Hay una guerra mediática imperial en contra del chavismo

Domingo, 01/03/2026 05:50 AM

La historia de las agresiones contra Venezuela no se escribe únicamente en los despachos de Washington o en las oficinas de las transnacionales petroleras; se redacta, sobre todo, en las salas de redacción de los grandes conglomerados de comunicación. 

Hoy asistimos a una fase superior de la doctrina de guerra no convencional: la construcción de una realidad paralela donde la soberanía venezolana es presentada como un mito y el control imperial como un hecho consumado.

El eje central de esta ofensiva mediática busca instalar la percepción de que el imperialismo estadounidense se ha dado el lujo de "secuestrar" de manera fácil y con superioridad en tecnología militar al Presidente de la República. 

A través de una arquitectura de desinformación, se intenta proyectar la imagen de un Ejecutivo sitiado, cuyas decisiones están supeditadamente atadas a los hilos de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).

Esta narrativa tiene un objetivo ético perverso: desmoralizar al sujeto político chavista, haciéndole creer que su voto y su resistencia son irrelevantes frente al poder omnímodo del Norte.

Uno de los puntos más críticos de esta guerra es la falsa premisa de que el imperio ahora controla la producción y venta del petróleo venezolano. Es imperativo desglosar este engaño desde la ética de la comunicación soberana:

Los medios hegemónicos presentan las licencias operativas no como acuerdos comerciales estratégicos bajo leyes venezolanas, sino como una "capitulación" y con la Ley Orgánica de Hidrocarburos, se omite deliberadamente que el Estado venezolano mantiene la propiedad del recurso y la mayoría accionaria en las empresas mixtas.

La "verdad" mediática imperial busca normalizar el saqueo. Al repetir incesantemente que "ya controlan el petróleo", intentan desactivar la solidaridad internacional y justificar el mantenimiento de las Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) como herramientas de gestión, y no como crímenes de lesa humanidad.

La guerra mediática contra el chavismo no es una disputa de opiniones, es una batalla por la existencia misma de la República, al intento de vender una Venezuela derrotada y colonizada, hay que denunciar la falta de ética de la comunicación imperial con el uso macabro de la desinformación.

Desmontar los marcos conceptuales del imperio (no hablar de "licencias" sino de soberanía recuperada) es visibilizar la capacidad operativa real de la industria nacional y reafirmar la vigencia de un gobierno chavista como expresión de la voluntad popular y no como un rehén de las sanciones.

La soberanía se defiende con la verdad.

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