Rastros del tiempo (CLXIX)

El Destino Manifiesto en el Siglo XXI: Un Análisis de sus Implicaciones Geopolíticas en América Latina a la Luz de los Acontecimientos en Caracas el 3 de enero

Miércoles, 21/01/2026 11:27 AM

Antes de entrar en el tema de las consecuencias de El Destino Manifiesto en el siglo XXI, vamos a indagar de manera breve, lo que representa esta idea de los Estados Unidos, para imponer el enfoque expansionista desde los territorios del Oeste; esta expresión fue una doctrina sobre la cual Estados Unidos cimentó su política expansionista, durante el siglo xix, que se fundamentaba en considerar a este país, como una nación "elegida" y predestinada providencialmente, a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico; formando parte del llamado "mito de la frontera" o "mito del Oeste", uno de los mitos más influyentes de la cultura estadounidense, de conquista, donde históricamente se suele Ocultar los horrendos actos de violencia, el despojo de tierras a los aborígenes y las duras realidades de la colonización, enfocándose en la narrativa del "progreso" y la "democracia".

En este sentido el mito de la frontera es el concepto de un lugar que existe en los límites de una "civilización"; especialmente durante el período de expansión, en que se desarrolló la guerra contra México (1846) para anexar sus territorios del norte: Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y Colorado y la guerra contra España (1898) para apoderarse de Puerto Rico e intervenir en Cuba y las Filipinas, con el fin de colonizarlas. Los partidarios de esta ideología creen que la expansión no solo es buena, sino también certera, proveniente de la predestinación calvinista, que se resumirse en la frase "Por la Autoridad Divina o de Dios".

Ahora analicemos ese mismo Destino Manifiesto del siglo XIX, desde la perspectiva política expansionista de Estados Unidos en el Siglo XXI, desde los acontecimientos del 3 de enero de 2026: la invasión y bombardeo, al suelo venezolano, que dejó alrededor de un centenar de personas asesinadas, y varios heridos, y el secuestro del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa la diputada Cilia Flores, lo cual revela la continuidad alarmante expansionista, en la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. Lo ocurrido en Caracas no es un hecho aislado, sino la cúspide de una visión ideológica, que prioriza la hegemonía y el excepcionalismo estadounidense, sobre los pueblos latinoamericanos.

Este evento brutal contra la Patria de Bolívar, denota que el futuro de las relaciones hemisféricas se encuentra en un punto de acento crítico. La relación entre Estados Unidos y América Latina, ha estado históricamente marcada por una asimetría de poder, y una visión mesiánica de la política exterior estadounidense. En el centro de esta dinámica se encuentra la Doctrina del Destino Manifiesto, que a la vez también es producto agregado a la Doctrina Monroe, una ideología que, lejos de ser un vestigio del siglo XIX, parece haber cobrado una vigencia renovada, en la política contemporánea, hecho que se evidencia en la reciente invasión bestial, por parte de tropas estadounidenses en la República Bolivariana de Venezuela.

A propósito de la brutal intervención del impero norteamericano, es lógico analizar la evolución de dicha doctrina, y su aplicación práctica en los recientes y trágicos sucesos del 3 de enero de 2026, siendo una intervención militar directa que resultó en el bombardeo de la capital venezolana y el secuestro del Presidente Constitucional y su esposa, donde podamos entender, cómo los principios de excepcionalismo estadounidense y expansión, continúan moldeando las acciones del imperio, desafiando los cimientos del Derecho Internacional, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

La "Doctrina del Destino Manifiesto" surgió a mediados del siglo XIX, aunque se venía gestando desde mucho ante, como una justificación ideológica para la expansión territorial de los Estados Unidos hacia el Oeste. El término fue acuñado inicialmente en 1845 por el periodista John O'Sullivan, quien argumentaba que la anexión de Texas y la expansión a través del continente, eran un derecho otorgado por la "Providencia", para el desarrollo de la libertad y el autogobierno. Pues, hasta el momento así lo han hecho creer.

Esta doctrina se fundamenta en tres pilares esenciales: la creencia en las virtudes únicas de las instituciones estadounidenses; la misión "moral de redimir" y "reconstruir el mundo" a imagen de Estados Unidos, y el carácter divino de este mandato. Históricamente, esta visión transformó el expansionismo en una obligación ética y religiosa. No se trataba simplemente de adquirir tierras, sino de cumplir un destino "civilizatorio" que justificaba el desplazamiento de poblaciones aborígenes y la apropiación de territorios de otras naciones soberanas, como ocurrió en la guerra contra México, entre los años 1846 y 1848, que desembocó en la anexión de la mitad de territorio mexicano a Estados Unidos, a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo. ​

