Delsa aspira a ser ovacionada en el próximo discurso de la unión…

Jueves, 26/02/2026 08:51 PM

En verdad que la pobre Delsa Solórzano ha tenido muy mala suerte. Dice haber sufrido más persecuciones que María Corina, dice haber vivido más horrores en la clandestinidad y haber padecido más hambre y tormntos, represión y torturas que Juan Guaidó y que Enrique Márquez, y que sin embargo todavía no ha tenido la suerte de haber sido recibida en la Casa Blanca ni de haber tenido el chance de ser ovacionada por toda esa grandiosa audiencia de parlamentarios gringos catirazos preclaros, lindos y poderosos… Pero no pierde la esperanza, una vez que Enrique se hunda como le pasó a Guaidó, entonces ella renacer de los candeleros de las luchas por la libertad, la democracia y la justicia social…

Delsa, la noble solitaria, Delsa Jennifer Solórzano Bernal, ​ la de los labios vaporizados y encendidos, en flor y en clamor permanente por los derechos humanos, la que estuvo más de un año en las selvas de Guaniamo, escondida, comiendo sólo yuca y cambur, e ingiriendo chicha fermentada de los indios yanonamis, porque el RÉGIMEN la perseguía, la buscaba con saña, y ella amando a su patria se encontraba huyendo junto con el Gran Cacique Taparita, don Andrés Velásquez del Penacho Esclarecido. En verdad que ella y Andrés han sido de los más insignes héroes de la Venezuela Aherrojada por el chavismo, de los más ninguneados por Occidente, ellos dos que más se han partido los lomos, las lenguas y los cocos (vacíos), tratando de enfrentar a las hordas criminales del comunismo chavista, de los colectivos fidelistas más ardorosamente abominables, jamás han sido recibidos por los reyes de España, por las Cortes españolas, por el Parlamento Europeo ni siquiera por los libertarios de Milei y su cohorte de escrachadores contra todos los zurdos de mierda.

Delsa, la Delsa de las gestas de octubre, de mayo y de septiembre, de las luminosas glorias de junio y de octubre, la que batalló cien días con sus noches en Altamira y casi fue herida de muerte en aquella famosa odisea cerca del palacio de Miraflores, la tarde sangrienta del 11 de abril de 2002, y por la que nunca recibió un Premio Sájarov, ni una orquídea silvestre ni un abrazo de César Gaviria Trujillo, ni de Almagro ni de Guterres, como sí lo recibieron a granel Antonio Ledezma, Leopoldo López y Julio Borges. A ella, a la que sólo le han dejado minucias pasajeras de la USAID y la UNED, chequecitos y bonos terceriados. Ella que nunca pudo ser recibida en sesión urgente de la CIDH en la OEA para relatar todas las penas y torturas sufridas. Ella que estuvo codo con codo, hombro con hombro, en la Batalla de los Puentes junto con Vilca Fernández y Gaby Arellano, y que de allí no sacó ni un viajecito para Las Vegas, para Montecarlo, para Marbella con todos servicios pagados, como sí lo han conseguido la familia de Leopoldo y la Tintori.

No puede ser, que Delsa tenga tanta mala suerte cuando se acerca su cumpleaños número sesenta. Llegar a ser sesentona sin haber logrado ninguna grandiosa presea, es tan doloroso y deprimente. Tan degradante y humillante. Sólo la torta, a ella sólo le han puesto la torta, con las guindas del más doloroso fracaso.

Y ahora, después de haberse visto tan relegada, contemplando a otros recoger premios tras premios, homenajes tras homenajes, glorias tras glorias, ella en el ocaso de todos sus fracasos y derrotas, tener que venir a contemplar con asco y estupor ese batacazo tan grande que acaba de lograr don Enrique Márquez de la Gran Chapuza Republicana, la noche del 24 de febrero de 2026, siendo que ella, cuánto dolor, Dios mío, lo merecía mucho más. Tal cual como lo recoge una nota de prensa leída por ella con los cristales de la más cruenta envidia, cuando todos los reflectores del planeta se enfocaron en la reaparición pública de Enrique Márquez, el exrector del CNE siendo abrazado por la gente más bella y democrática del mundo. Dice la nota que fue un acto ejecutado con precisión ultra quirúrgica, él Enrique apareciendo tan fresco y tan victorioso, tan erguido y solemne, tan esperpénticamente canalla y arrastrado, porque a sus ojos no podía ser más cínicamente arrastrado, pero glorioso. "Trump presentó primero a Alejandra González, sobrina de Márquez, para preparar el terreno emocional. El clímax llegó con el anuncio: "Él está aquí con nosotros esta noche". El abrazo entre lágrimas de Márquez (Delsa habría sabido llorar mucho más tiernamente) y su sobrina, bajo una ovación bipartidista, fue el momento estelar de la noche. Sin embargo, detrás de la emotividad del reencuentro, subyace una realidad más pragmática: Washington necesitaba un rostro humano para suavizar y validar la intervención del pasado 3 enero. Presentar a Márquez como un "héroe rescatado" es la forma más elegante de justificar ante el contribuyente estadounidense una operación militar que costó la vida de más de cien personas, y que casualmente, ya ha comenzado a fluir en forma de 80 millones de barriles de petróleo hacia las refinerías del Golfo. Un show que trata de desaparecer la realidad de Venezuela, donde esa incursión inédita en la historia contemporánea, dejó más de cien muertos, insistimos, casas destruidas, la pareja presidencial secuestrada bajo una acusación de ser los líderes de un cartel que no existe y de un país que aún no despierta de la pesadilla de encontrarse de la noche a la mañana dentro del poder y bajo la tutela del país más destructivo en el mundo moderno".

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