Después de conversar con el nuevo jefe, el gendarme y otro detective se dispusieron a ir a la casa del profesor para vigilarlo desde cerca. Cuando estaban estacionados a unas cuantas casas de distancia, el otro detective le dijo a su compañero que no se sentía bien: tenía dolor de cabeza y había tenido fiebre temprano en el día, y le preguntó si podía llevarlo a su casa. El gendarme aceptó, diciendo que lo llevaría y luego regresaría para seguir vigilando al profesor.
Salieron, primero pasaron por una farmacia para comprar algunos remedios y luego llevo al detective a su hogar. Mientras tanto, el profesor, se asomó por la ventana de su casa y no ve el vehículo policial. De inmediato se embarco en su carro y salió. Al girar a la derecha como a dos cuadras, el gendarme que ya venía de regreso, estaba estacionado en la otra vía y pudo visualizar el carro del profesor. Imprudente, acelero, paso el semáforo en rojo - escuchándose los reclamos de los demás conductores – y comenzó a perseguirlo, manteniéndose a distancia para evitar que el profesor se percatara de que lo seguían..
El profesor se dirigió directamente a la casa del ex sacerdote. Al llegar, estacionó y tocó la puerta. En el momento en que el ex sacerdote le dijo que entrara, se escuchó un sonido espantoso que heló la sangre del profesor. Ya caía la noche.
El profesor se acercó al ex sacerdote y le dijo: "Padre, sentí algo... un escalofrío, un ruido, algo que me heló la sangre". El ex sacerdote lo miró y respondió: "Está aquí. El demonio está con nosotros. Ya estaba terminando todo para realizarte el exorcismo. Ven conmigo".
Mientras tanto, el gendarme vio el auto del profesor estacionado, lo dejó a cierta distancia, se bajó y se acercó con cautela, avanzando despacio y procurando no hacer ningún ruido. El profesor y el ex sacerdote subieron las escaleras hasta el segundo piso. Al abril la puerta de la habitación, esta rechino’. En el momento el ex sacerdote le dijo al profesor que le ayudara cerrar todas las ventanas. Al terminar, este le indicó: "Bueno, siéntate ahí mientras termino de preparar lo que voy a utilizar para el exorcismo". Prendió varias velas alrededor del lugar donde se sentó el profesor y apagó las luces. "Quédate tranquilo", le dijo el ex sacerdote, mientras le amarraba las manos a los lados de la silla.
Se puse de frente del profesor y empezó a pronunciar palabras en latín..
- "Exi ab eo!" → Sal de él!
- "Vade retro, Satanás!" → Vete atrás, Satanás!
- "Aperiatur os tuum et exeat spiritus immundus!" → ¡Abre tu boca y salga el espíritu inmundo!
- "Non tenebris imperes, sed lux tua luceat!" → ¡No mandes en las tinieblas, sino que tu luz brille!
- "Libera eum ab omni malo et immunditia!" → ¡Libralo de todo mal e inmundicia!
En ese momento, un helado y viento zumbó por la habitación y empujó fuertemente al ex sacerdote contra la pared, haciéndolo caer al suelo. El profesor empezó a rodar los ojos brotando sangre por ellos, moviendo la cabeza de un lado a otro, temblándole todo el cuerpo. El ex sacerdote se levantó y continuó:
- "Per nomen Domini nostri Iesu Christi, exi!" → ¡En nombre de nuestro Señor Jesucristo, sal!
- "Engendro diabólico, discede!" → ¡Engendro del diablo, retírate!
En ese momento, el profesor se levantó de un salto y se zafo de las ataduras de la silla. Su cara estaba masacrada y por la boca le brotaba una sustancia extraña y maloliente que inundo rápidamente toda la habitación. Se abalanzó sobre el ex sacerdote y le dio varios golpes fuertes. El sacerdote trataba de deshacerse de él, empujándolo con pies y manos. El gendarme sacó su arma y trataba de acercarse para intervenir, pero estaba completamente paralizado, como si estuviera atornillado en el lugar, como si algo le impedía dar un solo paso.
Con mucho esfuerzo, el ex sacerdote se desafió y volvió a pronunciar las palabras sagradas:
- "In Nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti, exi!" → ¡En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, sal!
- "Spiritus immundus, te adjuro per sanctam Crucem, discede!" → ¡Espíritu inmundo, te adjuro por la Santa Cruz, retirate!
- "Non potes hic manere, quia lux nostra te vincit!" → ¡No puedes quedarte aquí, porque nuestra luz te vence!
Entonces el profesor se tiró de nuevo al suelo y empezó a temblar con fuerza, rodando los ojos de nuevo en medio de la oscuridad. El ex sacerdote continuó rezando y echando agua bendita.
