Zygmunt Bauman, acuña una categoría sociológica en su obra "Modernidad Líquida" que describe el estado actual de la sociedad, caracterizado por el cambio constante, la incertidumbre y la falta de estructuras permanentes. El Estado Nación o la familia pierden su capacidad de ofrecer seguridad y se vuelven "maleables".
La sociedad ya no se organiza en torno al bien común sino al consumo y la competencia, generando con ello un ciclo de insatisfacción y frustración perpetua. En cuanto a lo laboral se aleja de la estabilidad de otrora, dándole prioridad a contratos laborales temporales, o trabajos free lance que exigen una adaptación constante por parte del trabajador. Un mundo, donde nada conserva su forma por mucho tiempo, lo que genera por un lado una sensación de libertad, pero una profunda angustia por la falta de certezas.
Usando esta categoría sociológica podemos hacer una analogía para describir a ciertos personajes que, usando su habilidad para camuflarse, desdibujarse, desdoblarse frente al poder se muestran como "eficientes gestores líquidos". No se trata solo de usar esta categoría, es cómo el uso de esa liquidez y categorías de adaptación inducen una incertidumbre, siendo que esa adaptación permanente y resiliencia tiene consecuencias no benéficas, sino que apunta al control y el aplanamiento subjetivo, para convertir no solo a los individuos, sino a los Estados nacionales en seres y organismos catatónicos
Es un modelo de gestión política a través de la inducción del caos incertidumbre que fragmenta y atomiza a los grupos humanos impidiendo se organicen políticamente en función del interés de los trabajadores, de sus derechos civiles y políticos y de la Nación.
Detrás de este plan están las corporaciones que usan y diseñan estrategias y recursos de la ingeniera social y la cibernética para propiciar cambios en beneficio de sus empresas corporaciones y grupos. Esa misma ingeniera social es la que Obama comenzó a aplicar al pueblo norteamericano con su agenda Woke, multiculturalismo, desintegración laboral, desindustrialización, migración forzada, descerebramiento inducida, con un personaje como Cash Sunstein como el encargado de aplicarlas
Se trata de denunciar a los actores que juegan con operaciones de infiltración cognitiva para obtener resultados y comportamientos adaptativos que favorecen al capital expoliador. Y cuando los ciudadanos hechos multitudes se rebelan aplican la reingeniería, el terror y control a través de leyes o decisiones administrativas e incluso vías de hecho, para cercenar los derechos humanos en el marco de un estado de excepción/conmoción permanente.
En este contexto y siempre para beneficiar sus intereses, las corporaciones y los tecnócratas detrás de los gobiernos, muestran sugieren y se inclinan por "recomendar y apoyar" a ciertos personajes "ideales para gobernar a través del caos" (Cerise) usando el método de la adaptabilidad perenne para ejercer el poder basándose en la ingeniería social para desestabilizar a la población (shocks sucesivos y perpetuos que te impiden pensar y organizarte) y facilitar así la imposición de una agenda política, usando la seducción, el engaño y el miedo para que, la opinión pública acepte medidas que en condiciones normales jamás aceptaría.
Siembran el desorden, la incertidumbre de manera deliberada para reducir a los ciudadanos a un estado de pánico y en ese estado de vulnerabilidad se impone el orden autoritario como única solución posible.
La estrategia usa como marco crisis reales o inducidas, para crear la sensación de urgencia que permite implementar transformaciones sociales, jurídicas, económicas rápidas, todo para el control biopolítico de las mayorías y anular así su voluntad de lucha y resistencia. Manteniendo el entorno caótico se logra desorientar a los ciudadanos y a los opositores políticos, permitiendo se desarrolle e implemente un programa prestablecido que avance sin resistencia, pues se trabaja claramente para modificar la estructura de la sociedad y la cultura trabajando directamente la psique colectiva.
