La Verdad sobre la Inflación en Venezuela



Un amigo me sugirió, recientemente, que escribiera sobre algunos de los
indicadores que reflejan el estado de "la salud” de la economía en
Venezuela.

Decía él, que según los medios de comunicación, la situación económica
que atraviesa el país es la peor de la historia republicana. Se necesita
sólo un poco de memoria para saber que eso no es cierto, pero uno carece
de la información necesaria para rebatir la conseja, agregó con
preocupación.

Hace falta que comunicadores serios, le informen de manera didáctica al
país la verdadera situación. Que no oculten la verdad, pero que tampoco
manipulen la información o echen a circular medias verdades.
Acepté el reto que el amigó me lanzó y decidí, en consecuencia, escribir
una serie de artículos, de los cuales este es el primero, para ir
“tocando” en ellos cada uno de los indicadores que mejor reflejan la
realidad económica del país.

Iniciamos la serie con el tema de la inflación, porque es quizás el
fenómeno económico que más afecta la población.

Negar que en Venezuela la inflación es alta, me colocaría de inmediato en
la misma posición de quienes descaradamente manipulan información, para
alimentar rencores y crear incertidumbre.

Los venezolanos somos víctimas de la inflación. Millones de compatriotas
se han empobrecido como consecuencia de los niveles a los que ésta ha
llegado.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la inflación no es
consecuencia de uno o dos errores cometidos por un gobierno. Ella es
producto de toda una política económica, mantenida a lo largo de varios
años. De igual manera, para reducir la inflación a un nivel “decente” es
necesario desarrollar, a lo largo de varios años, una política destinada
a tal fin. No existen en economía los milagros. Esto significa, que quien
quiera evaluar, seriamente, lo resultados de la política económica de un
gobierno; en lo que a control de la inflación se refiere, debe
considerar la tendencia del fenómeno durante el período y compararla con
los resultados de otros gobiernos. Sólo de esa manera sabremos si la
situación mejora o empeora; lo demás es un manejo interesado de la
información.

Hagamos, pues, ese trabajo. Pero antes, aclaremos al lector el concepto
de inflación promedio que utilizaremos a lo largo de esta nota,
Supongamos que usted compra un artículo el primero de enero de un año
cualquiera, a un precio de 1000 Bs. Si la inflación de ese año es de 50
%, el 31 de diciembre, ese mismo artículo le costaría 1500 Bs.
Ahora, si al año siguiente la inflación alcanzara un valor de 50 %, dicho
articulo llegará a costar 2250 Bs. Esto significa que en dos años, el
producto en cuestión habrá incrementado en un 125 % su precio. Este
incremento dividido entre los dos años en los que ocurrió, nos da como
resultado una inflación promedio de 62.5 %; cifra esta que representa el
verdadero impacto en el consumidor.

Aclarado el concepto, entremos en materia.
Los venezolanos no conocieron los efectos de la inflación durante la
dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. De hecho, en el periodo 1951-
1957 los precios variaron a razón de 0.75 % anual.

Esa inflación promedio, se duplicó en el gobierno de Rómulo Betancourt al
llegar a 1.5 %; pero, seguía a niveles que bien podrían calificarse de
excelentes. Recuerde que habíamos dicho que la inflación aparecía como
consecuencia de una política de varios años, y no como un echo aislado.
Ya para el primer gobierno de Rafael Caldera, la inflación se había
quintuplicado, y aún cuando los niveles seguían siendo buenos (3,63 %
promedio anual) la tendencia era alcista y por lo tanto preocupante.
Así llegamos al quinquenio de Carlos Andrés Pérez. En él, los venezolanos
vimos por primera vez una inflación anual de dos dígitos. Ese gobierno se
inició en 1974 con una inflación de 11.8 % y terminó con una inflación
promedio de 9.86 %, la cual era casi tres veces, la alcanzada en el
gobierno que le precedió.

La tendencia alcista no se quebró en el gobierno de Luis Herrera Campins.
En su gestión, la inflación promedio se ubicó en 16,7 % y por primera
vez los venezolanos vivimos un año con una inflación superior al 20 % (
1979).

