La Vinotinto y la FVF: que comience el debate

Así como hemos insistido que una revolución se alimenta y robustece a razón de la crítica y el debate; de igual forma todos los escenarios sociales deberían estar cruzados por la huella fuerte de la crítica, la discusión y el debata. Ello permite avanzar en todos los frentes y, sobre todo, satisfacer las demandas y necesidades de la sociedad en su conjunto. Hoy me ocupa un tema que a mi modo de ver no ha sido suficientemente debatido por los entendidos o, en el peor de los casos, siento que existe un cierto temor por asumir una posición crítica radical frente a nuestro fútbol y frente a su dirigencia. Las preguntas de rigor que me permitirán desarrollar algunos puntos respecto al estado de nuestro fútbol tienen este orden: ¿Cuántos años tiene Rafael Esquivel al frente de la Federación Venezolana de Fútbol? Esta primera cuestión nos pone en un dilema, adicionalmente deja en evidencia otros asuntos. Por una parte tenemos a un dirigente entronizado en las entrañas de nuestro fútbol y que ha sido señalado de supuestos actos de corrupción (ver el caso de Delujo Promociones y las entradas de la Copa América Venezuela 2009 y del Centro de Alto Rendimiento ubicado en Margarita, estado Nueva Esparta; el terreno donde se construye este centro de entrenamientos, dicen algunos entendidos, es propiedad de Esquivel).

Todo ello tiene un correlato que no se debe soslayar al momento de hacer los análisis, y es que le máximo organismo del fútbol mundial, la FIFA, ha estado inserto en debates y controversias nada más y nada menos que por actos de corrupción a todos los niveles. Los señalamientos de sobornos, partidos arreglados, árbitros comprados, entre otros, apuntan a los máximos jerarcas de esa institución, Joseph Blatter a la cabeza. Blatter acaba de ser reelecto como presidente del máximo organismo futbolístico; no sin entrar, una vez más, en rumores de corrupción (hay que recordar que desde su elección, fuertemente cuestionada por supuestos actos de soborno, el actual presidente de la FIFA no  ha dejado de ser señalado por periodistas y entendidos del fútbol como un personaje “oscuro”, que mueve intereses trasnacionales importantes). Todo eso va en paralelo con las denuncias de corrupción en contra de los directivos de las Federaciones de Fútbol Suramericanas. La connivencia está servida, por omisión directa se va configurando un estado de complicidad que no hace más que perjudicar a la esencia misma del fútbol: futbolistas y fanaticada, las dos grandes víctimas de este panorama complejo y urdimbres oscuras.

Los periodistas deportivos en el país se hacen los “locos” y no entran a debatir (salvo honradas y escasas excepciones), por la calle del medio y sin tapujos, hechos puntuales como: las más de dos décadas que tiene Esquivel al frente del fútbol venezolano. No reflejan en un análisis descarnado y con adjetivaciones de por medio cosas como la adquisición del terreno para la construcción del Centro de Altos Rendimiento, en Margarita. Deberían ocuparse de hacer periodismo deportivo de investigación y llegar a las últimas consecuencia de este sonado caso (el hecho de que sea sonado no quiere decir que haya tenido una debida atención por parte de los medios y periodistas). Los periodistas deportivos nunca cuestionaron (el término cuestionar no debe ser negativizado de entrada, éste tiene que ver con poner en cuestión algo, ponerlo en el circuito de la discusión y el debate) la designación de César Farías al mando del seleccionado nacional, sobre todo porque no se hicieron las preguntas primarias: ¿Cuántos títulos había ganado el joven entrenador en el fútbol de Primera División en Venezuela? ¿Qué experiencia tenía antes de asumir las riendas del seleccionado Vinotinto?

El fútbol-show también domina en muchos sentidos en nuestro país. No digo que Farías no tenga condiciones para dirigir al seleccionado de mayores, lo que digo es que no se hicieron, por lo menos no fue un debate en el ágora futbolística pública venezolana, las suficientes problematizaciones y discusiones en este punto tan vital para el futuro de la selección. Asumo el debate de forma frontal: a saber, todos los seleccionadores que antecedieron a Farías en el cargo de seleccionador de fútbol de mayores, tuvieron un palmarés, un recorrido, tenían tras de sí algún campeonato en Primera División, algún recorrido previo que era reconocido por la comunidad futbolística nacional o internacional; tal es el caso de Luis Mendoza, Rafa Santana, Víctor Pignarelli, Omar “Pato” Pastoriza o Richard Páez, entre otros;  todos tenían un nombre, bien sea como jugadores o como técnicos, algunos en ambos extremos. Lo cierto era que existía un peritaje, un andar sobre el balompié venezolano.