Estos personajes usan el pensamiento estratégico líquido, una mentalidad que acepta el cambio como norma, fomentando la creatividad, la experimentación y la adaptabilidad para construir estrategias que no solo resistan la incertidumbre, sino que prosperen en ella, enfocándose en la esencia para poder fluir en múltiples formas y momentos, donde las estructuras sólidas se disuelven, exigiendo fluidez.
Estos gerentes líquidos priorizan la capacidad de fluir y ajustarse, y desechan la idea de los planes inamovibles. Todo vale con tal de adaptarse y conservar el poder. Entienden cuales cambios son pasajeros y cuáles son fundamentales para enfocar sus recursos y permitir tomar decisiones de manera rápida, no se trata de tener todas las respuestas, sino de responder y ver más allá de lo táctico, entendiendo el panorama completo para actuar con propósito.
Son personajes que no tienen forma, son como el agua, pueden estar en una taza, o en una cazuela, y cómo el agua, pueden escurrirse, trepar, gotear, estrellarse, golpear, fluir, libremente o contenerse según sea el caso. Y así son con las ideas, con los principios, con los valores y hasta en sus relaciones de poder o interpersonales. Su lema es adaptarse hasta el infinito. Pragmatismo puro y duro.
En Venezuela este sistema ha sido acuñado con el nombre de "sistema de adaptación compleja". Un sistema compuesto y complejo de múltiples agentes interactuando de forma autosimilar en colectividad de interacciones, con un alto grado de capacidad adaptativa lo que les proporciona resiliencia, frente a la perturbación o cualquier cambio.
Un sistema que ignora que todo tiene un grado de saturación, un desborde de procesamiento, dónde el desorden se acelera y llega la homeostasis, el equilibrio cero que produce la muerte y se descompone pues los tensores han sido tan estirados que se rompen, acabando con la esencia de la cosa hasta dejar de ser.
Nada puede someterse a una adaptación infinita a factores y condiciones externas, la resiliencia no es infinita, pues llega un momento en que el desorden en el sistema te acaba, seas una Nación una empresa o un individuo. De allí que nosotros hablemos de un conatus desde el planteamiento filosófico de Baruch Spinoza.
Sino veamos en que ha resultado el desmontaje sibilino de la Constitución como esencia de la República y en lo que derivó todo este mal uso de las gestiones líquidas y el pragmatismo destructor en la gravísima crisis que atraviesa el país. Las relaciones líquidas sirven hasta un límite, y ese límite es lo real. Tu propia identidad, tu propia esencia. No sé puede ser ultra pragmático, pues terminas siendo nihilista, la nada, dónde todo vale. Todo vale, incluso pactar con quién te bombardea y te chantajea. Algunos lo llaman "supervivencia".
En EEUU existe un sector que propone como solución no sólo para el caso venezolano, sino como visión del mundo para manejar las relaciones con los otros Estados nacionales, que éstos desaparezcan para dar paso a corporaciones tecnofeudales, sin democracia -la soberanía popular es un estorbo- manejadas por "gestores líquidos". Esa corriente representada por los neorreaccionarios Curtis Yarvin, Peter Thiel y el propio operador Grenell, son personajes que se identifican como tecnolibertarios de la Nueva Derecha, antidemocráticos, antiigualitarios, partidarios de una nueva monarquía profundamente antipatriotas, antipopulistas y partidarios del feudalismo corporativo. Un caudillismo tecnofeudal lo llamamos nosotros, en dos platos: una monarquía secular y con ello destruir todas las Repúblicas, incluyendo la estadounidense y su propia Constitución.
Es el sueño de esos sectores para un nuevo sistema político del siglo XXI: diseñar gobiernos manejados por gestores líquidos que permitan desarrollar estrategias de ganancias para los nuevos amos corporativos, mediante una teoría reaccionaria de la paz mundial, que no sólo gestione líquidamente, sino que esa gestión favorezca a los globalistas, cuyo plan siempre ha sido destruir la soberanía -individual y nacional-.