Justo cuando el gendarme logró bajar todo tembloroso y se dirigía hacia ellos, con revolver en mano, un celaje de una figura grande horrorosa escupiendo candela se lo encontró de frente golpeándolo con violencia y lanzándolo por la ventana hacia afuera. El ex sacerdote no paró: seguía echando agua bendita y pronunciando sus palabras. De repente, la sombra se abalanzó sobre él, envolviéndolo completamente como si lo estuviera ahogando. Él trataba de zafarse mientras seguía diciendo:
- "Per omnes sanctos et sanctas Dei, libera nos a malo!" → ¡Por todos los santos y santas de Dios, líbranos del mal!
- "Vade, maledictus spiritus, in gehennam tuam!" → ¡Vete, espíritu maldito, a tu infierno!
Hasta que de pronto pum – la sombra se desvaneció en un instante. El cuerpo del profesor dejó de temblar y el sacerdote cayó al suelo, agotado hasta el límite.
Al rato pudo levantarse y ayudó a levantar al profesor, quien estaba desmayado. Le echó agua bendita en la cara y el profesor fue despertando.
- "Hijo, creo que vencimos al demonio", dijo el ex sacerdote.
- "¿Qué... qué pasó? ¿Qué fue todo esto?", preguntó el profesor aún asustado.
- "Ya estás libre del demonio", respondió el sacerdote muy entusiasmado.
El profesor se levantó y conversó un rato con él. El padre le confirmó: "Ya estás libre, el demonio se fue. Todo está en orden".
- "Gracias, padre, gracias", dijo el profesor emocionado. "Se lo agradezco con toda mi alma. Por fin soy libre".
El profesor se despidió, agarró su carro y se fue rumbo a su casa. Nadie se dio cuenta de que el gendarme yacía tirado del otro lado de la ventana: había caído sobre una mata de maleza, por suerte no se había golpeado gravemente, pero estaba desmayado y todo atribulado.
Pasado un rato, el gendarme se levantó y empezó a pronunciar: "No, no, no, no, no, quítenmelo, es el demonio..." Salió corriendo por todo el vecindario, gritando como un loco – desesperado y angustiado – hasta que algunos vecinos lo pudieron atrapar y detener.
"¿Qué le pasó? ¿Qué le pasó?", preguntaron los vecinos. "Este es policía, yo lo conozco", dijo uno de los presentes. Habia salido dentro de esos matorrales, gritando como un desesperado.
En ese momento llamaron a la policía. Poco después llegó el otro detective, el nuevo jefe y otros funcionarios.
- "¿Qué pasó aquí?", preguntó el nuevo jefe.
- "Lo encontramos corriendo solo por la cuadra, gritando desesperado", respondieron los vecinos.
El jefe se acercó al gendarme y le preguntó qué le había sucedido, pero este no pronunció ninguna palabra – estaba desorbitado y muy angustiado. Luego miro al otro detective y tu no estaba con él.
No jefe, me sentí mal y le dije que me llevara a mi casa..
El jefe, lo reprimió, eso es una gran falta de su parte, mire lo que paso.
El otro detective, hizo un gesto con la cara y quedo en silencio..
- Eso lo hablaremos después. "Vamos, llévenlo al hospital", ordenó el jefe.
El otro detective y algunos funcionarios lo embarcaron en el auto y se lo llevaron. Al llegar al hospital, lo ingresaron de emergencia, pero él seguía gritando: "No, no... quítemelo, quítemelo". Estaba alterado por todo lo que había visto y por la sombra que lo había golpeado con fuerza, por lo que quedó internado.
El otro detective se quedó con él y habló con el médico:
- "¿Qué le pasa, doctor?", preguntó.
"Lo vamos a revisar completamente. Físicamente tiene algunos golpes leves, pero mentalmente está muy afectado – parece haber visto algo terrible o raro. Se la pasa gritando y no calma", respondió el doctor.
Pasaron algunos días. Los vecinos del ex sacerdote se dieron cuenta de que no lo habían visto salir desde entonces – él siempre solía conversar con ellos, pero llevaba días sin aparecer. Fueron a su casa y tocaron la puerta, pero no hubo respuesta. Comenzaron a revisar por alrededor de la casa, asomándose a las ventana las cuales estaban cerradas completamente - con excepción de una de la parte de arriba que estaba con los vidrios rotos por donde había caído el gendarme. De su interior un olor muy desagradable: algunos vecinos se taparon las narices mientras otros se apartaron de allí. Al final lograron abrir la puerta principal.
Cuando entraron, encontraron al ex sacerdote pegado a la pared en forma de cruz, boca abajo y cabeza invertida. Su cuerpo estaba lleno de cortaduras y las vísceras estaban fuera – estaba completamente muerto. Llamaron de inmediato a la policía, y el jefe llegó con otros funcionarios (ya que el detective seguía en el hospital con el gendarme).
"Santo Dios... ¿qué es esto?", exclamó el jefe al ver la escena. "Pero fue en este mismo vecindario donde encontramos al gendarme. ¿Qué habrá sucedido aquí?"
Los funcionarios se miraban unos a otros, todos sorprendidos y consternados.
- "Esto es increíble... qué horrible", dijo el nuevo jefe.