La vida de la Revolución Cubana no es vida prestada

Fidel: ¡Pero ahí está él, y estará!

La vida de la Revolución Cubana no es vida prestada, es vida que nació de la entraña de nuestro pueblo

Ante un nuevo aniversario del nacimiento de Fidel, esta vez el octogésimo sexto, muchos son los comentarios y análisis que pueden hacerse en torno a su vida, su obra y sus ideas.

Sin embargo, en un día especial como éste, prima un sentimiento de nostalgia, como algo íntimo que recorre nuestro ser, por el hecho de que últimamente, tal vez ocupado y trabajando en aspectos fundamentales de sus Memorias u otros quehaceres, nos falten noticias y echemos de menos sus Reflexiones sobre variados temas de nuestro tiempo.

En esta ocasión quiero referirme a algunas de las ideas sustentadas por Fidel en el discurso pronunciado en el acto de clausura del Congreso Latinoamericano de Juventudes, el 6 de agosto de 1960, a pocos días para sus 34 años de edad.

El Congreso contó con las representaciones de la juventud de los pueblos de América Latina, y se había iniciado pocos días después del acto conmemorativo del 26 de Julio, celebrado en Las Mercedes, Sierra Maestra.

En este acto ocurrió el hecho singular de que Fidel perdiera momentáneamente la voz, y por un instante Raúl tomó la palabra, y entre sus ideas, expresó las palabras que dan título al presente artículo. Y además este discurso de clausura tiene una trascendencia particular porque en el mismo Fidel dio lectura a la larga lista de compañías y empresas norteamericanas que habían sido nacionalizadas según la ley correspondiente.

Ante los representantes de la juventud continental, Fidel esbozó inicialmente esta idea: “lo malo de América no es ningún pueblo, sino que lo malo de América es el sistema implantado al pueblo norteamericano y al pueblo latinoamericano por el imperialismo yanqui.”

Y Fidel continuó hablando de los destinos frustrados de nuestra América, y acto seguido introdujo el tema de la revolución. “Para nuestro pueblo y para ustedes los delegados que nos visitan, porque tanto lo que vemos nosotros, como lo que ven ustedes, es nuevo para ambos; para ustedes es nueva una revolución en este continente y para nosotros es nueva esa unión, es nueva esa solidaridad y no solo es nueva, sino que para nosotros esa unión, esa solidaridad y esa presencia es la vida misma de la Revolución que ustedes están viendo”

“Pero, ¿es que se había podido concebir una revolución en América? ¡No! Las revoluciones en América estaban proscriptas, las revoluciones en América estaban prohibidas; estaban prohibidas de hecho, y hasta de derecho. El hecho de la dominación material y el derecho que había implantado el imperio en este continente.”

Luego tipifica la esencia revolucionaria de los sectores mayoritarios de nuestros pueblos y las razones para ello. “Los obreros explotados por razón social y económica fundamental son revolucionarios; el campesino hambriento y sin tierra es también, necesariamente, revolucionario; el hombre joven es, por temperamento, revolucionario; todo pueblo explotado, toda clase social explotada son, por naturaleza, revolucionarios. Pueblos explotados y clases sociales explotadas tenían que ser, necesariamente, revolucionarios. El germen de la revolución estaba en la realidad social y económica de América.

Sin embargo, ¿qué derechos tenían nuestros pueblos a hacer revoluciones? Ninguno, porque el derecho a hacer revolución, es decir, el derecho a romper las cadenas es un derecho inmemorial de los hombres; el derecho a destruir la injusticia, el derecho a suprimir la explotación, es un derecho inmemorial de los hombres. Ese derecho estaba impedido no solamente por las fuerzas represivas que, en el interior de cada una de nuestras fronteras, impedían la más mínima manifestación de inconformidad, de rebeldía y de protesta.

Si esto no es el pueblo, si el hombre que trabaja, si el hombre honesto, si el hombre que quiere a su patria, si aquel ciudadano que quiere luchar por ella y está dispuesto a morir por ella, si ese ciudadano que lo da todo, si ese ciudadano generoso, si ese que practica las virtudes verdaderamente humanas de hermandad y de comprensión entre los hombres, de solidaridad y de amor, si ese no es el pueblo, ¿qué es el pueblo?

Porque el problema de Cuba no es solo el problema de Cuba; el problema de Cuba es hoy el problema de toda la América Latina, pero no solo de la América Latina; el problema de Cuba es el problema del negro del sur de Estados Unidos; el problema de Cuba es el problema de los “espaldas mojadas” que trabajan en la zona fronteriza con México; el problema de Cuba es el problema del intelectual progresista de Estados Unidos, es el problema del obrero norteamericano, del campesino norteamericano y también del pueblo norteamericano

Ustedes, jóvenes representativos de la América Latina, ustedes deben saber que las revoluciones estaban prohibidas en América

Revolución quiere decir destrucción del privilegio, desaparición de la explotación, creación de una sociedad justa donde los hombres perciban el fruto de su esfuerzo, donde las naciones perciban el fruto de sus riquezas naturales, y que los hombres vivan de su trabajo, y que sin trabajar solo vivan los que no puedan valerse por sus brazos, o los que son demasiado ancianos, o los que son demasiado jóvenes para producir.

