultura que todos le reconocían. En las tertulias se convertía en el centro de atención por su conversación fluida e interesante.



Ideas mirandinas



Canal de Panamá

Al concebir la idea del territorio llamado Colombia o Colombeia, Miranda, creó constituciones, leyes, sistema de protección social, hospitales, escuelas, vías de comunicación etc. Lo relacionado con estas materias lo guardaba en proyectos, mapas, cartas y papeles escritos que llevaba siempre consigo. Estos documentos, muchos de los cuales forman parte de su diario, los enseñaba a reyes, embajadores, políticos y banqueros, cuando asistía a las reuniones para tratar el tema de la independencia de las Indias Españolas.



Debemos destacar que los planteamientos presentados por Miranda a las personalidades que contactó en busca de apoyo para la independencia de América eran genuinos y demostraban su visión futurista sobre el desarrollo de este lado del mundo. Francisco de Miranda fue el primero en presentar a los gobernantes ingleses en 1790 un proyecto para construir el Canal de Panamá (sustentado en planos y estudios sobre el mismo). Lamentablemente 130 años más tarde la obra que representó un aval para la América fue construida por los Estados Unidos e inaugurada el 12 de julio de 1920.



El concepto del canal en la mente visionaria de Miranda surgió cuando visitó en 1787 la ciudad de Slewig, en Alemania y contempló el canal construido en esa localidad. La obra le llamo la atención y escribió en su diario: “…que reflexión para quien ha visto, y considerado el que podía hacerse en el Istmo de Panamá”. Es la primera vez que hace mención en su diario acerca del canal.



La segunda referencia al canal ocurre durante una entrevista que sostuvo con el Primer Ministro Británico William Pitt, el 14 de febrero de 1790, para exponer y detallar las condiciones necesarias para lograr la libertad de las colonias españolas. Miranda somete a consideración entre otros puntos: “…la posibilidad de formar sin mayor dificultad un canal de navegación en el istmo de Panamá, que facilite el comercio de la China y del Mar del Sur con innumerables ventajas para América, Inglaterra etc…..”



Miranda en esa reunión, le entregó a Pitt, notas adicionales sobre el tema que decían: “Descubriendo un pasaje a través del noroeste al Océano Pacífico podríamos establecer un comercio con China, Japón y todas las islas del Sur, con inmenso beneficio para Inglaterra, en caso de que este pasaje sea encontrado, nos daría un pasaje mas inmediato y vía hacia él, con mayor ventaja que cualquier otra nación en Europa, exceptuando los españoles que podrán tener el cruce comercial del Istmo de América”.



En esa oportunidad, Miranda también entregó a Pitt, material sobre el plan militar para liberar las Indias Españolas, en el cual Panamá era punto estratégico. Pese a los alcances del plan, Pitt, prestó poca atención a las ideas independentistas de Miranda. Al concluir la reunión, El Precursor tenía claro, que Inglaterra no se comprometería en la campaña de libertar a la América.



El proyecto del canal de Panamá se hizo realidad cien años después, pero fue Miranda el primero que observó la importancia que la construcción del canal de Panamá tenía para el mundo, pues a través del mismo se facilitaría la navegación, se intensificaría el comercio y la civilización en los continentes. Coincidencialmente, fue el primero en pensar y hablar del Canal de Nicaragua, una construcción que hoy de vez en cuando se menciona.



Amores

Los biógrafos de Francisco de Miranda hacen especial referencia a la relación del Precursor con el sexo femenino. Dicen que admiraba a las mujeres y que en su trato con ellas destacaba por su don de gente y buenos modales. En más de una oportunidad señaló a los gobernantes de su época los derechos inherentes a la condición femenina, entre los que destacaba la educación.



En fin, las mujeres nunca faltaron en su vida. Su presencia llega a ser disputada en los salones y las cortes, donde hablaba de la América exótica, avivando los espíritus femeninos hablándoles de guerras de liberación. De esta forma conquista los corazones bellos y conoce la ingenuidad de las americanas, las problemáticas inglesas, los caprichos de las rusas, la pasión de las italianas y las refinadas francesas.



En su diario describió aventuras amorosas, galanteos y adulterios que dejaron huella en su corazón de viajero. De estas vivencias resaltan la relación que mantuvo durante su visita a Rusia con la reina Catalina de Rusia, quien para el momento de conocerlo contaba con 54 años. También habla de la pasión que sintió por la marquesa Delfina de Custine, de quien se enamoró cuando estuvo preso en Francia. A estos nombres se une el de Sarah Andrews, madre de sus hijos, Leandro y Francisco, quien estuvo con él en los años finales de su aventura y representó para Miranda, la paz, el sosiego. Esta mujer, a quien Miranda llamó, “mi fiel ama de llaves”, tuvo la misión de guardar para las generaciones futuras, su casa, sus libros y su memoria.