El fútbol-show hizo su trabajo e hizo que un relativamente desconocido César Farías, quien otrora había dirigido el equipos sub-20 de Nueva Cádiz, en Cumaná  y posteriormente al Nueva Cádiz en Segunda División, ascendiera de forma meteórica hasta llegar al seleccionado nacional mayores sin tener ni un  solo palmarés importante en Primera División. Ese salto cuántico se da a razón de unos medios masivos que lograron posicionar en la  subjetividad futbolera nacional un nombre (cual refresco que se publicita): “el joven entrenador César Farías”, “la promesa del fútbol nacional”, entre otros dispositivos semántico-afectivos que lograron calar en el endeble espíritu futbolero venezolano. Se vendió así a la “joven promesa”, al “salvador del fútbol nacional”; se ensalzó a más no poder su figura, iniciaba así un proceso de farandularización de nuestro balompié, pero sin reales resultados a nivel internacional. Farías, a su llegada a Nueva Cádiz, ya tenía una base de jugadores formados bajo las líneas de Pedro Ramón Guevara y éste a su vez fue pupilo de Félix “Lalito” Velásquez. Esa camada de jugadores ya venía formada de las divisiones inferiores. Muchos de esos jugadores representaron a Sucre en los Juegos Deportivos Nacionales Juveniles de 1995. De tal manera que Farías toma a un grupo de noveles jugadores ya  formados y con ellos logra un par de campeonatos en la categoría Sub-20 y posteriormente en la Segunda División. De allí en adelante no hubo ningún campeonato más para el joven entrenador cumanés, ni en Primera División ni en ninguna otra categoría.

Dato interesante, con ánimos de poner “sazón” al debate y polemizar. Daniel Farías es el novel entrenador del Deportivo Anzoátegui, hermano de César Farías, casualmente tampoco tiene mayor peritaje en nuestro balompié rentado de Primera División. Sería interesante “jalar la cuerdita” y ver cómo llega este joven a la dirección técnica de ese club. El asunto acá es tratar de entender cómo los Farías ascienden de forma tan vertiginosa a esos espacios tan importantes del fútbol nacional, sobre todo si analizamos la hoja de vida de ambos. “Algo huele mal en Dinamarca” para hablar en lenguaje hamletiano. Un periodismo deportivo serio no haría largos silencios ante estas obviedades. Es cierto, si la alta dirigencia del Deportivo Anzoátegui decide que sea este joven entrenador quien dirija a su primer equipo, eso es asunto de esa dirigencia; sin embargo es menester del periodismo deportivo señalar ciertas regularidades, ciertos procederes análogos respecto a los Farías y su vertiginoso ascenso dentro del fútbol nacional. ¿No sé en qué país del mundo, un joven entrenador llega a dirigir en Primera División sin tener ningún tipo de peritaje que valide su nombramiento al frente de un club en la máxima categoría del fútbol? ¿No sé en qué país del mundo un técnico llega a dirigir la selección de mayores sin haber ganado algún campeonato en Primera División o por lo menos tener un recorrido comprobado dentro del balompié rentado a nivel nacional o internacional?

Otras preguntas tendría este orden: ¿Por qué el club que más ha aportado para estas últimas convocatorias a la Vinotinto es, casualmente, el Deportivo Anzoátegui? Sobre todo tendríamos que analizar factualmente que el Deportivo Anzoátegui quedó de 7° lugar  en el campeonato 2010-2012 ¿Qué pasó con el Deportivo Táchira y sus jugadores, por qué no hay jugadores de ese club en las últimas convocatorias al seleccionado nacional? ¿Por qué fue convocado a última hora el “Chiqui” Meza? ¿Por qué los últimos partidos de la Vinotinto en casa han  sido, casualmente, en Anzoátegui? ¿Qué pasó con Pueblo Nuevo u otras plazas futbolísticas importantes del país donde otrora jugaba la Vinotinto?

Ahora bien, hablemos de supuestos, simulacros y coartadas futbolísticas. Los últimos tres partidos del seleccionado nacional son piezas que deben ser finamente analizadas. En primer lugar la convocatoria al patriotismo futbolístico ya es un hecho (¿Cómo no serlo, es el equipo nacional?); como nunca la mediática privada de señal abierta nacional ha logrado conectar a la gente con la Vinotinto, pero no con el fútbol rentado. ¿Cuántos canales de TV privada de señal abierta trasmiten el fútbol rentado nacional? De tal manera que la mediática tradicional ha logrado vitalizar a la Vinotinto, la ha posicionado con estrategias de mercadeo bien planificadas, eso es plausible en muchos sentidos, aunque estaría mejor si ese mismo ímpetu publicitario lo orientaran a todo el fútbol nacional y no solamente a la Vinotinto, que al fin y al cabo son los campeonatos locales y los respectivos clubes de Primera y Segunda División quienes aportan los jugadores a la Vinotinto. La pregunta es: ¿Por qué la mediática tradicional privada no le da el mismo apoyo al fútbol nacional? ¿Acaso la única expresión del fútbol nacional es la Vinotinto? Esas preguntas también deben hacérselas los entendidos en la materia. Los distanciamientos en cuanto al apoyo mediático privado a la Vinotinto y al fútbol rentado son realmente abismales.

