Cotidianas 2.0

El pulso del sueldo, la dignidad y el trabajo

Jueves, 26/02/2026 03:32 PM

Vivimos en un país de espejismos y burbujas deslumbrantes. Los precios corren al ritmo de un dólar paralelo que salta muros, mientras nuestro ingreso camina encadenado a un bolívar que no alcanza ni para el pan de la tarde. No resulta perdurable una paz que se construye sobre las necesidades del que produce. La verdadera paz no es solo ausencia de conflictos; es la justicia que comienza con el reconocimiento del trabajo dignamente remunerado.

Redefinir el sueldo es hoy un acto de fe patriótica. Quien no habla del sueldo, no habla de Venezuela. Quien ignora la contratación colectiva, ignora la paz verdadera. La producción no se decreta, se motiva y se construye. Y no hay mayor motivación que saber que tu esfuerzo te garantiza una vida digna, no una sobrevivencia humillante.

Se ha impuesto una frontera invisible donde los precios se calculan con base al dólar del mercado financiero paralelo, mientras que nuestro ingreso se determina con un bolívar devaluado que se desmorona antes de llegar al bolsillo. No es solo economía, es un manotazo diario a la mesa del hogar. La calle no engaña y, sobre todo, la calle no espera.

El manifiesto silencioso que hoy recorre cada fábrica y cada sitio de trabajo es un grito de soberanía básica reclamando un sueldo que deje de ser una limosna volátil para volver a ser el digno sustento de la familia. Quien hoy guarda silencio sobre el sueldo en nombre de la paz, ignora que no hay estabilidad posible sustentada en el hambre de quien produce. La verdadera paz no es el silencio de los sometidos, sino el reconocimiento para quien produce.

Ese reconocimiento debe ser social y profundo, especialmente para el trabajador de Guayana y de cada rincón del país que ha mantenido encendida la chispa productiva en los momentos más difíciles de la nación. No se trata solo de dinero, sino de devolverle el respeto a quien entrega su vida frente a un horno, una máquina, una catedra, una computadora o una oficina. El trabajo productivo exige una dignidad que ningún decreto puede ignorar.

Necesitamos enterrar el espectro del Memorándum 2792, esa lápida que aplanó nuestro conocimiento y convirtió años de estudio y experiencia en una tabla rasa de supervivencia mínima. Al despojar al trabajo de su incidencia salarial, nos han pretendido quitar el derecho a un futuro digno. Hoy el trabajador no se jubila, se retira a la indigencia.

El capital que hoy ingresa al país y se anuncia con bombos y platillos, debe entender como verdad fundamental que las máquinas son hierro inerte sin el alma del trabajador que las mueve. No habrá inversión que florezca si se siembra en el desierto de la desmotivación de una clase obrera castigada. Capital sin trabajo no produce.

Insistimos, el sueldo hoy no es un favor que se pide, es un derecho que se reclama para devolverle el valor a la responsabilidad social del esfuerzo. Necesitamos transitar con urgencia del "bono miseria" que se evapora entre los dedos, a la salarización real que permita ahorrar y planificar. Un país que bonifica el sueldo, termina sembrando miseria.

La producción es el motor del desarrollo social y económico, pero un sueldo digno es el único combustible que garantiza que ese motor no se funda en la desesperanza. Al final del día, el sudor del pueblo trabajador es el que escribe la historia, y esa tinta no se puede comprar con bonos de guerra. El sueldo es un derecho y no un favor que se agradece; la dignidad no se negocia ni tiene rebajas.

La reconstrucción de Venezuela no pasa solo por una sinuosa política de paz, es urgente un acuerdo nacional de sueldos, salarios y pensiones donde se reconozca que el hombre y la mujer que trabajan son el activo más valioso del país, muy por encima del petróleo y el oro.

Nota leída aproximadamente 143 veces.

Las noticias más leídas: