Los participantes denunciaron que los hechos del 3 de enero de 2026 constituyen no solo una violación a la soberanía venezolana, sino una agresión contra Latinoamérica, el Caribe y los pueblos del mundo, al intentar imponerse mediante la violencia.
La movilización en Río de Janeiro se sumó a acciones similares en São Paulo y otras ciudades, donde se exigió el fin del secuestro de la pareja presidencial y se expresó solidaridad con pueblos que resisten al imperialismo, como Palestina y Cuba, también afectados por acciones de Estados Unidos y sus aliados. A la par, en Caracas continuaba la movilización permanente del pueblo venezolano.




Esta agresión se inscribe en una larga lista de acciones llevadas a cabo contra el pueblo venezolano, que desde hace más de 25 años intenta llevar adelante un proceso de redistribución de la riqueza, en un proyecto socialista y de justicia social, que ha promovido el poder comunal y la soberanía sobre los recursos nacionales.
Los participantes en la marcha en São Paulo corearon «Fuera Trump de la América Latina» y reafirmaron la solidaridad con Venezuela, denunciando ante la comunidad internacional el intervencionismo estadounidense y su escalada bélica.

El Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, Diosdado Cabello, precisó días atrás que el ataque del 3 de enero, que incluyó bombardeos en Caracas y en zonas de los estados Miranda, Aragua y La Guaira, dejó al menos 100 muertos y un número similar de heridos. La operación culminó con el secuestro del presidente Maduro y su esposa, en una flagrante violación de las normas del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.




También se realizaron marchas durante la jornada de movilización, en Porto Alegre, capital de Rio Grande do Sul, y en Antímano, Caracas.
Consignas y carteles exigían la liberación de Maduro y Cilia Flores, ratificaban que Venezuela no está en venta y expresaban la seguridad en que el país vencerá ante las amenazas y la política de intervención.



