El precario futuro de la Venezuela petrolera y libre según el derecho internacional

Miércoles, 28/01/2026 05:11 AM

Venezuela es un país de gestas, fundamentalmente bolivariano. Su gente, por más que ignore su historia, sabe de su forma republicana, revolucionaria, vencedora de un viejo imperio español. Ser independiente o libertario es, prácticamente, un rasgo de personalidad del venezolano.

Pero también es petrolero. Si el país tiene una edad de 214 años como república, la mitad de esa historia está engrasada con la actividad petrolera. El 14 de diciembre de 1922 reventó un pozo petrolero en Cabimas, Zulia, alzando su chorro a 50 metros de altura, inundando con un millón de barriles el área del caserío de La Rosa. El hecho fue como una bandera que metió a Venezuela en el paquete de la producción petrolera mundial.

Sin embargo, ambos rasgos de lo nacional parecen ser inconciliables. Y no porque exista algún deseo contranatural en el país, sino por las apetencias energéticas de otros países poderosos, como los Estados Unidos. Para tales, la forma republicana de un país minado de hidrocarburos podría ser simplemente un impedimento para acceder a los recursos.

En consecuencia, en virtud del poder militar, tales países proponen, subrepticia o expresamente, la abolición de tal formato, recomendando el coloniaje o protectorado. Un territorio densamente rico no puede tener impunemente leyes republicanas que impidan a los poderosos la extracción del oro, negro o blanco. Venezuela y Groenlandia en la actualidad ilustran grandemente el asunto.

Tales territorios (no se hable de países si son aplastados por otros), si aspiran a una autonomía o libertad, deben comprender la ilustración histórica del pillaje del fuerte contra el débil. Y deben, en consecuencia, armarse para defender su humanidad, sea guerreando o disuadiendo. No existe una isla de la fantasía en el mundo donde mane el oro y solo sea protegida por el derecho internacional. Es utopía, tanto más cuanto el susodicho derecho está maltrecho ahora. Por supuesto, el territorio puede, también, decidir dejarse asimilar y acabar de una vez con el dolor de cabeza de una existencia libertaria.

El uso de la fuerza es un lenguaje entre hombres. Si quieres imponer, ser temido o libre, debes recurrir a ella. Es ley natural. Lo comprendieron hace siglos los antiguos griegos: solo es posible la justicia entre iguales en poder. Lo demás es debilidad y esclavitud. «Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben» (Tucídides). Quien no tiene poder no tiene derecho ni a la justicia ni a la moralidad, sino ser lo que es: un débil en sujeción. Así se lo hicieron comprender los griegos a los melios en 416 a.C. cuando se negaron a apoyarlos en la guerra, aduciendo neutralidad: ejecutaron a los hombres y esclavizaron a las mujeres y niños.

 

Nota leída aproximadamente 189 veces.

Las noticias más leídas: