Para los orientales, las dos son dignas de admiración

Campañas Admirable y de Oriente

La conquista y colonización del territorio y población venezolanos resultaron de un proceso lento y cruento. Entre el instante que los españoles arribaron a nuestro territorio, iniciaron la conquista o exterminio de la población originaria y procedieron a colonizar, hay un arrume inmenso de años.

El proceso fue pues largo y por demás violento; tanto que se calcula en una cifra muy grande los indígenas asesinados. No habiendo entonces en lo que hoy es el territorio de Venezuela una nación o unidad, como en México o el Alto Perú, por sólo nombrar dos ejemplos, la lucha entre la población originaria que defendía todo lo suyo y los invasores, fue palmo a palmo.

Esa dispersión Caribe, pese al resultado final, costó muchas vidas y esfuerzos al poder imperial español para dominar nuestra gente y robarle sus bienes.

Pero aquella España que aquí llegó, tampoco era una verdadera y definitiva nación; los rasgos propios del feudalismo que aún allá prevalecían, la mantenían dispersa en pequeños reinos. Esa desunión aquí reprodujo y por eso, al colonizar, nos dividió en provincias, indiferentes unas de otras. Tanto que ni siquiera, por largo tiempo, casi en los umbrales del 19 de abril, éstas no comerciaban entre sí y se percibían ajenas.

Por eso, sólo por eso, Francisco Herrera Luque, en su trabajo El Vuelo del Alcatraz, para explicar con una pincelada novelística lo fácil que le resultó al General español Pablo Morillo, el control de lo que fue La Nueva Granada, hoy Colombia, dice “cebó su retaliación en quinientos notables que intelectualmente conducían la revolución. Destruidos los cabecillas, el resto de los neogranadinos no opuso resistencia. En Venezuela, cada cien millas había un caudillo que se oponía con fiereza al español, sin parar mientes en lo que le sucedía a sus colegas. Si en el llano estaba Páez, en oriente pugnaban Piar, Mariño y Bermúdez, además de Zaraza y Cedeño.”

Justamente, por eso cuando el Libertador, en mayo de 1813, inicia la epopeya que se ha llamado Campaña Admirable, que le llevó triunfante de Nueva Granada a Caracas, ya antes, en enero de ese mismo año, los patriotas orientales, comandados por Santiago Mariño, invadieron por Chacachacare y liberaron casi todo el territorio oriental, en gesta conocida como Campaña de Oriente . Hasta pudieron resistir en Cumaná hasta el año 1814, para recibir a Bolívar al frente de una multitud en lo que se llamó con el eufemismo de La Inmigración a Oriente.

Una y otra hazaña, iniciadas y ejecutadas ignorándose mutuamente, contribuyeron al restablecimiento de la Segunda República.

Por eso, cuando vayamos a celebrar el bicentenario de “La Campaña Admirable”, como propuso hace poco el presidente Chávez, por lo menos los orientales, deberíamos recordar también aquella trascendente gesta que debe enorgullecernos, aunque sea en menor grado, como la realizada por Bolívar.

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