No puede ser socialista, ni comunista, mucho menos humanista, quien de manera exacerbada dedica su vida a envanecer su ego rindiendo culto a la individualidad, el sentido de igualdad se aleja de sus actos.
El arrogante como prepotente, tiene el ego marcado en la actitud que pregona y sin reconocerlo por su misma patología, luce la prepotencia como normal y es necesario un tratamiento profundo para hacerlo que entienda y no es fácil, porque la enfermedad no deja concientizar la muestra de arrogancia y para que el paciente es su normalidad y lo acepte; pedir sindéresis sería como convencer a un drogadicto que reconozca su estado de debilidad mental.
El recipe para el tratamiento y hay que hacer esfuerzos por saberlo; es concientizar la enfermedad, aceptarla; que los que rodean al enfermero tengan salubridad y comprensión; le hagan ver la debilidad con los males que acarrea (nunca será fácil que lo acepte, porque el mismo ego no lo permite) y el verdadero hermano acepte, que quién se atreva a tratar de corregir, asume el riesgo de convertirse en enemigo, perdiendo privilegios que le facilitan aprovecharse del enfermo.
Seguramente algún psicólogo puede dar un diagnóstico distinto al que estoy tratando de plasmar por empirismo y experiencia de vida, pero es solo una visión.
En el ambiente donde convivi por trabajo durante mucho tiempo, esa enfermedad forma parte de la cotidianidad; está alimentada por una falsa elevación al ego y un necesario desarrollo al esfuerzo para ser lo que exige la representación de un personaje temporal. y se lo que cuesta después del esfuerzo, desprenderse del logro y es luchando; con un grado de conciencia y uso de la sindéresis, se pueda considerar con ejercicios, que solo se consigue haciendo práctica acertada del equilibrio.
Este diagnóstico debería hacerlo un psicólogo, porque lo que estoy planteando es solo producto de una visión que se muestra todos los días ante mis ojos y se me revienta en la cara ver al enfermero autoflagelarse alardeando sobre el sufrimiento; obviando la parte de un pueblo, que no se siente involucrada en el bochinche.
No decirlo me hace complice de una situación que no puedo callar, aunque también se que no puedo decir, porque el daño podría ser peor para el paciente si se entera de este diagnóstico, hecho por un simple mortal que no tiene para tratar la enfermedad, el nivel de respeto que debe considerar un profesional.
El esfuerzo para sanar la patria, tiene que comenzar urgentemente antes que la contaminación dañe toda la raíz y el mal se adhiera a la narrativa mundial de engañar con la izquierda para patentar la derecha y el mal sobre un esfuerzo histórico se haga irreversible; tendríamos que pasar generaciones enteras para que la pureza de una población distinta no se pierda en la apatía de aceptar la estupidez como forma y cueste descontaminar una conglomerado que se mantenga en el tiempo, sin depender de debilidades que conduzcan el destino del mundo por senderos de destrucción. SIN PATRIA NO QUIERO VIDA.
HAZTE CONCIENCIA