Hay una pregunta que flota en el ambiente político venezolano y que, aunque rara vez se formula, resulta imposible de ignorar: ¿por qué el gobierno teme abrir las puertas a la prensa extranjera? No hablo de RT y Telesur, ni de algún medio independiente con un nombre rojo de verdad. Hablo de los medios fuertes y frecuentemente que siguen intereses de corporaciones, el "legacy media", como le llaman en la red "X". Si no hay nada que ocultar, si existen argumentos sólidos y una narrativa sustentada en hechos, la respuesta lógica sería sencilla: dejarlos entrar.
El acceso limitado de corresponsales internacionales contrasta con la disposición permanente a conceder entrevistas a medios afines o cómodos. Cuando el intercambio informativo se reduce a espacios previsibles —como Russia Today, VTV, Telesur, Globovisión— el mensaje que se transmite, más allá de la intención, es el de control de la narrativa. Y cuando la narrativa se controla, no hay necesidad de estar así.
No me venga el nuevo Ministro Perez Pirela, con que si hay medios extranjeros en el país, no, le recomiendo revisar la gaveta en su nuevo despacho con las solicitudes hechas de decenas de medios, quienes seguro aún esperan una decisión. Y si no están, revise el mecanismo de solicitud o mejor aún, haga uno nuevo, simplifique, tal como se exige.
Abrir el país al escrutinio de periodistas extranjeros implica aceptar candela: preguntas incómodas, intentos de descontextualización, provocaciones, incluso la búsqueda deliberada de titulares hostiles o noticias falsas. Pero precisamente para eso está el poder político: para responder, para confrontar con datos, para desmontar mentiras en tiempo real y para demostrar, frente a audiencias globales, que hay capacidad de sostener un debate sin filtros.
El temor, sin embargo, parece imponerse. ¿Miedo a perder el control del mensaje? ¿Miedo a la exposición? ¿Miedo a que la complejidad de la realidad venezolana no encaje en consignas breves? Podemos más que eso.
La paradoja es clara: hay argumentos suficientes para responder. Hay contexto histórico, datos, razones políticas y sociales que explicar. Si la verdad es el objetivo, la confrontación abierta con la prensa internacional no debería verse como una amenaza, sino como una oportunidad y alternativa a la entrevista previsible y sabrosita.
Dejar las faltas atrás, sin olvidar, dar una oportunidad y permitir el acceso no debilitaría al Estado; lo fortalecería. La verdad no necesita refugios cómodos ni micrófonos amigos para imponerse. Al contrario: necesita candela. Seamos poderosos, ofrezca café a quien intente burlarse... como lo hizo el comandante Chávez alguna vez desde Miraflores.
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