Las cárceles

Dicen que Miranda era sobrio, dormía poco y soportaba pacientemente las incomodidades que con regularidad enfrentaba en sus viajes. Era, según testimonios de quienes tuvieron oportunidad de compartir con él, hombre sencillo, cordial y muy humano que “usaba con la misma serenidad de ánimo el vestido del minero, la capa de mundano galán o el manto de altruismo”.




El manto de altruismo fue el que uso cuando estuvo en las cárceles danesas en los primeros meses de 1788. En “Colombeia”, su diario de viajes relata su visita a la prisión llamada “de la Corona”, donde conoció el “lóbrego paraje Pozo de agua corrompida” y las prisiones llamadas “Torre azul”, en la cual “los Mateletes españoles y los Zambullos con sus depósitos de inmundicia, que se limpian raras veces al año, mantienen infecta y pesada la atmósfera”. También estuvo en un orfanato y correccional de niños y adolescentes de esa ciudad y observó el trato que se les otorgaba, el cual según anotó en su diario “no era el mas adecuado”. La desagradable impresión aumentó cuando el torturador de la cárcel le explicó con lujo de detalles los suplicios que se aplicaban a los prisioneros para lograr la confesión.



La realidad lo conmovió y al concluir las visitas hizo saber a los directores de las cárceles su desacuerdo con las circunstancias que había observado y por los métodos utilizados para hacer confesar a los encarcelados. Asimismo expresó su dolor ante el trato inhumano que recibían los presos y lo planteó en carta enviada al barón de Krudner, vicecanciller ruso en Dinamarca, en la cual habló de “los abusos cometidos y el estado deplorable de los prisioneros”.



La inquietud la transmitió también a Federico, el Príncipe Regente, a quien presentó un proyecto para la reforma de las cárceles de acuerdo a la obra de Howard, que trataba sobre el asunto. Varios meses después de abandonar esta ciudad, Miranda recibió la agradable noticia que los encargados de las prisiones habían aceptado las sugerencias y habían procedido a mejorar el sistema penitenciario de ese país, reforma que en nuestros días aún está vigente y a la que se hace referencia cuando se habla de modelos carcelarios con sentido de humanidad.



La música

Miranda es hombre de mundo. Le gusta deslumbrar y cautivar a quienes lo reciben, a quienes lo escuchan, a quienes comparten sus aficiones. Va al teatro, asiste a conciertos, discute con los literatos, corteja damas, lee a Virgilio, escribe su diario, en fin un ser humano que se ganaba la confianza de quienes conocía.



Cuando estuvo en Viena se hace asiduo de Francisco José Haydn, uno de los grandes músicos de la época, y participa con éste en veladas nocturnas interpretando la flauta, instrumento que aprendió a tocar en su juventud.



Estas veladas reseñadas en su diario, muestran a Miranda, tocando para grupos selectos, cuartetos para viento escritos por Haydn. La relación del Precursor, con tan importante artista demuestra que poseía una sólida formación cultural, que aunada a su elegancia personal y a su procedencia de un país del todo desconocido, le abre las puertas de Europa. Miranda se vale de estos atributos, para obtener pasaportes de países europeos.



Su faceta de buen músico es desconocida por la mayoría de los venezolanos. Sin embargo, se ha comprobado, que Miranda tocaba piano y flauta traversa, de la cual poseía dos: una en boj y otra en ébano, ambas Barettii. En sus Diarios menciona que le gustaba tocar la flauta y que lo hacía menudo en su época de soldado español en La Habana y durante sus viajes.



Su biblioteca musical era muy rica en lo que se refiere a literatura para flauta. Estos datos se conocen por un inventario que hizo de la misma en 1782, que asentó en su diario. En la relación aparecen músicos barrocos y de la Escuela de Mannheim. En una de las listas, bajo el título de "Notas de música impresa para la flauta traversa", figuran Bocherini, Canciell, Covelli, De-Lusse, Exaudet, Ficher, Gronemann, Josef Herrando, Laveux, Eduardo Miller, Giovanni Pattoni, Giovanni Punto, Xaviero Richter, Giuseppe Sammartini, Matías Stabinger, Johan Stamitz, Josef Toeski, Johan Wendling, así como los españoles Pla, Herrando y Misson, junto a compositores de Mannheim, como Christian Cannabich y Anton Filtz. Había, por último, un "Legajo de papeles de música de cosas varias", cuyo contenido no se detalla.



