Venezuela ante el cambio: ¿Podrá la gestión de Delcy Rodríguez mejorar la vida?

Sábado, 28/02/2026 12:19 PM

El panorama político de Venezuela ha experimentado una reconfiguración sustancial en los últimos tiempos, alejándose de la polarización estancada que caracterizó años anteriores para moverse hacia una nueva realidad donde la pragmática geopolítica marcan el paso. En este contexto, se observa con claridad el ascenso de Delcy Rodríguez como la figura central de la administración gubernamental. La administración de Donald Trump, adoptando un enfoque de "política real", ha entablado vías de diálogo directo con la Vicepresidente Ejecutiva, consciente de que cualquier solución para el país debe pasar por el consenso con el Estado venezolano legítimo.

 

Este giro en la estrategia de Washington ha dejado a los sectores opositores más radicales en una posición de virtual desconexión con respecto a la toma de decisiones. La antigua aspiración de un cambio de gobierno forzado desde el exterior se ha desvanecido ante la evidencia de que los aspectos políticos, económicos y sociales se deciden en Caracas, con la participación activa y protagónica del oficialismo. La oposición, que una vez tuvo protagonismo en las calles, ahora se encuentra fuera de la carretera principal del destino nacional, observando cómo los grandes acuerdos y las definiciones del futuro se discuten entre Miraflores y la Casa Blanca, sin necesidad de intermediarios que carecen de peso electoral o territorial.

Desde el exilio, la respuesta de los sectores radicales ha sido la de consolidar sus fuerzas en territorios extranjeros, una maniobra que, a la luz de los acontecimientos, parece más una retirada que una estrategia. María Corina Machado mantiene su rol de interlocutora pública, apelando a las emociones de una base de seguidores que espera cambios inminentes, mientras que Edmundo González se dedica a la elaboración de estrategias teóricas sobre el desarrollo del país. Sin embargo, estos esfuerzos de planificación y discurso chocan con una realidad ineludible: Washington ya ha apostado por Delcy Rodríguez como el poder legítimo

Recientemente, el analista estadounidense Geoff Ramsey, especialista en política latinoamericana, señaló que no parece una coincidencia que el presidente Donald Trump no mencionara a María Corina Machado durante su discurso del State of the Union 2026. Eso confirma nuevamente que los líderes opositores ya no se consideran como poder real de Venezuela.

No obstante, este acercamiento entre Caracas y Washington no está exento de complejidades y críticas. Para los sectores más duros del chavismo y para aquellos que observan con recelo el imperialismo, las visitas de funcionarios estadounidenses a Venezuela son vistas como un paso negativo, una concesión peligrosa que podría minar la soberanía conquistada. Claro que los venezolanos no estamos acostumbrados a tales visitas de amistad y para la mayoría es una catástrofe nacional.

Sin embargo, en un análisis desapasionado, estas gestiones constituyen la única posibilidad táctica viable. Para Delcy Rodríguez, recibir a estas delegaciones no significa sumisión, sino la oportunidad de conocer de primera mano el estado real del presidente Nicolás Maduro y, crucialmente, abrir espacios de negociación sobre su posible libertad y garantías jurídicas. Es una jugada de ajedrez diplomático donde el contacto directo permite desactivar amenazas mayores y obtener certezas en un entorno de incertidumbre.

En la hora más crítica de nuestra patria, tras el secuestro del Presidente legítimo, Delcy Rodríguez asume el timón del poder en tiempos indudablemente difíciles, emergiendo como la figura de autoridad necesaria para llenar el vacío de poder y garantizar la continuidad institucional. Su asunción no ha sido un acto de simple sucesión burocrática, sino una auténtica prueba de fuego para nuestro poder colectivo, marcada por la presión internacional. En este escenario, intenta consolidar fuerzas mientras adapta su gabinete a las nuevas realidades, consciente de que la vuelta de Maduro no es un proceso rápido.

Su gestión actual se perfila como el dique de contención que ha logrado evitar una intervención completa por parte de los Estados Unidos y, lo que es más grave aún, ha frenado las posibilidades de una guerra civil que sectores extremistas anhelaban como salida, demostrando así que la estructura revolucionaria se sostiene firme incluso ante el ataque a sus principales figuras. La estabilidad institucional que hoy se exhibe es el primer paso para la recuperación y la demostración soberana de que el liderazgo es un principio de organización. Sin embargo, la incógnita persiste en el aire: ¿Podrá Delcy Rodríguez afrontar los inmensos retos políticos y económicos que se avecinan? La tarea ahora es calmar las aguas internas y revertir el deterioro productivo, traduciendo la resistencia política en bienestar concreto para el pueblo.


 

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