Imperialismo en Agonía: El Bombardeo como confesión (crónica de la desesperación y la resistencia)

Domingo, 04/01/2026 02:40 AM

Un testimonio desde el epicentro de la agresión

Prólogo: El Cráter y la Confesión

La teoría encontró su cráter. La desesperación analítica se volvió humo de explosivos y silencio de muertos. Mientras el Caribe parecía sostenerse en la tensión calculada de la "calma estratégica", la agonía del imperio saltó el tablero. Aviones de combate de los Estados Unidos bombardearon suelo venezolano. El objetivo declarado: secuestrar o asesinar al Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. El resultado real: víctimas civiles y militares cuyo número el duelo aún cuenta, infraestructura destrozada, y la violación más obscena de la Carta de la ONU y de la soberanía de un pueblo.

Este texto ya no es solo un análisis. Es una crónica escrita desde el epicentro de la confesión final. El bombardeo no es un "giro en los acontecimientos". Es la materialización necesaria de todo lo que veníamos diciendo: un orden mundial basado en la unipolaridad y el mito de la virtud imperial, al verse acorralado por su propia irrelevancia y la firmeza de sus adversarios, no tiene un plan para el futuro. Solo tiene guiños para reciclar los peores fantasmas del pasado. Y el peor de ellos es el ataque directo, la guerra de agresión no declarada. Con este acto, Estados Unidos no ha demostrado fortaleza. Ha firmado, con fuego, su acta de defunción como árbitro legítimo de nada. Ha cambiado para siempre la naturaleza de la resistencia.

I. La Anatomía de la Agonía: Del Cálculo al Crimen

La desesperación imperial no es caótica. Es metódica. Sigue una escalera lógica que, al quebrarse cada peldaño, conduce al abismo.

El primer peldaño fue el Cálculo del Espectáculo. Donald Trump, acorralado por tribunales y una reelección incierta, necesitaba un clip televisivo, no una guerra. La Flota Sur fue la escenografía para un "gran espectáculo" de baja intensidad. Buscaba la reacción histérica que justificara el titular del "hombre fuerte". Chocó con la doctrina venezolana de la "calma, cordura y nervios de acero". La frialdad desarmó la propaganda. La no-reacción fue el contraataque perfecto. El espectáculo fracasó.

El segundo peldaño, el Cálculo del Casus Belli, fue más cínico. Al fallar el drama, se recurrió al mapa viejo: el Esequibo. La narrativa se reescribió: de territorio robado por el colonialismo británico a "amenaza venezolana a un pequeño aliado". La embajadora estadounidense garantizaba protección a ExxonMobil; el senador Marco Rubio pre-anunciaba un "día muy malo". Era el guion de Irak y Siria: crear la víctima, identificar al agresor, posicionarse como sheriff. Pero este cálculo subestimó la memoria histórica latinoamericana y la solidez del Acuerdo de Ginebra de 1966. El casus belli fabricado era demasiado obvio, demasiado lento.

El tercer peldaño fue el Cálculo del Robo. Cuando la narrativa y la provocación se agotaron, se optó por la acción directa… pero aún comercial. El abordaje y confiscación del carguero "Petróleo Soberano" fue un acto de piratería del siglo XVI en el XXI. Fue la renuncia a todo pretexto sofisticado. El pirata que exige ser tratado como sheriff. Este robo, sin embargo, era un mensaje limitado: mostraba impunidad, pero no quebraba la voluntad nacional. Era el preludio de algo peor.

El cuarto y último peldaño es el Cálculo del Terror Directo: el bombardeo. Este no es un peldaño más. Es el salto al vacío. Es la admisión de que todos los cálculos previos —el espectáculo, la farsa jurídica, el robo— han fracasado. Es la renuncia a la palabra. La creencia patológica de que una demostración de fuerza tan abrumadora, tan criminal, quebrará de una vez por todas la voluntad del adversario. Es el error de cálculo supremo, porque subestima lo fundamental: Venezuela no es un gobierno, es un pueblo que ha pasado dos décadas internalizando el asedio como condición de lucha. Un bombardeo no fractura esa memoria; la consagra. Transforma una disputa política en una causa nacional de supervivencia. Le da a la resistencia una legitimidad moral incontestable. El imperio, en su desesperación, no ha ganado una batalla. Ha creado un mártir colectivo y ha puesto a prueba, de la manera más brutal posible, la arquitectura de la resistencia que pretendía destruir.

