Y llegó el 28, Marco Rubio fue al senado por lana y salió trasquilado

Jueves, 29/01/2026 01:47 PM

Un mal rato pasó el cubano-americano Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, durante su comparecencia en el senado para explicar que pasó, pasa y pasará con Venezuela y cual es el plan de Trump para el país sudamericano.

Desde el inicio de la audiencia en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el tono de los senadores fue marcadamente supremacista, como si estuvieran interrogando a un subordinado en una colonia distante en lugar de a un alto funcionario de su propio gobierno.

Con preguntas cargadas de condescendencia y un aire de superioridad moral, legisladores de ambos partidos trataron a Venezuela no como una nación soberana, sino como un territorio conquistado que necesitaba la "guía civilizadora" de Washington y a Marco Rubio, como el muchacho de mandado del jefe, Donald Trump.

Rubio, por su parte, adoptó una actitud tímida y sumisa ante ellos: miradas esquivas hacia el suelo, sonrisas nerviosas que intentaban apaciguar, y tartamudeos frecuentes al hablar, como si temiera contrariar a sus interrogadores, incluso fue notoria su sonrisa tímida y mirada esquiva en los momentos en que le lanzaron algún elogio.

El plan propuesto por la administración Trump, según detalló Rubio con voz entrecortada, implica un control directo sobre las finanzas venezolanas, reflejando una óptica colonialista que ve a Venezuela como un activo a explotar. Según su planteamiento, el gobierno de Delcy Rodríguez, instalado tras el secuestro de Nicolás Maduro, debe someter un "presupuesto mensual" a la Casa Blanca para su aprobación. Los fondos provendrían de las ventas de petróleo venezolano, administrados inicialmente por Qatar en una cuenta especial, y sólo se liberarían si cumplen con las directrices de EE.UU. Rubio insistió, con una sonrisa tímida y tartamudeando al principio, en que esto no requeriría dinero de los contribuyentes estadounidenses: "N-no, no vamos a gastar dinero en eso… Ellos no lo necesitarán", dijo, evadiendo la mirada del senador demócrata Tim Kaine, quien lo presionó sobre el riesgo de subsidiar a empresas petroleras estadounidenses para "reconstruir" la industria venezolana.

Otras preguntas revelaron la supremacía implícita en la visión estadounidense. La senadora republicana, con un aire de autoridad indiscutible, inquirió sobre las expectativas para elecciones en Venezuela, insinuando que sin la supervisión de EE.UU., el país caería en el caos "típico" de las naciones subdesarrolladas. Rubio, tartamudeando nuevamente y con una mirada esquiva hacia sus notas, afirmó que la administración no planeaba más acciones militares, pero no descartó "opciones" futuras, tampoco tiene previsto elecciones, aclaró "hay que ver como sigue la situación en seis meses, en nueve meses…:

El senador Cory Booker, en un intercambio acalorado, desafió la decisión de revocar el TPS para venezolanos en EE.UU., preguntando si eso "tenía sentido" en un tono que rebosaba superioridad cultural, como si los inmigrantes fueran una carga inevitable. Rubio, sonriendo tímidamente para desviar la tensión, defendió que Venezuela estaba "mejor hoy" bajo la tutela estadounidense, pero su respuesta vacilante sólo subrayó su incomodidad.

El momento más tenso y revelador llegó cuando el senador Rand Paul, en una verdadera cátedra sobre soberanía y constitucionalismo, le dio una lección magistral a Rubio sobre si la captura de Maduro constituía un acto de guerra. Con un tono firme y paternalista, Paul interrogó: "¿Si un país extranjero bombardeara nuestras defensas aéreas, capturara y removiera a nuestro presidente y bloqueara nuestro país, sería considerado un acto de guerra?". Rubio, visiblemente incómodo, tartamudeó al responder que la operación "no llegaba cerca" de la definición constitucional de guerra pues no duró mas de 4 horas, ante esto el senador le expuso: "si una potencia extranjera viene aquí y en menos de 4 horas entra y se lleva a nuestro presidente legitimo, sin muertos de ningún bando, una operación perfecta ¿Lo consideraríamos un acto de guerra? ¡Claro que lo consideraríamos un acto de guerra, yo votaría de inmediato para declarar la guerra". Aquí Rubio interrumpió para balbucear tímidamente que Maduro "no fue electo" legítimamente y era un criminal. El Senador Paul, sin ceder terreno, remató con ironía cortante: "¿Quién asegura eso? ¿Quién determina la legitimidad electoral para justificar una invasión?". Y continuó: "Bolsonaro dice que Lula no es realmente el presidente de Brasil. Nuestro presidente dijo que Biden no fue realmente el presidente. Hillary Clinton dijo en 2016 que Trump no fue el presidente".

Esta réplica expuso la hipocresía supremacista: EE.UU. se arroga el derecho de juzgar elecciones ajenas y actuar militarmente, mientras ignora disputas similares en su propio territorio. Rubio, con mirada esquiva y sonrisa forzada, evadió profundizar, limitándose a repetir que la acción era "necesaria" por amenazas de narcotráfico y adversarios extranjeros, pero su tartamudeo y evasivas solo reforzaron su posición sumisa ante la autoridad senatorial.

Este plan, que Trump mandó al senado por intermedio de su Secretario de Estado, no es más que una receta neocolonial: EE.UU se posiciona como el árbitro supremo de la economía venezolana, con Qatar como intermediario conveniente y los financistas de Trump agarrando los negocios, como también se dejó en evidencia.

Las respuestas de Rubio, plagadas de tartamudeos y evasivas, revelan no solo la debilidad de la propuesta ante el escrutinio, sino también cómo el supremacismo senatorial —incluyendo la cátedra del senador Paul— lo acorraló, obligándolo a defender un esquema que trata a Venezuela como un protectorado, lo que los senadores vaticinan como de mal augurio pues los protectorados siempre necesitarán del dinero de los contribuyentes y en ese país todito te lo consiento menos meterte con el dinero.

Le reclamaron, además, por que sigue el chavismo en el poder, administrando el país teniendo a María Corina disponible, aquí el pobre tragó grueso, porque es su amiga pero no puede hacer nada por ella, que anda dando coñazos buscando trabajo, lo único que dijo que a futuro pensarán en ella y que al salir de ahí tenía previsto tomarse con ella unas tazas de manzanilla con valeriana.

Llegó el 28 y se fue el 28 y aquí seguimos, con una mujer de acero templado como comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana por primera vez en nuestra historia y el chavismo de pie, esperando ordenes de nuestra dirigencia con calma y cordura y despiertos y atentos.

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