Ya para finalizar esa gestión de gobierno, la situación económica del
país tenía una orientación clara: la inflación empobrecería a millones de
venezolanos, especialmente a los de la clase media.

En ese quinquenio, se continuó con la misma política económica de los
gobiernos anteriores; obteniendo como resultado una inflación promedio,
para el periodo, de 16.7 % anual.

Jaime Lusinchi redondeó la faena y obligó a los venezolanos a recordar
con nostalgia aquella inflación de un dígito. A 34.1 %, promedio anual,
fue llevada la inflación en esa nefasta gestión.

Para entonces, la economía venezolana había colapsado y todo hacía prever
que una espiral inflacionaria llevaría a los venezolanos a niveles de
pobreza jamás soñados.

Los segundos gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera no fueron
sino la confirmación de esa tesis.

Inflación promedio anual de 104.5 y 194.3 % respectivamente, lograron
sumir al país en una crisis terrible cuya salida tendría que tomar varios
años.

Seguro estoy, que estas cifras sonarán increíbles a los oídos de algunos.
Pero usted mismo puede corroborarlas, tomando, por ejemplo, la inflación
de cada año en el periodo de Caldera y calculando la inflación promedio
anual, en la forma que ya expuse. Esas cifras son: 70,8 % en 1994; 56.6
% en 1995; 103,2% en 1996; 37,6% en 1997 y 30 % en 1998.

Está claro, entonces, que la inflación es un fenómeno que viene
afectando la economía venezolana y por supuesto a los hijos de esta
tierra, desde 1979. Gobierno, tras gobierno la situación no hizo sino
empeorar.

Con este problema acuestas arribamos al gobierno de Hugo Chávez.
Se puede ser afecto o no a este gobierno, pero si escribimos como
técnicos; estamos obligados a llamar las cosas por su nombre. Los
resultados que en esta área ha obtenido el gobierno actual son
completamente opuestos a la matriz de opinión que han intentado crear
unos medios de comunicación, apoyados en la opinión de economistas de
pacotilla.

El periodo 1999 – 2004 es el único en la historia democrática del país en
el que se ha logrado revertir la tendencia alcista de la inflación. En
el primer año de ese periodo (1999) la inflación se redujo a 20%, lo que
representó el índice más bajo de los últimos 20 años. En el 2000 los
resultados fueron mejores aún , pues se finalizó con una inflación 13,4 %
lo que hacía presumir que en los primeros años del siglo XXI la inflación
dejaría de ser un dolor de cabeza para los venezolanos.

El año 2001 no hizo sino confirmar esta tesis, pues la inflación continuó
cayendo, para finalizar en 12,3 y poner a los venezolanos a soñar con una
inflación de un solo dígito; pues aquella terrible inflación promedio de
194,3 % heredada del gobierno de Caldera, había sido reducida en los tres
primeros años de gobierno a 17, 6% .

Sin embargo, todos sabemos lo que ocurrió en Venezuela a partir de
diciembre de 2001. Una oposición irresponsable y enloquecida convocó a
dos huelgas generales, dio un golpe de Estado, saboteó la industria
petrolera, planificó guarimbas, promovió un nuevo alzamiento militar,
acaparó los alimentos, realizó compras masivas de dólares y desató una
campaña internacional destinada a desalentar a los inversionistas
extranjeros. Los resultados no pudieron ser peores para la economía
nacional; todo el esfuerzo realizado de 1999 al 2001 para reducir la
inflación se perdió irremediablemente y tuvimos un 2002 con inflación de
31.2 % y un 2003 con 27%.

Resulta más que evidente que la estrategia de la oposición venezolana era
crear una crisis económica que desencadenara en una crisis política que
obligara al Presidente a abandonar el gobierno. Sin embargo, éste superó
la crisis y encamina al país hacia una estabilización económica.

La inflación de 20 % en 2004 y la reducción de la inflación promedio de
194,3 % a 34,2% evidencia el éxito del gobierno de Hugo Chávez en esta
materia, pues resultados como esto no son la consecuencia de un milagro
de un golpe de suerte.

El negarlo sólo tiene dos explicaciones: ignorancia o manipulación.


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