"Toda satisfacción, o lo que comúnmente se llama felicidad, es en realidad y esencialmente siempre negativa y nunca positiva": Arthur Schopenhauer, filósofo.
Aunque pueda parecer demasiado pesimista, podemos hacer una lectura que nos haga reflexionar sobre la forma en que hacemos las cosas.
El presidente Nicolás Maduro Moros dio el 28-08-2024, las orientaciones para que se haga una revisión del pensum de estudio, en todos sus niveles educativos del país y adecuarlos a las nuevas realidades y tecnología [1]. Y nuestras universidades, acompañadas de la mano con todos los actores sociales, los Consejos Comunales y las Comunas están llamadas a mirar el mundo sin obstáculos, sin parpadeo. Es el momento para que den rienda suelta a sus capacidades.
"Ante la revisión del contenido académico pidió que se abriera un gran diálogo para mejorar la calidad educativa a los más altos niveles de calidad que necesita la sociedad en la actualidad. Tanto la ciencia, la tecnología, la investigación, la innovación como la economía, la agricultura, la salud, la educación, la convivencia, la comunicación, la información, lo marcan todo", insistió [2].
¿Puede una actualización de los pensum de estudios con los mismos profesores y personajes que han hundido a las universidades, llegar a transformarla?
La crisis política, económica, moral y social que vive el país conforma un marco de referencia
para el análisis de la conducta del educador, la evaluación de los planes y programas y el estado en que se encuentra la planta física; a la vez proporcionar alternativas que pueden coadyuvar a posibles salidas dentro del contexto educativo.
Muchas universidades mantienen sus pensum de estudios intocables desde 1980 o más atrás. Esto me hace recordar cuando los orines se guardaban debajo la cama.
Esta es una pregunta que toca la fibra más sensible de la gestión institucional y la política académica. Es un dilema clásico: ¿Puede el cambio real venir de las mismas manos que crearon el estancamiento?
Para analizar esto con honestidad intelectual, hay que mirar tanto los obstáculos estructurales como las pocas posibilidades de éxito bajo ese escenario.
Los 3 pilares de una transformación real
Para saber si una actualización de pensum es real o es un "gatopardismo" (cambiar todo para que nada cambie), hay que observar si se tocan estos puntos:
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Flexibilidad: ¿El nuevo pensum permite al estudiante elegir rutas de aprendizaje o sigue siendo una estructura rígida y autoritaria?
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Tecnología y Globalización: ¿Integra competencias digitales, idiomas y estándares internacionales, o sigue encerrado en un ombliguismo académico?
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Vínculo con el Entorno: ¿Se consultó a la comunidad, al sector productivo y a los egresados, o se hizo a puerta cerrada entre los mismos de siempre?
Nota: Una universidad no es solo su pensum; es su cultura organizacional. Cambiar el papel (el currículo) sin cambiar la cultura (la gestión) suele ser un ejercicio de frustración.
El argumento del "No": Por qué el cambio suele ser cosmético
Cuando los mismos actores que han gestionado el declive lideran una "reforma", suelen aparecer los siguientes vicios:
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Maquillaje Curricular: Se cambian los nombres de las unidades curriculares o se agrupan de forma distinta, pero el contenido de fondo, las metodologías de enseñanza y la mentalidad pedagógica siguen siendo los mismos de hace mucho tiempo atrás.
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Preservación de Cuotas de Poder: A menudo, los pensum se diseñan no para responder a las necesidades de la comunidad, al mercado laboral o al avance científico, sino para asegurar que ciertos profesores o dependencias no pierdan sus horas de clase o su influencia política.
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Falta de Autocrítica: Si los líderes no reconocen los errores que llevaron al "hundimiento", es imposible que diseñen soluciones efectivas. La tendencia natural es proteger el statu quo bajo una fachada de innovación. Algunos profesores dicen yo creé este programa educativo y mira cómo está.
El argumento del "Sí" (Bajo condiciones estrictas)
Aunque es difícil, una actualización podría funcionar bajo estos supuestos:
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Presión Externa Inevitable: A veces, las acreditaciones internacionales o las exigencias del estado obligan a estos actores a seguir estándares rígidos que no pueden manipular.
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Renovación Técnica, no Política: Si el liderazgo político de la universidad delega el diseño técnico a comisiones de expertos jóvenes o externos, aunque ellos firmen el documento final, el contenido podría ser valioso.
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Supervivencia: En situaciones críticas, incluso los actores más conservadores pueden entender que si la universidad desaparece, ellos pierden su base de poder. El miedo al colapso total puede ser un motivador real para un cambio genuino.
Algunos procesos se están dando fluidamente, otros seguramente se realizan sin interés que cause algún impacto y otros todavía no han comenzado. ¿Hasta cuándo?.
Hay que, además, resolver el nivel académico de los docentes y los indicadores de clasificación, eficiencia y rendimiento de los centros de estudios. Los profesores, ante el reto de educar a los alumnos en esta era digital, la inteligencia artificial no es su amiga.
La digitalización de las aulas avanza a toda velocidad, pero el futuro de la educación no depende de algoritmos ni plataformas, sino de profesores formados, críticos y capaces de guiar al alumnado en el entorno digital actual [3].
Por eso Herman Hesse dijo: "Cuando somos nosotros mismos, se crea el espacio necesario para que la gente adecuada llegue" [4].
La autenticidad puede resultar incómoda, pero también actúa como un filtro que ordena nuestras relaciones y define nuestro camino.
Mejor seguimos el legado de Simón Rodríguez "Si hay que dictar una clase debajo de una mata de mango, allí estaremos". Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar, defendía la educación popular, práctica y al aire libre, adaptándose al entorno para enseñar a pensar y hacer, lo que convierte la enseñanza bajo una mata de mango en un símbolo de su pedagogía rural, innovadora y liberadora enfocada en la formación de ciudadanos.
Aristóbulo Istúriz fallecido político y educador venezolano, quien fue Ministro de Educación en varios periodos durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, utilizaba esta expresión para enfatizar su compromiso con la enseñanza por encima de las limitaciones materiales o la falta de infraestructura escolar. La frase se convirtió en un símbolo de su visión pedagógica sobre la educación popular y la disposición del maestro para enseñar en cualquier circunstancia.
Referencias digitales: