Orlando Araujo y la "Venezuela Violenta" de 2026: Cuando el petróleo vuelve a ser el botín del imperio

Sábado, 17/01/2026 05:42 AM

Estos días he estado dándole vueltas a un libro que, aunque se publicó en 1968, parece que fue escrito esta misma mañana entre los pasillos de la Casa Blanca y las oficinas de las transnacionales. Me refiero a Venezuela Violenta, de ese gigante que fue Orlando Araujo.

​Al ver las noticias actuales —con un Donald Trump que ya no disimula su intención de dominarnos, que se autoproclama dueño de nuestro destino y que pone el ojo (y la garra) directamente sobre nuestros barriles de petróleo— no pude evitar sentir que estamos viviendo el "remake" más agresivo de las advertencias de Araujo.

La violencia no son solo las balas

Araujo nos enseñó que la violencia en Venezuela no es solo el tiroteo en la calle o el golpe de Estado de turno. Existe una violencia estructural, una que no hace ruido pero que nos deforma como nación. Es la violencia del que nos quiere convertir en una simple "factoría".

​Hoy, cuando escuchamos a Trump hablar de "custodiar" nuestros recursos, lo que realmente estamos viendo es la manifestación física de esa "violencia imperialista" que Araujo denunció. Para el imperio, no somos un pueblo con sueños; somos una estación de servicio con una bandera encima. La intención de Trump de controlar directamente quién extrae y cuánto nos quitan, es la misma succión de sangre que Araujo describía hace casi 60 años.

La soberanía de papel y el "Presidente de afuera"

Lo que más me duele —y sé que a muchos de ustedes también— es ver cómo se intenta pisotear nuestra soberanía con figuras de "autoproclamación" dictadas desde el norte. Araujo decía que, bajo el esquema rentista, el Estado venezolano terminaba siendo un administrador de intereses ajenos.

​Ver a un mandatario extranjero actuar como si fuera el jefe de nuestro territorio es el nivel máximo de esa desnacionalización. Es reducir a Venezuela a un tablero de ajedrez donde nosotros somos los peones que no cuentan. Para Araujo, un país que no decide sobre su recurso fundamental no es un país libre, es un país violentado en su esencia más profunda.

¿De la factoría a la nueva colonia?

En su libro, Araujo diferenciaba la violencia que nace del hambre de la violencia que viene de la imposición externa. Hoy estamos viendo una fusión perversa: nos asfixian económicamente para luego presentarse como los "salvadores" que vienen a poner orden a cambio de llevarse el crudo.

​Trump no es un actor nuevo en esta película. Es, si se quiere, la versión más cínica del conquistador que ya no busca almas para la corona, sino millones de barriles para su maquinaria. Como decía Orlando: "la violencia en Venezuela tiene raíces profundas". Y esas raíces hoy están siendo regadas por una ambición imperial que ha perdido todo el pudor diplomático.

Reflexión final

Escribo esto porque no podemos permitir que nos quiten la memoria. Leer a Araujo hoy es un acto de resistencia. Nos ayuda a entender que lo que está pasando no es un conflicto político más; es la lucha por nuestra existencia como nación soberana frente a una violencia estructural que se niega a morir.

​Si no rompemos esa cadena de dependencia que Araujo tanto analizó, seguiremos siendo el escenario de las ambiciones de otros. Ya basta de que nos traten como una mina. Es hora de volver a ser patria.

 

Nota leída aproximadamente 547 veces.

Las noticias más leídas: