Para no sucumbir al zarpazo del Imperio

Unidad Nacional Urgente Volviendo a la Constitución

Martes, 27/01/2026 09:23 AM

Para no sucumbir al zarpazo del Imperio

Unidad Nacional Urgente Volviendo a la Constitución

 

Venezuela se encuentra en un punto de inflexión y quizás, de no retorno, debido a que en la última década se conjugaron actores internos y externos para desencadenar una “tormenta perfecta”, con el potencial de liberar fuerzas suficientemente poderosas para provocar la disolución del Estado Nación venezolano y su expresión política, la república libre, independiente y soberana que se proclamó en 1811 y se conquistó a sangre y fuego en la guerra de independencia que se libró durante veinte largos años. 

La madrugada del pasado 3 de enero fuimos sorprendidos por el intenso bombardeo que desplegó la IV flota del ejército de EEUU en el ataque al sistema de defensa e instalaciones militares de la FANB ubicadas en Caracas, el estado La Guaira y el estado Miranda, y con la noticia de que Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, fueron secuestrados por las fuerzas especiales de EEUU “Delta-Force”. el mismo destacamento que secuestró a Saddam Hussein en Irak y a Manuel Noriega en Panamá. Dejó 130 personas fallecidas entre civiles y militares, también dejó una valiosa infraestructura de la defensa inutilizada y algunas viviendas y edificaciones colindantes destruidas. Si bien este resultado podría explicarse por la enorme asimetría existente entre las fuerzas armadas venezolanas y la superioridad tecnológica y militar de la primera potencia del mundo, lo ocurrido exige del Estado un balance crítico que dé cuenta al pueblo venezolano del impacto de esta agresión y de la notable ausencia de respuesta de nuestra FANB que contradice las expectativas que creó el propio gobierno. en relación a la existencia de una capacidad de defensa bélica que no se demostró en los hechos.

Esta acción criminal del gobierno de EEUU contra Venezuela es violatoria de los principios del derecho internacional consagrados en la Carta de Naciones Unidas: los principio de no uso de la fuerza en contra la integridad territorial e independencia política de los Estados, de soberanía e integridad territorial, de no injerencia o no intervención y el de inmunidad de jurisdicción frente a tribunales extranjeros establecido en la Convención de Viena. Además de que la lucha contra el narcotráfico, esgrimida por EEUU como justificación para invadir Venezuela, no es una excepción válida que permita usar la fuerza militar contra otro Estado sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.

Con la excepción del bloqueo naval a las costas venezolanas por las flotas de Alemania, Gran Bretaña e Italia ocurrido durante el gobierno de Cipriano castro (1902-1903), nunca antes en nuestra historia republicana habíamos sufrido un ataque a la soberanía nacional de la magnitud y alcance ejecutado por un ejército extranjero, con el claro propósito de convertir a Venezuela en una colonia. Para el decadente imperio estadounidense el casus bellis falaz, delestado narco-terrorista venezolano”, utilizado para justificar el uso de la fuerza con el fin de imponer sus designios imperiales, pretende hacer de Venezuela la “vitrina” de la re-colonización de América Latina y El Caribe, en el contexto del nuevo orden multipolar global en proceso de configuración. Está reviviendo la vieja “diplomacia de las cañoneras” en lo que consideran su “patio trasero” según la renovada doctrina Monroe y su corolario Roossevelt del “Big Stick” (Gran Garrote) que inmortalizada en la frase: “Habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”, ampliada en el corolario Trump para su aplicación a todo el hemisferio occidental, incluyendo a Groenlandia y Canadá.

La confrontación polarizada entre el gobierno autoritario de Nicolás Maduro y la oposición injerencista, liderada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, han empujado a la Nación al borde de un abismo. Ambos polos se enfrascaron en la disputa por el poder a toda costa, y de una u otra manera, facilitaron la irrupción en el escenario nacional de la bota yanki. Pero fue María Corina Machado quien auto invistiéndose de “vocera del pueblo venezolano” solicitó a Trump la intervención militar para humillar a su propio pueblo, aupando la embestida brutal de los marines y esa agresión antinacional, para luego cerrar con “broche de oro” en su reciente visita a la Casa Blanca, en la cual le ofrendó a su amo Donald Trump su inicuo y viciado premio nobel de la paz en agradecimiento por el golpe de estado y la intervención militar que adelantó en Venezuela.