El conocimiento musical que poseía le permitió acceder a compositores y músicos, durante su periplo por Estados Unidos y Europa y emitir juicios acerca de esta disciplina artística. Las apreciaciones estéticas de Miranda, y de diversos personajes con quienes discutió sobre compositores y sus obras, son de gran interés. Al respecto el historiador de la música Robert Stevenson, señala la importancia del encuentro de Miranda con Haydn, expresando que "la visita de dos días a Esterháza del venezolano Francisco de Miranda (1750-1816), entre el 27 y el 29 de octubre de 1785, constituye el primer contacto de Haydn con Latinoamérica.



En la Revolución francesa

En abril de 1792, Miranda visita París. De inmediato conoce y traba amistad con Brissot, Lanjinais, Roland, Petión, Dumouriez, Baillo, jefes del partido Girondino. En la ciudad luz se viven momentos de tensión. Fuerzas desde dentro y fuera del país galo intentan por todos los medios el regreso de la monarquía, y declaran la guerra a quienes instauraron el sistema de libertad, igualdad y fraternidad, que nació el 14 de julio de 1783, con la Toma de la Bastilla.



Petión propone a Miranda ingresar al servicio de Francia con un alto cargo militar. Acepta y resuelve enviar a Servan, ministro de Guerra, un documento en el que se compromete a defender a la nación francesa siempre y cuando su proyecto de liberación de las colonias españolas sea debidamente considerado por los gobernantes galos.



En su diario figura copia de la correspondencia enviada: "Consciente de la justicia y la magnanimidad con las que la Nación francesa defiende su soberanía y la gloria que alcanzarán quienes tengan el honor de unirse a ella en la defensa de la libertad, única fuente de la felicidad humana, consiento en combatir lealmente a su servicio. (...) Como la libertad de los pueblos es un objetivo que interesa igualmente a la Nación francesa (...), es necesario que Francia proteja eficazmente esta causa, ya que se trata de la causa de la libertad, y también es necesario que se me conceda autorización (en el momento en que se presente la ocasión) de dedicarme principalmente a su prosperidad, estableciendo la libertad y procurando la independencia de estos territorios - proyecto que me he propuesto voluntariamente...", añadiendo como posdata: "Bajo estas condiciones expresas y en este ánimo me he puesto al servicio de la Francia libre".



Mariscal de campo

Servan lo designa Mariscal de Campo y entra a servir el 10 de septiembre de 1792, al lado de Dumouriez, quien le confía el ala izquierda de su ejército. Toma parte en la batalla y victoria de Valmy. Su actuación y su lealtad, le valen una rápida ascensión. En noviembre está al mando del ejército del Norte, toma Amberes a los austriacos y se convierte en jefe del ejército. En octubre es nombrado Teniente General.



En febrero de 1793, en contra de su opinión, Dumouriez le obliga a asediar Maastricht. La acción fracasa. Y, si bien vence en Tirlemont, no alcanza el éxito en la batalla de Neerwinden, en marzo de ese mismo año, donde enfrenta a un enemigo bastante superior en número y armamento. El día 25 de ese mismo mes, Dumouriez, que ha decidido revertir las decisiones de la Convención "para restablecer la monarquía y la libertad", pide apoyo a Miranda, quien se lo niega contestándole: "Un cuarto de hora de vuestros caprichos y locuras no me hará renunciar a los principios a los que estoy unido a través de veinte años de estudios y de reflexión". En venganza, Dumouriez lo acusa de sus propios fracasos.



El venezolano es llamado a París para rendir cuenta ante la Convención. Llega a París el 28 de marzo de 1793 llega a París listo para comparecer ante la Convención y denunciar la traición de Dumouriez. Pero las rivalidades entre jacobinos y girondinos lo llevan ante el tribunal revolucionario cuyo acusador público es el terrible Antonio Fouquier-Tinville, quien dicta auto de detención contra Miranda. Empieza en ese momento su calvario en las prisiones de París: primero la Conserjería, de donde salen todos los que van a la guillotina, luego La Force, Les Magdelonettes.



En este largo proceso es defendido por el abogado Claudio Chauveau-Lagarde, quien logra su libertad el 13 de enero de 1795. Inmediatamente reanuda su vida social y conoce al entonces joven general Napoleón Bonaparte, quien dirá de él «... ese Quijote, que no está loco, tiene fuego sagrado en el alma...».



Es importante señalar que Miranda participó en Valmy, la gran batalla que salvó a Francia y fue primera victoria de los ejércitos que defendían al Antiguo Régimen. Goethe, presente del lado monárquico, declaró ese día que había asistido a “uno de esos momentos que cambian la historia universal”. Miranda también participó en la toma de Namur y en la campaña de Bélgica, comandando del lado de la Revolución.