Ustedes que quieren revoluciones, que quieren que sus patrias dejen de ser juguetes del imperio, que quieren que sus gobiernos dejen de ser títeres del imperio, que quieren justicia en América, que quieren libertad en América, que quieren dignidad en América; ustedes han de saber que las revoluciones están prohibidas en América, porque para prohibir revoluciones el imperio tiene los ejércitos mercenarios, las misiones militares, los gobiernos títeres, la prensa vendida, la UPI, la AP, los convenios colectivos suscritos a la cañona, y los pactos bilaterales suscritos a la fuerza, con gobiernos que no representaban el sentir de los pueblos. Para combatir revoluciones tienen la OEA, para combatir revoluciones tienen a los títeres, tienen a los dictadores, tienen las cancillerías vendidas, para prohibir revoluciones; y en cuanto en cualquier país de América tenga lugar una revolución que se decida a arrebatarles de una vez la tierra a los grandes latifundistas, a las grandes compañías extranjeras; a ponerles impuestos a las minas, o a recuperar el subsuelo del país, el petróleo, o el estaño, o el cobre, o cualquier mineral; en cuanto quieran tener una economía propia, en cuanto quieran liberarse, en cuanto quieran desarrollarse económicamente, en cuanto quieran convertir los cuarteles en escuelas; en cuanto expulsen una misión militar norteamericana, que son misiones de espías que están allí cumpliendo órdenes del Pentágono; en cuanto proclamen los derechos soberanos de la nación, comenzarán las presiones. Primero son las presiones, después las amenazas, después las agresiones, y después la OEA. ¡Para eso tienen la OEA!

(…) Porque Cuba lo que hace hoy es recoger la bandera de América, la bandera de Bolívar, la bandera de Sucre, de San Martín, la bandera de Juárez y de Sandino, la bandera de los hombres dignos de América, la bandera de la dignidad de América. Cuba lo que hace hoy es rebelarse contra el coloniaje yanki, como ayer se rebelaron ellos, en Venezuela, o en México, o en Argentina contra el coloniaje de España. .

(…) La vida de la Revolución Cubana no es vida prestada, es vida que nació de la entraña de nuestro pueblo, vida que se alimenta de esa entraña de pueblo, vida vigorosa, vida indestructible; porque por encima de todos esos quehaceres yankis, por encima de todas esas maniobras, por encima de esos planes, hay una realidad viviente aquí, en nuestra isla, que para destruirla, ¡tienen que destruir la isla!

Y la Revolución Cubana que nació sin permiso de Washington —sépalo Washington—, que nació sin permiso de la OEA —sépalo la OEA—, seguirá viviendo, a pesar de Washington y a pesar de la OEA. Seguirá viviendo, porque estamos decididos a que siga viviendo. Seguirá viviendo, ¡porque los hijos de Cuba estamos dispuestos a morir para que la patria siga viviendo! Y seguirá viviendo, seguirá viviendo, ¡porque contamos con la solidaridad de los trabajadores, los estudiantes, la juventud, de los intelectuales y los campesinos de América! Y seguirá viviendo, ¡porque contaremos con la solidaridad de todos los pueblos explotados del mundo! Y seguirá viviendo, ¡porque contaremos con la solidaridad de todos los pueblos liberados del mundo!

Y no solo vivirá, sino que la Revolución será realidad en América, no porque lo queramos nosotros; sino porque las realidades de América engendran la Revolución de América, como las realidades de Cuba engendraron la Revolución de Cuba, ¡a pesar de los yankis!

Las realidades de América engendrarán la revolución de América, a pesar de la OEA y a pesar de los yankis. Y si los yankis intentan destruir la Revolución Cubana por la fuerza, ¡no encontrarán aquí su Guatemala, sino que encontrarán aquí su Waterloo!”

En abril de 1961 los yanquis y sus mercenarios pudieron comprobar la certeza de lo dicho por Fidel, al producirse la derrota de la invasión y producirse la victoria aplastante de Girón.

Y continuó Fidel con algo que está aún vigente: “Cuando quieran discutir que vengan a discutir de igual a igual. Cuando quieran discutir que vengan a discutir aquí, con un país que ni se rinde ni se vende. Y desde luego, no sueñen jamás que Cuba podrá volver a su carro, que Cuba podrá volver a su círculo de títeres. ¡Cuba jamás volverá a ser lo que fue! ¡Cuba jamás le hará el juego a los intereses del imperio yanki! Cuba estará siempre al lado de los pueblos oprimidos; Cuba estará siempre al lado de los pueblos que no explotan a otros pueblos; Cuba no estará jamás al lado de las castas de privilegiados; Cuba estará siempre junto a los humildes, ¡Cuba estará siempre junto a los amigos de los humildes!”

Y finalmente Fidel recalca un compromiso solidario con los pueblos hermanos que se ha materializado de muchas formas a lo largo de más de cincuenta años.

“Ustedes han de saber, cuando se vean perseguidos, que aquí en Cuba, aquí hay millones de brazos hermanos que los esperan; han de saber que aquí en Cuba tienen también su patria, y que aquí en Cuba los hogares de los hijos de nuestro pueblo son también los hogares de ustedes. Y que cuando dentro de las fronteras de la patria los esbirros al servicio del imperio explotador los quieran privar de la patria, aquí tienen patria, aunque el deber de todos es luchar, allá o aquí. América es una sola: campo de lucha por la libertad, campo de lucha por la dignidad y por la justicia. Aquí o allá, todos tendremos que decir también "¡Patria o Muerte!"; aquí o allá todos diremos a la larga: "¡Venceremos!", ¡y venceremos!”

Pienso que en ocasión de este cumpleaños, estos fragmentos que recogen ideas cardinales de Fidel de hace cincuenta y dos años, pueden constituir un homenaje sui géneris, por reflejar fielmente la realidad cubana y latinoamericana durante este lapso histórico. Y lo que expresó como anuncio siguiendo la lógica de la historia, está plasmado en las transformaciones que han ocurrido y ocurren en nuestra América.

Y hoy será un motivo más para el regocijo, porque Fidel está ahí y estará acompañándonos con su presencia imprescindible y su aliento incansable.

wilkie.delgado@medired.scu.sld.cu



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Wilkie Delgado Correa


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