Inaceptable retroceder dos siglos: ni Monroe, ni colonialismo disfrazado

Domingo, 04/01/2026 12:55 PM

Venezuela forjó su libertad con sangre, sudor y lágrimas. Nuestros padres y madres independentistas acompañaron a Bolívar en la gesta emancipadora que, hace más de doscientos años, no solo liberó a esta tierra, sino que trascendió fronteras para emancipar pueblos nunca para someterlos.

Hoy, como venezolano y como ciudadano del mundo, no puedo callar ante el atropello perpetrado por el vil cobarde y sádico delincuente gobierno de Estados Unidos: la violación flagrante de nuestra soberanía para secuestrar a uno de nuestros compatriotas.

Más allá de cualquier diferencia política o ideológica porque toda familia tiene sus tensiones, los conflictos internos deben resolverse entre hermanos, no con la intervención armada, diplomática o judicial del vecino delincuente que, bajo discursos de "orden" o "justicia", impone su ley a sangre y fuego.

Venezuela es un Estado soberano, firmante y respetuoso del derecho internacional. No aceptamos que se nos trate como territorio de caza para las ambiciones imperiales.

Ya vimos cómo esa misma "libertad" que Washington presume de exportar arrasó con Irak, Afganistán, Libia y Siria: naciones ricas en recursos, devastadas en nombre de intereses ajenos. Quieren convertirnos en la próxima "libre" colonia: libre de recursos, libre de dignidad, libre de futuro.

No, no somos un país perfecto. Como toda nación con historia, arrastramos errores, injusticias y desencuentros. El deterioro económico y político de los últimos años producto en parte por el cobarde bloqueo del gobierno de los estados unidos y robo de nuestros activos como nación soberana además de grandes hechos de corrupción y malversación de fondos de la hacienda pública ha generado una crisis migratoria sin precedentes, alimentada por decisiones que priorizaron el poder sobre el pueblo.

Pero eso no justifica jamás celebrar que un poder extranjero irrumpa en nuestra casa para detener a un compatriota a un hermano . Sea cual sea su conducta, es asunto nuestro.

Que el dolor, la frustración o el resentimiento nacidos de la desigualdad no nos lleven a aplaudir la humillación de la Patria.

Porque cuando se viola a la madre, todos los hijos aun los que discrepan salen heridos.

La soberanía no se negocia; se defiende. Y hoy, más que nunca, Venezuela y los países del mundo deben alzar la voz no por ideologías, sino por dignidad contra cualquier intento de volver al siglo XIX, bajo la sombra de una Doctrina Monroe que nunca debió resucitar.

 

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