En la clandestinidad

Perseguido de nuevo por la Convención y el Directorio, vive en la clandestinidad. Fueron años de angustia. Por esta razón, a veces para ocultarse, o para hacer más interesante la vida, se convierte en coronel, conde o mártir de la inquisición. Se hace llamar, de acuerdo a las circunstancias, Monsier de Meyrat, el caballero Meyrof o el señor Amindra, por cierto con este último nombre firmó algunos mensajes que envió desde la prisión de La Carraca, a sus amigos en Cádiz.



A pesar del constante acoso publica el folleto, “Opinión del General Miranda sobre la situación actual de Francia y los remedios convenientes a sus males”. En el cual expone su programa al país luego de la liquidación del régimen de terror. Es partidario de que la nación no haga conquistas y se retire de la ribera izquierda del Rin, da la impresión de querer ofrecerse como figura del nuevo gobierno.



Finalmente, decepcionado de la República Francesa, retoma su antiguo y amado proyecto, la liberación de las colonias españolas, firmando el 22 de diciembre de 1797, con el venezolano, José del Pozo y Sucre y el chileno Manuel José de Salas, «comisarios de la Junta de diputados de las provincias de la América Meridional» el conocido Convenio de París, mediante el cual el Precursor fue investido con el carácter de Plenipotenciario ante Inglaterra y Estados Unidos para pactar la emancipación absoluta de las colonias hispanoamericanas.



El resultado de su participación en la Revolución Francesa, a pesar de las persecuciones y desilusiones que enfrentó, fue que finalmente su actuación y su heroicidad lo convirtieron en uno de los hombres más admirados por el gobierno y el pueblo francés de entonces. Por su valiente proceder en defensa de la libertad y de los derechos humanos, su nombre está grabado en el Arco del Triunfo en París, su retrato forma parte de la galería de los Personajes en el Palacio de Versalles y su estatua se encuentra frente a la del general Kellerman en el campo de Valmy.



Tras un sueño de libertad

Luego de sus aventuras en países extranjeros, el Precursor decide realizar su sueño de dar libertad a las colonias hispanoamericanas. Tiene ahora 48 años y acumula experiencias que lo convierten a juicio de su biógrafo ruso, Miguel Grigulievich Lavretzky, “en el primer estadista hispanoamericano a escala continental”. “Estamos frente a un visionario, un revolucionario que consagra su vida y obra a la libertad del hombre”, asegura Lavretzky.



Con este objetivo en 1798 sale de París vía puerto de Calais rumbo a Londres. Va disfrazado con peluca y anteojos verdes. Lleva un pasaporte a nombre de Gabriel Eduardo Uroux d´Helander, falsificado por el mismo. En Calais, se embarca para Dover. Al arribar a esa localidad inglesa escribe a su amigo Turnbull y a Smith, secretario de Pitt participándoles su llegada. Se dirige a la población de Hollywood donde se entrevista con Pitt a quien muestra el Convenio de París.



Como percibe la indiferencia de Pitt, escribe a Hamilton para interesarlo en su proyecto pero el norteamericano no prestó mayor atención a la carta enviada y llega a escribir al margen de la misiva: “no le contestaré por considerarlo un aventurero”. Paralelamente visita a Rufus King, ministro americano en Londres, y le habla de la conveniencia de una unión angloamericana contra España para liberar a las colonias.



La indiferencia de estas personalidades por sus planes lo obliga a buscar nuevos horizontes para la realización de su ideal de liberación americana. A fines de ese año y primeros meses de 1799, Miranda aprovecha el regreso al Nuevo Mundo de varios latinoamericanos, entre ellos Bernardo O'Higgins, para difundir el ideario de la emancipación. Hace imprimir en francés la Carta a los españoles americanos del jesuita peruano Juan Pablo Viscardo y Guzmán.



No cuenta todavía con el apoyo de Inglaterra y Estados Unidos. No obstante piensa viajar a la isla Trinidad, con el propósito de promover desde allí la lucha emancipadora. A su solicitud el gobierno inglés le niega el pasaporte, y es traicionado por su secretario francés Luis Duperon.



En medio de estas vicisitudes recibe una carta de Manuel Gual, desde la isla de Trinidad, quien lo llama a ser «... el salvador de la Patria». Asimismo sabe por su ex jefe el general Cajigal la noticia de que, en el juicio que se le seguía en España desde hacía casi 20 años, se le ha exonerado de toda culpabilidad.



A principios de 1800 vive en Londres con su ama de llaves, Sarah Andrews, madre de sus 2 hijos: Leandro y Francisco. Aprovecha para escribir cartas a Napoleón, quien le concede permiso tácito para que vaya a París donde llega el 28 de noviembre de 1800. Al poco tiempo de llegar, José Fouché, ministro de la policía, ordena que sea expulsado por «... maniobras e intrigas contrarias a los intereses del gobierno francés y de sus aliados...».



En 1801 retorna a Londres y continúa sus gestiones en pro de la independencia de Hispanoamérica, esta vez con el ministro Nicolás Vansittart quien se convertirá en su principal apoyo. Ante la inminencia de la gesta libertadora prepara un programa de gobierno provisional, un reglamento militar y una proclama “A los pueblos del continente Colombiano alias Hispanoamérica”. En 1802 se traslada a la que iba a convertirse en su residencia definitiva en Londres, la casa núm. 27 de Grafton Way, hoy día propiedad del Estado venezolano.



Una vez instalado en su residencia funda la Gran Reunión Americana, movimiento para fortalecer las luchas emancipadoras de América. De su casa dice que “es el Punto Fijo para la independencia y libertades del continente colombiano”. Y haciendo honor a esta concepción, en los salones de la misma se dieron cita los apóstoles de la Revolución Americana, los libertadores que dieron dignidad a sus pueblos. En esta especie de red conspirativa, sus protagonistas con Miranda a la cabeza, establecieron un juramento que marcaba el rumbo de los cambios que preconizaban para sus naciones.



“Nunca reconoceremos por gobierno legítimo de nuestra patria, sino aquel que sea elegido por la libre y espontánea voluntad del pueblo; y siendo el sistema republicano el más adaptable al Gobierno de las Américas, propondremos, por cuantos medios estén a nuestro alcance, a que los pueblos se decidan por él”.



De esa escuela de Miranda en Inglaterra, se alimentaron revoluciones como la del 19 de abril de 1810 en Venezuela; Buenos Aires, 25 de mayo; Bogotá el 20 de julio; y Chile el 18 de septiembre. A pesar de las promesas de ayuda del gabinete británico pasa el año de 1803 y comienza 1804 y no encuentra el soporte necesario para realizar la expedición que quiere dirigir hasta Trinidad. Por esta razón en los primeros meses de 1805 comienza sus preparativos.



Dispuesto a marcharse

Miranda redacta su testamento nombrando por albaceas a sus amigos John Turnbull y Nicolás Vansittart. Dispone que su archivo Colombeia sea enviado a Caracas, una vez alcanzada la independencia, lega sus clásicos griegos y latinos a la Universidad de Caracas y sus demás bienes en Caracas, Londres y París, a sus hermanas y sobrinos, para que sean aplicados a la educación de su hijo Leandro y a Sarah Andrews.



Tomadas las previsiones, en compañía de su secretario Tomás Molini, el 2 de septiembre de 1805, parte rumbo a Nueva York. Una vez en ese país visita al presidente Thomas Jefferson y al secretario de Estado James Madison, quienes lo reciben cordialmente pero no se comprometen con la expedición que él prepara.



Miranda logra armar, con la ayuda de algunos amigos, al bergantín Leander, al que pone el mismo nombre de su hijo, y zarpa de Nueva York hacia Jacmel (Haití) el 2 de febrero de 1806. Su comandante es Thomas Lewis. En el puerto haitiano se unen al Leander las goletas Bee y Bacchus. El 12 de marzo es creada por Miranda la bandera tricolor (amarillo, azul y rojo) que ondea en el mástil del Leander anclado en la bahía de Jacmel. El 24 de marzo, todos los expedicionarios prestan juramento de ser fieles y leales: «... al pueblo libre de SurAmérica, independiente de España...». La expedición se dirige al puerto de Ocumare de la Costa en Venezuela. Luego de un combate naval trabado frente a Ocumare de la Costa el 28 de abril de 1806 con barcos españoles cuyo poder de fuego es muy superior, el Leander se retira mientras que las goletas Bee y Bacchus caen en manos de los españoles, que hacen 60 prisioneros.



Los prisioneros son severamente castigados y diez de ellos serán condenados a muerte y ahorcados en Puerto Cabello. No es el fin. Miranda reorganiza sus fuerzas en Barbados y Trinidad, con la intención de regresar a costas venezolanas. Así lo hace, y el 3 de agosto de 1806 desembarca en La Vela de Coro, toma el fortín e iza la bandera tricolor. Entra en la ciudad de Coro, allí también iza el pabellón de la patria naciente. Sin embargo no es bien recibido por los venezolanos: los habitantes de la ciudad, evitando comprometerse, prefieren huir. Coro es evacuada por las tropas realistas y por los religiosos que acusaban al Precursor de ateo, desertor y traidor.



