Felipe Rodríguez, El Poeta del Pueblo (San Juan de Los Morros) y toda una historia…

Jueves, 26/02/2026 11:41 AM

  1. Nueve hermanos: Argenis, Alirio, Adolfo, Idilia, José, Milagros, Felipe, Teresita y Francisco. Los cinco primeros nacieron en Santa María de Ipire (entre 1936 y 1945); tres en Las Mercedes del Llano (entre 1945 y 1952) y el menor, Francisco, en San Juan de Los Morros (1952). Seis de los cuales han muerto. Los padres de estos nueve hermanos fueron Javier Rodríguez Barberi y Clara Rodríguez Díaz. Debemos agregar, que la señora Clara Rodríguez adquirió una gran afición por criar muchachos y muchachas ajenos a los que también considerábamos hermanos, de modo que nuestra casa en Las Mercedes del Llano era un gran bullir de gente que desempañaban diversas funciones, el de criadas, mandaderos, dependientes…, pues nuestra casa era un pequeño centro comercial con sastrería, restaurante y hotel (regentados por Clara), bodega y talabartería dirigidos por Javier.

  2. Felipe nació el 13 de noviembre de 1949, es decir que yo le llevaba casi exactamente cinco años y seis días. Nació con una memoria prodigiosa, pero no pudo asistir con regularidad a la escuela, producto de la epilepsia que comenzó a afectarle desde los cinco años. La epilepsia lo convirtió en un ser único dentro de la familia, y como no podía estudiar, se dedicó a múltiples oficios, entre ellos el de recitador y cantante, el de maromero y sobre todo al de vendedor ambulante de libros. Tenía una especial sensibilidad para todo lo espiritual, pero para entonces, existía una muy acendrada creencia de que todo el que sufría de epilepsia estaba loco, sin tomar en cuenta que fueron epilépticos: San Pablo, Alejandro Magno, Julio César, José Antonio Páez, Dostoievski, Van Gogh, Napoleón, Juana de Arco, Newton, Teresa de Jesús,…

  3. Felipe desde niño se aficionó por el canto y la recitación, vivía recitando en cuanta feria o festejo popular se montaba, sobre todo en el Centro Turístico Los Baños Termales de San Juan de Los Morros. La gente acabó llamándolo "El Poeta del Pueblo". Su indumentaria era calzón blanco corto a media pierna, sombrero de paja, faja, franela, machete en su vaina, rebenque y en alpargatas. De niño, repito le iba a recitar poemas a los turistas que acudían a Los Baños Termales, y tenía una fabulosa selección, muy amplia, sobre toda una colección, aprendida de memoria del famoso Repertorio Poético de Luis Edgardo Ramírez. Luego él mismo extendería la suya propia, que sin exagerar sobrepasaba las quinientas composiciones, de modo que podía pasarse todo un día recitando verso tras verso sin repetirse. Durante un tiempo se hizo gran amigo y servidor del sabio José Francisco Torrealba, a quien ayudó a levantar un zoológico y una gran colección de plantas medicinales para sus experimentos contra el cáncer y otras enfermedades.

  4. Felipe, de niño, siempre se ganó la vida trabajando en la calle, y él cuenta, exageradamente, que cuando llegaba a casa mi mamá le regañaba y pegaba por llegar con dinero que no era del trabajo que ella conocía, porque para la gente del llano trabajar era partirse el lomo echando pala y machete. Luego a Felipe le dio por practicar la gimnasia llegando a desarrollar unas condiciones físicas extraordinarias, logrando un cuerpo flexible, ágil y fuerte, que le permitía sostenerse con perfecto equilibrio, en diferentes posiciones, entre ellas entrecruzando brazos y piernas como hacen los yogas. Hacía espectáculos en barras y trapecios en algunos circos que llegaban al pueblo de San Juan. Incluso ocurrió la siguiente historia: Tendría Felipe unos seis años, cuando se perdió. Eran las 11 de la noche y aquel muchacho no aparecía, y entonces corrió la alarma, y se activaron cuadrillas entre todos los vecinos que comenzaron a recorrer las orillas del río San Juan, con lámparas de gasoil y linternas. Amanecimos en aquella agitada y penosa búsqueda, cuando a eso de la siete de la mañana nuestro querido hermano se presentó en casa, asustado y lloroso, diciendo que se había quedado durmiendo con los maromeros de un circo que se estaba presentando en San Juan. Felipe se había quedado practicando piruetas con varios payasos y lo cogió la noche y allí se quedó. De hecho, lo quisieron contratar para llevárselo a recorrer el mundo, pues, según los equilibristas de aquel circo era un niño con muchas habilidades, que mostraba condiciones excepcionales para las acrobacias.

  5. Cuando nos mudamos a Caracas a principio de los años sesenta, Felipe se dedicó a presentarse como contorsionista en distintos puntos de la capital, atraía a mucho público todos los fines de semana, especialmente en El Parque Los Caobos. Pero lo que más le dolía a la señora Clara era que Felipe, no pudiera estudiar, eso le producía mucha pena, porque ella quería que todos fuéramos doctores, como lo había sido padre, Manuel Díaz Rodríguez. Lo que más nos estremecía era ver aquel muchacho, presa de ataques epilépticos terribles en los cuales perdía el conocimiento, se mordía la lengua, y soltaba una especie de baba o espuma por la boca. Pero esto nunca le impedía que saliese cada día a recitar por plazas y parques, por centros turísticos, y así ganarse algún dinerito para ayudar en casa, comprarse ropa y chucherías.