II. La Geometría de la Resistencia: Puesta a Prueba en el Fuego Real

La "calma, cordura y nervios de acero" ha sido probada en el horno de la guerra. Hoy se llama "Duelo, Dignidad y Determinación". Y la arquitectura de tres ejes que explicaba la fortaleza está siendo sometida a su examen final.

El Eje Global (Muro de Contención) ya no puede esconderse en la retórica. Rusia, China, Irán —cuyo apoyo siempre fue un cálculo de autoprotección geopolítica— enfrentan ahora la prueba de fuego. ¿Su condena al bombardeo será una nota de prensa o se traducirá en un incremento tangible y disuasivo de su compromiso militar, económico y diplomático? Defender a Venezuela tras este ataque ya no es una opción estratégica entre otras; es la defensa del principio mismo de que un Estado soberano no puede ser bombardeado por una potencia extranjera por el "delito" de ser disidente. Si el muro cede aquí, se resquebraja en Damasco, en Teherán, en el Mar de China.

El Eje Regional (Miedo al Caos) ha visto materializarse su peor pesadilla. El "miedo al caos" ha sido sustituido por el "caos importado por avión". Para Brasil, Colombia, México, una crisis migratoria es un problema; un vecino bombardeado por una potencia extracontinental es una amenaza existencial a la seguridad de toda la región. La contención diplomática ya no basta. Este es el momento de la solidaridad activa o de la complicidad histórica. El silencio o la declaración tibia equivaldrían a dar un cheque en blanco para la próxima agresión, que podría tener otra dirección. El veto regional debe volverse una muralla.

El Eje del Catalizador Inverso opera ahora a máxima potencia. La ley no escrita de que la presión excesiva fortalece la cohesión interna enfrenta su prueba definitiva. El bombardeo es la presión máxima imaginable. ¿Logra fracturar? La evidencia inmediata apunta a lo contrario: la respuesta ha sido una movilización nacional unánime, una condena transversal (exceptuando a los externalizadores de la soberanía, de los que hablaremos). El ataque ha unido, con un cemento de dolor e indignación, a sectores que antes podían estar divididos. A nivel internacional, ha forzado a todos los actores a definirse. Es el judo geopolítico llevado al extremo: el imperio ha usado toda su fuerza para golpear, y esa fuerza está siendo usada para galvanizar una coalición de resistencia más amplia y determinada de lo que él jamás calculó.

III. La Herida Ontológica Profundizada: El Disidente, el Traidor y la Patria Bombardeada

La externalización de la soberanía —ese quiebre ontológico donde una élite política invita a la injerencia extranjera— encuentra en el bombardeo su momento de verdad definitivo. Es la línea roja que separa para siempre el disenso legítimo de la traición funcional.

Durante años, figuras como María Corina Machado, Leopoldo López y Juan Guaidó trasladaron su lucha al terreno internacional, pidiendo sanciones, bloqueos y hasta intervención. Su argumento era que cualquier medio era válido para un fin superior: el cambio de gobierno. Pero hay una distancia abismal entre pedir sanciones —que son un asedio colectivo— y enfrentarse a la realidad de bombas cayendo sobre ciudades de tu propio país.