Ante el nuevo fracaso el 13 de agosto de 1806 regresa a Aruba. El resto de este año y gran parte de 1807 lo pasará entre Aruba, Granada, Barbados y Trinidad, esperando auxilios que no llegaron. Decide regresar a Inglaterra y el 31 de diciembre de 1807 está de nuevo desembarcando en ese país. Se instala nuevamente en su casa de Grafton Way, donde lo esperaban Sarah, Leandro y Francisco, su último hijo, a quien no conocía pues había nacido durante su ausencia. Miranda reinicia las gestiones por la independencia de las colonias españolas ante el gabinete británico en los primeros meses de 1808, logrando el apoyo del gobierno británico.



Una expedición militar, al mando del general Arthur Wellesley, más tarde duque de Wellington, se prepara para ir a Suramérica en apoyo del movimiento revolucionario. Pero en mayo de ese año España es invadida por las tropas de Napoleón y la expedición inglesa que iba a acompañar a Miranda a América es dirigida entonces a la Península para luchar junto con los españoles contra los franceses.



¡Por fin Venezuela!

Ante el giro de los acontecimientos desde Londres, Miranda escribe a los cabildos y personalidades de Caracas, Buenos Aires y otras poblaciones estimulándolos a formar juntas de gobierno independientes de la Corona Española. Al mismo tiempo continúa sus gestiones ante Richard Wellesley, Lord Grenville, el ministro Lord Castlereagh y George Canning.



Dada la imposibilidad de viajar a América, se dedica a la edición de documentos propagandísticos a favor de la independencia, así como a la publicación del periódico El Colombiano, redactado en español, que se publica en Londres de marzo a mayo de 1810.



El 14 de julio de 1810 llegan a Londres los comisionados de la Junta Suprema del Gobierno de Caracas, Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello. Las provincias que integraban la Capitanía General de Venezuela habían iniciado el proceso para la separación de España desde el 19 de abril de 1810. De inmediato se convierte en el consejero, el introductor y compañero de los comisionados: los recibe en su casa, les acompaña en sus visitas a personalidades e instituciones.



En ese momento, Miranda se propuso regresar a Venezuela. Lo hará el 10 de octubre dejando alojados a Andrés Bello y López Méndez en su casa de Grafton Way. El 10 de diciembre de 1810, después de hacer escala en Curazao, llega a La Guaira donde es recibido con entusiasmo por la población y por Bolívar. Es nombrado teniente general de los Ejércitos de Venezuela el 31 de diciembre de 1810. Asumida la responsabilidad impulsa la instalación de la Sociedad Patriótica y en 1811 se incorpora al Congreso Constituyente como diputado por El Pao, población de la provincia de Barcelona.



Incorporado a ese cuerpo deliberante enfatiza la necesidad de declarar la Independencia definitiva, lo que se realiza el 5 de julio de 1811 y pocos días después se adopta como bandera nacional la traída por Miranda en 1806.



De esta forma, este hombre que vistió el uniforme de general del ejército francés, que entabló amistad con los hombres mas destacados de su época, que supo conquistar el corazón de hermosas mujeres, que conoció como ningún otro la realidad del mundo, dio a Venezuela la Bandera, estampó su firma en el Acta de la Independencia e inspiró con su ideario la más bella estrofa del Himno Nacional: «... Unida con lazos que el cielo formó, la América toda existe en Nación...».



El compromiso asumido no era nada fácil. La monarquía española no aceptaría la rebelión de su colonia y en julio de 1811 los realistas de la ciudad de Valencia se levantan en armas contra el naciente gobierno. Ante el alzamiento el Ejecutivo designa a Miranda Jefe del Ejército. Como tal ocupa la ciudad y después de violentos combates reorganiza su ejército e introduce una severa disciplina que será motivo de críticas en el gobierno.



En diciembre de 1811, como diputado, suscribe la Constitución Federal, aunque con reservas porque la considera poco adecuada a las circunstancias de una República naciente. A raíz del terremoto del 26 de marzo de 1812 que destruyó a Caracas y ante la amenaza de varias insurrecciones, el Poder Ejecutivo Federal lo nombra, general en jefe de Tierra y Mar de la Confederación de Venezuela y delega en él facultades ordinarias y extraordinarias. Miranda nombra a Bolívar comandante militar de Puerto Cabello. La misión era enfrentar al capitán de fragata realista Domingo de Monteverde quien viniendo desde Coro, ocupa la ciudad de Valencia.



