Durante estos días se le pueden atribuir al Hitler naranja Trump una serie de hechos en línea:
1. El atentado con drones a una de las viviendas del presidente Putin.
2. La toma de Groenlandia.
3. La invasión a Venezuela y el secuestro del presidente y su primera dama.
4. El continuo robo de buques petroleros.
5. Los más de 100 asesinatos de pescadores en el Caribe.
Todas estas acciones, continuas y conectadas, demuestran sin lugar a dudas el despertar de Hitler como gobernante de la Casa Blanca de los Estados Unidos. Con ello, se ha sepultado el derecho internacional, las normas, leyes y acuerdos que fueron creados después de la Segunda Guerra Mundial para generar un orden global y preservar la paz.
Nadie está a salvo del "Hitler naranja". Lo último que se sabe es que ha declarado su intención de invadir y acabar con Cuba. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Diversos actores dentro de Estados Unidos —economistas, importantes empresarios e incluso el propio pueblo estadounidense— están en las calles protestando, no solo por los hechos antes mencionados, sino también por la continua violación de las normas y leyes de su propio país.
El pueblo venezolano, y el mundo entero, junto a intelectuales, hacemos un llamado al Congreso de los Estados Unidos y al poder judicial. Este personaje es el reflejo de Hitler. No lo digo yo: lo dicen sus propias palabras, cuando se atreve a declarar abiertamente que solo obedece a su propia moralidad. Y al observar esa moralidad, encontramos que él mismo se describe como un mentiroso compulsivo, pedófilo.
¿Quién puede sentirse seguro y afirmar con certeza que es soberano? Son contados con los dedos de las manos: aquellos países que poseen armas nucleares y misiles. El que tenga oídos, que oiga. Porque cualquier país o gobierno que posea recursos como dinero o petróleo, pero no cuente con defensa militar nuclear ni se alinee con el "Hitler naranja", está condenado al colonialismo que se pretende imponer en pleno siglo XXI.