A través del tiempo, esta retórica de "excepcionalismo americano", la creencia de que Estados Unidos es único y especial en el mundo, con una misión distinta y un destino manifiesto, basado en sus "valores democráticos", su sistema político, su fuerza económica y militar, y su identidad nacional, que se desarrolló a través de la idea del Destino Manifiesto. Esta idea tiene dos facetas: una nacional que se basa en la influencia autoperceptiva y otra internacional, que es el rol de liderazgo global que se atribuye el imperio norteamericano, y se manifiesta tanto en una visión de liderazgo impositivo, que ha evolucionado, integrándose profundamente en el discurso político permitiendo que los Estados Unidos se perciba como un árbitro moral global, con el derecho de intervenir donde sus valores o intereses se consideren "amenazados".

La aplicación de la Doctrina del Destino Manifiesto en América Latina, ha dejado una estela de intervenciones que han moldeado la configuración política y social de la región. A finales del siglo XIX y principios del XX, esta ideología se institucionalizó, a través del Corolario Roosevelt como agregado a la Doctrina Monroe, el cual establecía que Estados Unidos tenía el derecho de ejercer un "poder de policía internacional", en naciones latinoamericanas para garantizar la estabilidad y el orden. Esta política justificó numerosas ocupaciones militares, golpes de Estado y el establecimiento de hegemonías económicas, que priorizaban los intereses del imperio yanqui, sobre la soberanía local.

Las consecuencias de estas acciones han erosionando la Soberanía de los pueblos, con intervenciones recurrentes, debilitado las instituciones democráticas locales y han generado una percepción de vulnerabilidad constante, ante las decisiones de la política exterior estadounidense, haciendo uso de la fuerza militar e imponiendo modelos económicos, que favorecen la extracción de recursos naturales, como el petróleo y demás minerales, consolidando una relación de dependencia a las políticas hegemónicas imperiales.

El 3 de enero de 2026, Venezuela fue escenario de una de las operaciones militares más agresivas de la historia reciente, denominada. Alrededor de las 2:00 a.m., cuando el pueblo dormía, fuerzas estadounidenses iniciaron un bombardeo destinado a neutralizar las defensas aéreas y la infraestructura gubernamental de venezolana. El ataque se centró en puntos estratégicos como el complejo militar Fuerte Tiuna y la base aérea La Carlota, La Guaira, y el Aeropuerto de Higuerote, dejando un saldo significativo de víctimas tanto militares como civiles en las zonas circundantes.

Simultáneamente al bombardeo, fuerzas especiales estadounidenses, ejecutaron una incursión terrestre hacia la residencia presidencial ubicada en Fuerte Tiuna. El resultado de esta acción fue el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores, quienes fueron extraídos del país y trasladados bajo custodia a Nueva York, para enfrentar cargos que no tienen base real. El gobierno de Estados Unidos justificó la operación como una medida necesaria, para combatir el "narco-terrorismo", utilizado como "falso positivo". Este brutal incidente representa una ruptura flagrante de los principios fundamentales, que rigen la convivencia internacional que fueron violados durante la Operación invasora y criminal. .

El bombardeo en Caracas demuestra que la ideología del Destino Manifiesto sigue operando bajo nuevas etiquetas contemporáneas. Conceptos como la "promoción de la democracia", la "seguridad nacional" y la "lucha contra el narcotráfico" funcionan como reconfiguraciones modernas de la antigua misión civilizatoria. Al declarar que Estados Unidos debe intervenir para asegurar una "transición adecuada" en Venezuela, la administración estadounidense reafirma la creencia de que posee la "autoridad moral y política" para decidir el futuro de otras naciones.

Esta vigencia, se manifiesta en la persistencia del excepcionalismo: la idea de que las leyes internacionales no se aplican de la misma manera a Estados Unidos, cuando sus intereses estratégicos, especialmente el acceso a recursos energéticos como el petróleo venezolano, están en juego. La retórica de "salvación" y "justicia" utilizada para justificar el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores, es una continuación directa del discurso de O'Sullivan, donde la expansión del poder estadounidense, se presenta como un "beneficio, inevitable para la humanidad", independientemente del costo en soberanía y vidas humanas.

El análisis de la Doctrina del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe, a la luz de la creencia en un "destino" que otorga "derechos superiores" o "supremos", a una nación sobre otras, la paz y la cooperación basadas en la igualdad jurídica seguirán siendo inalcanzables. La comunidad internacional enfrenta el reto de reafirmar los principios de no intervención y respeto mutuo, para evitar que el siglo XXI se convierta en una repetición de las agresiones imperialistas del pasado, garantizando que la soberanía de las naciones no sea sacrificada, en el altar de intereses geopolíticos del imperio yanqui.

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