Poderes dictatoriales han sido conferidos a Miranda para salvar a la República pero la pérdida de Puerto Cabello, en manos de Bolívar, hizo desaparecer toda perspectiva de triunfo. El 12 de julio, después de una junta celebrada en La Victoria, Miranda decide proponer a Monteverde un armisticio y subsiguiente capitulación.



La decisión de Miranda causó descontento entre los jóvenes patriotas que aspiraban continuar la guerra iniciada contra España. Miranda consciente de haber actuado de la manera más lógica se dirige el 26 de julio hasta Caracas, confiado en que Monteverde cumplirá con la Capitulación. Antes de proseguir su viaje al puerto de La Guaira, ordena a su edecán y secretario Pedro Antonio Leleux embarcar su archivo y libros con destino a Curazao.



Miranda llega a La Guaira el 30 de julio dispuesto a embarcarse rumbo a las antillas, pero no logra su objetivo. En la noche del 30 al 31 de julio, un grupo de militares y civiles, entre los cuales se encuentran Bolívar y Miguel Peña, arrestan a Miranda, a quien reprochan la capitulación con Monteverde: «Bochinche, bochinche...» es la exclamación del Precursor en el momento de ser detenido.



Ocaso

Miranda hecho preso, es enviado al castillo de San Felipe, en Puerto Cabello. Allí estaría encadenado por varios meses. Pese a las humillaciones no se doblega. A principios de 1813, desde la mazmorra porteña, escribe un memorial a la Real Audiencia de Caracas en el cual exige el cumplimiento de la capitulación de San Mateo, conforme lo estipulaba la legislación internacional al respecto. Su carta no surte efecto y Monteverde sigue cometiendo arbitrariedades en nuestro territorio.





El 4 de junio es trasladado hasta la fortaleza de El Morro, en Puerto Rico. A finales de 1813, un bergantín español lo lleva preso a España. En enero de 1814 está encerrado en un calabozo del fuerte de las Cuatro Torres, en el arsenal de La Carraca, cerca de Cádiz, donde sólo recibe noticias y alguna pequeña ayuda de sus viejos amigos los Turnbull y de la casa de Duncan, Shaw y Cía.



Piensa evadirse y pasar a Gibraltar pero un ataque de apoplejía lo paraliza. Luego de una larga agonía y acompañado por una monja, el prisionero peruano Manuel Sari y su fiel criado Pedro José Morán, murió silenciosamente en la madrugada del 14 de julio de 1816. No hubo para él trato especial ni los honores que le correspondían. Una vez que falleció sus restos mortales fueron sepultados en una fosa común y hasta el día de hoy no han podido ser identificados para traerlos a su patria y rendirle los tributos que se merece por ser el Precursor de la libertad de los pueblos suramericanos. Sin duda alguna una deuda que toca saldar a los venezolanos de hoy.



De interés

Miranda legó a la posteridad un extenso archivo de notas, documentos, relatos, cartas e impresiones que han constituido un aporte importante para conocer su visión de los acontecimientos que le toco presenciar así aspectos del mundo y de la sociedad que conoció a finales de 1700. Estos papeles tienen un carácter histórico trascendental: primero, por la universalidad de la persona de Miranda, quien fue actor y espectador de muchos de los acontecimientos de su tiempo; y segundo, porque que reflejan la cotidianidad de la azarosa vida del Precursor, desde 1771 hasta 1810, quien como viajero recopiló información valiosísima para el estudio y comprensión del llamado "Siglo de las Luces".



Este extenso archivo reposa en un arca especial en la sede del Departamento de Biblioteca-Archivo de la Academia Nacional de la Historia.

El Archivo original consta de sesenta y tres (63) volúmenes, divididos en tres (3) secciones:

- Viajes: veintiséis (26) volúmenes

- Revolución Francesa: dieciocho (18) volúmenes

- Negociaciones: diecinueve (19) volúmenes

El Archivo del Generalísimo Francisco de Miranda, fue localizado en Londres y lo adquirió el Ejecutivo Nacional, presidido por el General Juan Vicente Gómez, en el año 1926. Fue trasladado a la Academia Nacional de la Historia, la cual se encargó de ordenarlo para su publicación, entre los años 1929 y 1950, en 23 volúmenes. En la actualidad se está gestionando su digitalización.





Sección viajes

En la Sección Viajes nos encontramos con su diario donde registra las experiencias de los viajes que realizó por distintos países, en diferentes sitios del globo, como fueron Rusia, Suecia, Austria, Francia, Inglaterra, España y Estados Unidos, entre muchos otros.