Una agenda que se disfraza de izquierda progresista o neoliberales de derecha, no importa la etiqueta, lo importante es hacer todo aquello que sirva para disolver el estado nacional, la soberanía nacional, la familia y la identidad (todo aquello por cierto es lo que defiende Trump en el último documento de seguridad su plan MAGA) ¿contradictorio no?
Por eso, los gestores líquidos son útiles a todo aquel que disuelva leyes nacionales, o salarios, o derechos de los trabajadores, o el dominio sobre el uso de los recursos de suelo y subsuelo, o la misma patria. Frente a esta disonancia cognitiva a la que nos someten día a día como identificar a los gestores líquidos: Olvidarnos de los discursos, así griten que son patriotas, observemos los hechos y las acciones. Quien actué contrario a los intereses de sus naciones, hagan el trabajo de demolición interna de leyes y protecciones a los ciudadanos, a los trabajadores, la familia y a la Patria, definitivamente se encuentra en esa categoría.
Advertimos que, el pragmatismo termina siendo un modelo postmoderno relativista y nihilista y no garantiza la ansiada estabilidad para el trabajo y la producción.
La justificación de los EEUU para ejecutar sus acciones militares y no militares de forma unilateral y la invasión al país, incluso sometiéndonos a una "interdicción civil" sobre el manejo de nuestros recursos, fue ofrecerle al pueblo salir del narcoterrorismo, la represión, el crimen, presos políticos, abandono de los trabajadores, de la educación, atender la migración y sus problemas, así como "devolvernos la libertad".
Mantener por largo tiempo su accionar pragmático de gestores líquidos dentro de su propio entorno, deslegitima y desacredita aún más cualquier acción y terminará no solamente perdiendo credibilidad sino contradiciéndose y convirtiéndose en un nuevo secuestrador que tarde o temprano logrará que el pueblo pierda el miedo, se organice y retome el rumbo de su destino hacia la soberanía plena y la independencia. Ese es el impasse que hoy marca a la administración colonial.
Venezuela no necesita gestores líquidos, mucho menos un cipayo que fue capaz de pedir invasión a su propio país, y que en el supuesto negado de llegar al poder ¿con cuál autoritas se dirigirá a las FANB, ésa misma que siendo cómplice de la potencia hegemónica, humilló y causaron según cifras oficiales más de 100 soldados y civiles muertos? Decía mi abuela: amor no quita conocimiento.
Hoy este pueblo está doblemente sometido a todos los falsos que aspiran ser escogidos por Trump para ser gobierno, les interesa este modelo de doble pinza. La mordaza sigue. La represión y ataque a los derechos humanos continúan. Un estado de conmoción exterior muy a la medida de quiénes pueden seguir gestionando, destruyendo las condiciones mínimas económicas de los trabajadores, siguen los exiliados, la prohibición de la vida política en libertad plena, nada en realidad ha cambiado, sólo cambiaron un actor por otro, siguen las manifestaciones preocupantes de vigilancia y control, de crueldad y de cercenamiento de libertades sociales, económicas, civiles y políticas. Al menos hasta ahora.
Creemos que frente a la posibilidad de modificar leyes para la regresión de derechos y dictámenes desde el más alto tribunal del país -como la sentencia de la Sala Social N° 523- que confisca derechos laborales. Es el momento de los sindicatos, del Magisterio, de los gremios para comenzar a organizarse y hacer política. Eso, precisamente, es lo que están negociando tirios y troyanos, un mundo disecado, zombi.
En Venezuela, lo más conveniente es una posición que tenga apoyo del pueblo, del sector castrense -hoy humillado y disminuido- y de las naciones americanistas. Pues la paz impuesta desde una gestión líquida o desde un cipayo, es una resultante frágil. Siempre resultará más permanente cuando se hace con un horizonte de entusiasmo y fe en la prosperidad, la libertad y la justicia.
María Alejandra Díaz Marín
Abogado Constitucionalista y Defensora de DDHH
Colombia 17 de enero 2026