Volviendo a los tres últimos partidos de la selección nacional de mayores. ¿Quiénes eran los contrincantes? En primer lugar Guatemala. Era previsible un buen juego contra el equipo centroamericano, de hecho quienes conocemos algo de fútbol, sabíamos de ante mano que ese era un partido en el cual el seleccionado nacional tenía grandes opciones de salir triunfante, como en efecto sucedió. Contra España, que jugó a media máquina, sabíamos que la derrota era inminente. Tal cual, el resultado así lo expresó. Finalmente el seleccionado de México, nada de “Chicharito” Hernández ni de Andrés Guardado, sino una selección sub-22 fue la que salió al ruedo, también era previsible el desenlace del partido, se podía más o menos intuir algún resultado. ¿Por qué no buscar un partido contra Uruguay, Paraguay o Colombia, eso por no  citar a Argentina o Brasil? Bien mirado, y para los que saben de fútbol, ¿acaso no sospechaban estos resultados? ¿Por qué el efectismo de traer a jugar a una selección española y no jugar con un potencial rival en la Copa América como Paraguay o Uruguay? Cuestiones de la Federación Venezolana de Fútbol. Sentido común: “Tú sabes, hay que mantener la expectativa, un par de victorias, aunque sea a Guatemala y a un México sub-22, eso mantiene la efervescencia, el patriotismo futbolero por la Vinotinto está despierto, ya los medios lograron el trabajo; España no importa, sabíamos que perderíamos con el Campeón del Mundo, pero en fin, de 3, ganamos 2; eso es positivo por donde lo mire”.

Eso ayuda a mantener la expectativa, la esperanza en un proyecto. Si de verdad hubiese proyecto bien planificado, se apoyaría de manera más efectiva al fútbol rentado y a las divisiones inferiores de nuestro balompié. Tendríamos que ver cómo se traduce eso en la realidad de nuestro fútbol nacional. La FVF es aparencialmente diligente para gestionar los asuntos de la Vinotinto, para publicitar hazañas, para apelar al patriotismo futbolero, pero no hace un esfuerzo similar por fortalecer nuestro fútbol rentado ni nuestras divisiones inferiores.

No creo que estos tres últimos partidos hayan sido un buen calibrador para evaluar a nuestra selección. Creo que de cara a la Copa América se debieron buscar rivales de mayor envergadura, no es que España no lo sea, pero no vamos a enfrentar a una selección como la española. En relación a los otros dos seleccionados escogidos para jugar (Guatemala y México sub-22) siento que no representaban mayores complicaciones para nuestro seleccionado nacional, creo que si en verdad queremos lograr posiciones de vanguardia en la Copa América, los rivales debieron ser otros, rivales que en verdad representaran desafíos para el seleccionado nacional.

No obstante el sentido común futbolero estará contento y, de seguro, más de uno pensará que llegaremos a la final de la Copa América. Es extraño, pero esta pasión futbolística despertada en el país es bien atípica, ello no quiere decir que esté mal, lo que me llama la atención es que la gente se engancha de la Vinotinto como si fuese una moda, un producto, pero y qué pasa con el balompié rentado, con las condiciones laborales de nuestros jugadores en todo el fútbol profesional venezolano; que pasa con la nómina de los equipos, con la seguridad social de los jugadores; qué pasó con Chipi Salazar que murió solo después de brindarle tanto al fútbol sucrense y nacional. ¿Dónde está la Federación Venezolana de Fútbol para encargarse de los jugadores y de sus precarias condiciones laborales? Tal vez pocos conozcan esta información, pero la mayoría de los clubes de Primera y Segunda División tienen presupuestos deficitarios, en la mayoría de los casos, casi nunca hay para cancelar los sueldos de los jugadores y cuerpo técnico de los clubes nacionales. Uno se fija en la Vinotinto, pero no ve, ni de reojo, lo que pasa en el patio nativo, ahí donde se “bate el cobre” real de nuestro balompié. ¿Qué dicen los medios privados de señal abierta al respecto? A veces un mustio comentario de algún periodista, una anécdota mínima, una glosa pasajera y frugal; pero eso sí, muy proclives a engordar informaciones cuando son funcionales al negocio, mientras que invisibilizan otras cuando no son rentables o incomodan a ciertos jerarcas de nuestro fútbol.

Es momento de dar grandes virajes, siempre apostamos a nuestra selección, siempre estaremos atentos a lo que pasa con nuestros jugadores, sobre todo por el pundonor que éstos muestran ante  tanta desidia federativa instalada en la estructura de nuestro fútbol. En todo esto, los jugadores son la nobleza personificada, son baluartes sin par que a pasar de la adversidad salen domingo a domingo a jugarse la “vida” por su oncena; lamento que la Federación no esté a la altura de los jugadores, para parafrasear a “Miku” Fedor, quien en un arranque de valentía y pundonor dejó esta frase en el aire: “Los jugadores venezolanos hemos crecido, pero los directivos se han quedado atrás” y sobre la cual no se ha discutido suficientemente. Al fin y al cabo, yo me quedo con el fútbol, con los jugadores y la fanaticada, no con quienes han hecho del fútbol un negocio orondo y redondo. Hay que cambiar, salir de los típicos acomodos de los federativos, de las piruetas políticas que hacen los dirigentes de nuestro fútbol y saltan de blanco-verde a rojo-rojito sin mayor empacho. El fútbol, los futbolistas y la fanaticada se merecen respeto.

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Johan López


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