Todos los interesados por la Historia recuerdan como la democrática República alemana de Weimar fue estrangulada por Hitler y los nazis después de que el Canciller Hindenburg, militarote de la vieja escuela imperialista, pero elevado por el voto popular al sillón presidencial, le entregara con un apretón de manos el gobierno de la nación.
Las consecuencias de aquel apretón de manos se vieron algo más tarde en la Segunda Guerra Mundial y en millones de muertos y heridos.
Es de suponer que los politicos deben haber aprendido algo del psado. Pero las dudas surgen cuando se lee con atención las noticias de los últimos desde que el sonriente y rubicundo Donald Trump fuera reelegido por segunda vez como Presidente.
Parece que los votantes olvidaron que Trump fue condenado en 34 puntos delictivos en los tribunales de New York. Es por tanto el primer presidente de USA juzgado y condenado por delitos. Trump comentó en su momento que aquello era una vergüenza. Y se quedó tan tranquilo.
Otra actuación de Trump fue la de sacar de la carcel, indultado, al padre de su yerno y más tarde lo envió como embajador a Francia. Allí, Charles Kushner ahora ofende al Gobierno francés y lo acusa de ser adepto a la violencia de la izquierda. Eso dice el antiguo condenado a prisión y es enviado, según Prensa Alemana, como matón a París.
NO TODO SON APLAUSOS PARA TRUMP
El presidente estadounidense Trump acababa de entrar en la sala congresual cuando el congresista demócrata Al Green comenzó a protestar: aquel senador de 78 años levantó un cartel con la leyenda «Los negros no son monos». Aludiendo a las palabras de menosprecio de Trump por ls minorías no-blancas. Varios republicanos intentaron bloquear la vista del cartel o quitárselo a Green. Finalmente, el demócrata fue expulsado de la sala.
A principios de febrero, Trump compartió en su plataforma online Truth Social un vídeo en el que se representaba al expresidente demócrata Barack Obama y a su esposa Michelle Obama como monos, un clásico recurso racista para insultar y degradar a las personas negras. La Casa Blanca intentó inicialmente justificar la publicación, que fue muy criticada. Tras una ola de indignación, la publicación fue finalmente eliminada de la cuenta de Trump. La culpa recayó sobre un empleado. Los aplausos son para Trump, los errores y sanciones para los de abajo.
LAWRENCE R. JACOBS conocido analista politico ha publicado un libro que parece venir como anillo al dedo a las acciones y discursos del vociferante Trump. El título del libro es: “La democracia bajo fuego Donald Trump y la ruptura de la historia estadounidense”.
La presidencia anterior de Donald Trump ya ofreció a los estadounidenses una grave advertencia sobre las vulnerabilidades de su democracia, pero la amenaza ahora parece ser más amplia y profunda, y sobrevuela como ave de rapiña sobre la actualidad.
El libro analiza a fondo los hechos. Y hay paralelismo y semejanza entre el ayer y el hoy de Trump como presidente.
«El 6 de enero fue una vergüenza», declaró solemnemente el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, al término del segundo juicio político contra Donald Trump, el 13 de febrero de 2021. En cuanto al culpable Trump, el senador McConnell declaró entonces que «no hay duda de que el presidente Donald Trump es responsable tanto en la práctica como moralmente». Incluso antes de que Trump se presentara a la presidencia, su desprecio por las reglas, los procedimientos y las normas de la democracia estadounidense y la Constitución de los Estados Unidos era bien conocido y llevó a destacados republicanos a repudiarlo por «inadecuado» para la nominación del Partido Republicano. Dada la clara valoración del candidato Trump, ¿por qué el Partido Republicano lo nominó como su candidato presidencial en 2016 y luego lo apoyó durante los siguientes ocho años, nominándolo tres veces?
DESCEREBRADO O DICTADOR EN POTENCIA?
Gran parte de la atención prestada al ascenso al poder de Trump se ha centrado en su personalidad corrosiva y su estilo de gobierno divisivo. Pero él solo no es el problema. La vulnerabilidad es mucho más amplia y profunda. El ascenso de Trump es la culminación de casi 250 años de reformas políticas que cedieron gradualmente las nominaciones de los partidos a pequeños grupos de activistas partidistas motivados ideológicamente, grupos de interés y donantes oligarquicos capaces de explotar el sistema de primarias más abierto que comenzó en la década de 1970.
En la edición actualizada en rústica del citado libro Democracy under Fire, el autor Lawrence Jacobs ofrece una historia muy interesante, aunque inquietante, de las reformas políticas desde finales del siglo XVIII que, con el tiempo, han debilitado peligrosamente la democracia, han ampliado la desigualdad política y las disparidades raciales, y han recompensado la polarización política tóxica. La mordaz acusación de Jacobs contra los reformadores políticos concluye con recomendaciones para frenar la ambición desenfrenada de los políticos que se nutren de la división y, en su lugar, generar una amplia participación ciudadana en la elaboración de políticas tangibles.
El libro es interesante, pero tiene poco poder frente a los intereses oligarquicos de las minorías supermillonarias que dominan los medios de información y parte de la cultura.
Es algo que hace temblar el pensar que Trump y su clique consigan quemar la democracia americana, eso sería una catástrofe mundial, no solo americana.
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