Desde su trono de “emperador”, Donald Trump se regocijó de la exitosa operación ilegal de secuestro de un jefe de Estado en ejercicio, con la cual profundizó el desmontaje del sistema de Naciones Unidas y la inauguración de una nueva modalidad de injerencia de EEUU en América Latina y El Caribe, a través de golpes de estado “por encargo”, de quintacolumnistas y traidores, ejecutado por las fuerzas militares del imperio estadounidense. Con el excelso cinismo que lo caracteriza, Trump terminó por quitarse la careta y confirmó, que el “Cartel de los Soles” no existe y que el verdadero propósito de la intervención en proceso no es combatir el narcoterrorismo, sino administrar directamente (expoliar) el petróleo, el gas y demás minerales estratégico de Venezuela, y garantizar la “seguridad nacional de EEUU” y para garantizar el cumplimiento de sus designios imperiales y coloniales mantendría, la presencia indefinida en el Caribe venezolano de la cuarta flota del Comando Sur, el bloqueo naval a las costas venezolanas. Aclaró que María Corina Machado no jugará ningún rol importante por ahora, porque el papel protagónico le corresponde a quienes controlan el territorio y garantizan la gobernabilidad del país. Mientras tanto, le estaría dando su “apoyo” al gobierno provisional de Delsy Rodríguez, “siempre y cuando haga lo que él le instruya”, de lo contrario le irá “peor que a Maduro”, con la advertencia de que las grandes empresas petroleras incluyendo las de China e India deben ahora negociar directamente con él, si quieren venir a comerciar e invertir en Venezuela. Trump ha llegado al colmo del cinismo de declararse “presidente de Venezuela”. Estas expresiones que parecen propias de un “loco”, la verdad es que están siguiendo el guión de la doctrina colonial de seguridad nacional de EEUU (National Security Strategy. 2025) y tienen una gran carga simbólica que forma parte de la intensa guerra psicológica y cognitiva que adelanta el gobierno de Trump con el propósito de intentar ablandar la conciencia nacionalista y soberana de los venezolanos y también, de los pueblos de la región y del mundo. Lo que estamos viendo es el intento de convertir a Venezuela, mediante la fuerza y la extorsión, en una colonia estadounidense para que sirva como referencia para el hemisferio occidental y el mundo, siguiendo los códigos propios de las organizaciones criminales que utilizan el miedo y el terror para doblegar a sus víctimas. Es el terrorismo de estado puro y crudo del imperio.

Ante éste terrible y sombrío panorama, la unidad nacional auténtica para salvar la República y la Nación, más allá de las diferencias políticas e ideológicas, es un imperativo urgente porque es el único camino para crear las condiciones que hagan posible defender la soberanía de la Patria en peligro de sucumbir ante el imperio colonial agresor. Pero la responsabilidad histórica principal la tiene hoy el gobierno del PSUV y particularmente la presidenta encargada Delcy Rodríguez, a quien ha correspondido liderar el Estado en un momento crucial de nuestra historia, en el que se decide si preservaremos la independencia de la Patria o volveremos a estar sometidos por el yugo colonial. Hay que botar el lastre gatopardiano y las simulaciones politiqueras características de las élites que han protagonizado la confrontación fratricida, que nos ha traído a esta encrucijada existencial. Es la hora del diálogo sincero, amplio y diverso, con visión de futuro y de Estado, pensando en las generaciones de hoy y las de mañana. Ese diálogo, en el que deben estar representados todos los sectores de la vida nacional y la sociedad en su conjunto, para procurar un “Acuerdo de Salvación Nacional” hacia la restitución de la Constitución y la superación de la crisis de legitimidad por la vía democrática y constitucional.

Hay que tener en cuenta que cuando un pueblo no se siente representado por su liderazgo político, no luchará con la misma determinación que un pueblo que defiende su propia libertad. Por ello, es fundamental lograr la unidad nacional, la que solo será posible si los actores reconocen que hay una crisis de legitimidad del liderazgo, tanto del gobierno como de la oposición, y que para salir de ese atolladero es fundamental establecer una hoja de ruta hacia la reinstitucionalización y el retorno a la Constitución que es el desiderátum que nos cohesiona como Nación. El gobierno-PSUV presidido por Delsy Rodríguez es un actor clave que podría hacer posible la unidad nacional para enfrentar al enemigo imperial e impedir que se consolide su proyecto neocolonial. Para cumplir ese rol histórico debe continuar vaciando las cárceles de presos políticos otorgándole la libertad plena y no solo la condicional, pero eliminando la “puerta giratoria”, restablecer el estado de derecho derogando la ley antibloqueo para que se abran las compuertas hacia un proceso de reconstitucionalización y por ahora, diferir la consideración de cualquier reforma constitucional. Debe hacer un llamado aj diálogo con la participación de todos los actores sociales y políticos, y sectores de la vida nacional en una mesa de diálogo destinada a producir un “Acuerdo de Salvación Nacional”. Es fundamental garantizar la transparencia del diálogo y las negociaciones políticas y económicas con el gobierno de EEUU. Vale recordar la célebre frase de Wiston Churchill en el marco de la segunda guerra mundial: “Pueblo informado, pueblo en guardia”. Solo así se generará la confianza suficiente para comenzar a romper la inercia que pareciera empujarnos al fondo del abismo. 

 

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