Sección Revolución Francesa

En los tomos correspondientes a la Revolución Francesa quedan plasmados los acontecimientos y su propia participación en uno de los momentos estelares de la humanidad, siendo este rubro una vivencia sin precedentes del período revolucionario de la Francia del siglo XVIII.

La cultura de los pueblos europeos de ese tiempo se refleja en estos papeles mirandinos con inusitada precisión, ya que él no fue sólo un actor de primera categoría de varios de esos relevantes acontecimientos, sino también una persona con un gran sentido de trascendencia, que con su meticulosidad nos legó una verdadera joya archivística, para el análisis y conocimiento de la realidad histórica del tiempo en que le tocó vivir.



Sección Negociaciones

Igual importancia tiene el material referido a Negociaciones, donde se conservan cartas y otros documentos de personajes claves en la política y en la sociedad de esa época, como las negociaciones con los gobiernos de Inglaterra, Francia y Estados Unidos a favor de la independencia venezolana.

Esta serie documental tiene un valor de enorme significación para el conocimiento de muchos hechos que marcaron un hito en la historia de la humanidad, y en los cuales participó activamente el venezolano Francisco de Miranda, precursor de nuestra independencia.



Proyecto de Colombia

Francisco de Miranda ideó un territorio integrado desde el Misissippi hasta el cabo de Hornos, al cual le dio el nombre de Colombeia, un estado al que dio estructura de Monarquía presidida por un Emperador que llevaría el título de Inca. Propone un gran Estado que estaría constituido por un Poder Ejecutivo formado por dos Incas que nombrarían los cuestores, ediles y censores encargados, respectivamente, de la administración pública, la construcción de caminos, la instrucción y el censo.



El Poder legislativo estaría integrado por dos Cámaras: la Alta, o de caciques, sería vitalicia y designada por el Ejecutivo; y la Baja o de los Comunes sería elegida por los ciudadanos cada cinco (5) años. Una Alta Corte Nacional sería nombrada por el Ejecutivo; los demás jueces, en los Comicios Provinciales. Funcionarían los juicios por jurados conforme a lo estatuido en Inglaterra y los Estados Unidos de América. La Religión Católica será considerada como religión nacional y la jerarquía del clero la determinará un Concilio Provincial.



El proyecto de Miranda posee influencias de la Constitución de Inglaterra. Además se inspira en instituciones de la antigua Roma. La utilización de términos indígenas acentúa sus propósitos hispanoamericanista.





Notas

(1) Don Sebastián de Miranda, su padre, fue protagonista de una larga y enconada querella con los mantuanos del gobierno de Caracas, a raíz de haber recibido del Rey el grado de “Coronel vivo y efectivo” del Ejército Español y con el grado el derecho a usar “bastón con puño de plata”. El grado lo ganó porque, en las revistas a las tropas ordenada por el Rey para “la regularización las milicias” en las colonias, la de Don Sebastián, rico comerciante de origen canario, resultó la mejor disciplinada, vestida y armada. Acatando pero no cumpliendo el nombramiento del Rey, los alguaciles le quitaron y rompieron el bastón, iniciando una disputa judicial llegó a España, pasando por la Audiencia de Santo Domingo, y que terminaría reafirmando el nombramiento de Don Sebastián y su derecho al bastón con puño de plata. Pírrico triunfo porque, enterándose que el Cabildo estaba dispuesto a repetir la acción y el pleito, Don Sebastián se abstuvo de repetir la experiencia. Esto determinaría la predisposición de los ricos caraqueños contra “el hijo del canario”, y las precisas instrucciones del gobierno de la joven República a los delegados enviados a Londres en 1811 (Simón Bolívar, Luís López Méndez y Andrés Bello) de no reunirse con Miranda quien, además, tenía fama de jacobino.

(2) (En Cuba, Miranda fue acusado de infidencia y contrabando por el Obispo (sobre la base de su actuación durante un canje de prisioneros con los ingleses de Jamaica) porque el prelado sospechaba que era ateo y librepensador, y porque Miranda no le rendía la debida reverencia. El jefe de Miranda, General Bernardo Gálvez, lo previene en vez de arrestarlo y le facilita la huída, por lo que luego es enjuiciado, sufre prisión en España y arruina su carrera militar). Este hecho, determinante y trascendental en la vida de Miranda, lo convierte en un proscrito y lo separa para siempre de España.


Bibliografía:

- Documentos Fundamentales, Francisco de Miranda. Colección Claves de América. Fundación Biblioteca Ayacucho.

- “Oraciones para Despertar”, Arturo Uslar Pietri, Monte Ávila Editores.

- Cronología de Francisco de Miranda, Academia Nacional de la Historia


Trabajo de investIgación realizado por la Dirección General de Prensa del MCI


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