¿Cuál ha sido la reacción de esta corriente ante el bombardeo? El silencio, la justificación soterrada o la ambigüedad calculada serían su sentencia histórica. Porque, como preguntaba el filósofo Enrique Dussel, "¿A quién dejamos fuera cuando hablamos de libertad?". Al invocar al amo extranjero para dirimir la disputa interna, esta oposición excluyó de su concepto de "libertad" al pueblo que sufriría las consecuencias. Ahora, las consecuencias tienen forma de cráter. Han excluido, en la práctica, al pueblo del derecho a la vida, a la integridad territorial, a no ser masacrado por un poder que ellos mismos ayudaron a entronizar como juez y parte. Es la culminación de la lógica colonial: la élite nativa que, para alcanzar el poder, ofrece el cuerpo de la nación como sacrificio. Su traición no es solo política; es ontológica. Niegan al pueblo como sujeto.

Frente a esto, surge con más fuerza que nunca la necesidad de una oposición que sea posible: la que critique desde dentro, con vigor, pero que tenga como lealtad última la patria bombardeada, no la cancillería del bombardero. La que entienda que la verdadera democracia no se importa en la bodega de un B-2, sino que se construye, con errores y aciertos, por el pueblo que habita ese suelo, hoy marcado por el fuego enemigo.

IV. El Mapa que Respira: La Multipolaridad Forzada a Actuar

El bombardeo a Venezuela no es un "asunto venezolano". Es un ataque al principio fundacional del orden mundial emergente: la multipolaridad basada en el respeto a la soberanía. Es un mensaje dirigido a Pekín, Moscú, Teherán, y a cada capital del Sur Global: "El que toque a mi vasallo, aunque ese vasallo sea una corporación petrolera o un gobierno títere, recibirá este mismo tratamiento".

Por tanto, la respuesta debe ser igual de global. La comunidad internacional se divide hoy no entre izquierda y derecha, sino entre quienes aceptan que una potencia pueda bombardear a otra para cambiar su gobierno, y quienes dicen "Nunca Más".

· El Sur Global observa. África, que expulsa bases francesas; Asia, que resiste la contención; América Latina, que recuerda la Doctrina Monroe, ven en Venezuela un precedente. Su solidaridad no puede ser retórica. Debe ser una coordinación concreta en foros, una defensa jurídica agresiva, una resistencia económica.

· Los BRICS+ dejan de ser un club de inversiones. Este es su bautismo de fuego. Demostrarán si son un contrapolo geopolítico real o solo una sigla conveniente.

· La ONU está en su hora más crítica. O actúa para condenar, aislar y sancionar al agresor (revirtiendo las perversiones de su propio sistema), o se confirma como la casa funeraria del derecho internacional, donde se velan los cadáveres que el más fuerte produce.

Conclusión: Después del Bombardeo, Solo la Lucha

El humo se disipará. Los cráteres serán cubiertos. Pero la conciencia de lo sucedido quedará grabada a fuego en la memoria colectiva de Venezuela y del mundo. El imperio ha confesado, con un acto de terror de Estado internacional, su bancarrota moral y estratégica. Ya no hay hegemonía, solo hay hegemón. Ya no hay liderazgo, solo hay vandalismo con bandera.

La "calma del Sur" ha muerto, pero ha dado a luz a algo más potente: la "determinación militante del Sur". La defensa de Venezuela es ahora, de manera literal y sangrante, la trinchera avanzada en la batalla por un mundo multipolar donde la soberanía no sea un privilegio del fuerte, sino un derecho inalienable de todos.

Nos han bombardeado. No nos han doblegado. Nos han unido. Nos han mostrado, en toda su crudeza, el rostro del enemigo. Y en ese rostro, más que poder, vemos miedo. El miedo de quien, al no poder convencer, solo sabe destruir; al no poder liderar, solo sabe amenazar; al no poder ser amado, solo busca ser temido.

Pero los pueblos ya no tienen miedo. Han visto el abismo. Y han decidido construir, sobre el borde de ese abismo, su propia casa. Con errores, con esperanzas, con las manos marcadas por el trabajo y ahora por el duelo. Pero suya. Al fin, suya.

Edgardo Mijares Valecillos
Desde la aldea universitaria bolivariana, bajo el cielo que ya no es ajeno a la guerra.
Enero de 2026.

Sin más por el momento me despido. Gracias y buen día

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