  6. Durante un tiempo, en su adolescencia y juventud, algunos lo tildaban de loco, por lo que acabó escribiendo sus libros: "Los locos son los que saben", "Pueblo chiquito, infierno grande", "Aquel pasado no retornará", "El poeta nace no se hace", "Por los Caminos de la Llanura" (poemario), entre otros. Yo me caía a puños con el que lo llamara loco, y a veces me enfrentaba a bandas completas, a piedras y palos, por la Calle Santa Isabel, en la Avenida Los Puentes, Avenida Cedeño, en el Grupo Escolar República de Brasil, en el monumento a San Juan, en el barrio Los Chiriguare, en la Vuelta de Juan Flores… cuántas veces él y yo llegamos a casa con la ropa destrozada y descalabrados por las batallas en las que nos metíamos. Fueron incontables las veces en que a pedradas me rompieron la cabeza. Cuando uno se veía sangrar el cuello, los hombros y las espaldas, se desprendía de la camisa e iba directo al hospital, y así recorría uno toda la Avenida Bolívar. Estas eran las heridas más comunes para médicos y enfermeras en aquel pueblo. Nos curaban colocándonos algodón con merthiolate, cogiéndonos algunos puntos y poniéndonos un parche, y así, listo, volvíamos a nuestras andanzas y aventuras.

  7. Existen historias encantadoras de mi hermano Felipe, una en especial es aquella cuando teniendo unos seis años, llega a cultivar una muy buena amistad con la familia Ziegler, la cual vivía en la Avenida Cedeño. Felipe si se puede decir como la canción, tenía un millón de amigos. Todo el pueblo de San Juan lo quería. Pues bien, llega Felipe, siendo un niño de seis años, insisto, a casa de don Enrique Ziegler y doña Flor Carpio de Ziegler, encontrándonos nosotros recién llegado de Las Mercedes del Llano; sencillamente cruza la calle, y va y se presenta a esta familia, le habla de sus dones para el canto y la pintura, y al poco rato de estar platicando va les pide que por favor lo confirmen, que sean ellos sus padrinos. Don Enrique no sabe qué pensar ni qué decir, porque está encantado con aquel chiquillo ni tampoco le va a pedir permiso a nuestros padres, les conmovió la elocuencia y la prolijidad de los cuentos de aquel niño y aceptan, pues, confirmarlo. Entonces, el señor Enrique coge su saco y su sombrero, le dice a su mujer que lo acompañe y se dirigen a la iglesia que queda a unas dos cuadras. Van hasta el cura y formalizan el acto. Finalizada la ceremonia Felipe les da las gracias y se dirige en volandas a nuestra casa, y llegan dando gritos, informándonos que ya tiene padrinos y da sus nombres: el señor Enrique y la señora Flor…, lo cual nos produjo una gran alegría, sin saber los más pequeños de la casa, claramente, por qué debíamos alegrarnos, en qué consistía aquello de ser bautizado por confirmación, porque el padrino oficial era el boticario Marchena de Las Mercedes del Llano.

  8. Algunas personas le reclamaban a Felipe: "¿Mira, muchacho, a ti no te da pena que te la pases noche y día recitando para que den plata?", y entonces Felipe respondía: "Yo recito, y me da el que aprecia mis versos, el que puede y el que quiere. A nadie obligo, lo que sí me daría pena es que dedicara a robar, como hacen muchos y nadie les dice nada".

  9. A Felipe lo adoramos todos sus hermanos como alguien quien fue eternamente un niño, y nadie jamás pudo sacarlo de su fantástico mundo de creación, de poesía, de amor y entrega a los demás, de divina y excelsa espiritualidad, un ser que en realidad no sabía lo que sabía ni lo que era, y puede decirse como escribió Hördelin en el Hiperión: "… cuanto más inocente y hermosa es un alma, mayor es su confianza con los restantes seres vivos y felices a los que llaman inanimados".

  10. En varias ocasiones, entre 2009 y 2014, me llamó por teléfono, entonces yo dirigía en Mérida, la editorial KARIÑA EDITORES, y él tenía varios trabajos que deseaba publicar. Para ese tiempo ya era muy difícil conseguir recursos, y ya yo estaba jubilado de la Universidad de Los Andes.

  11. Por la década de los 70’s, nuestra familia ya asentada en Caracas, fue desperdigándose: unos cogieron para el exterior, otros volvieron a San Juan de Los Morros, entre ellos Adolfo, Francisco y Felipe, y allí cada cual como pudo fue levantando sus propias familias (menos Felipe que permanecía soltero). En los 80’s, Felipe se ganó alguna fama por ser el promotor de que se crease en el Guárico, la Universidad de Los Llanos "Rómulo Gallegos". Montó una librería que llamó así precisamente "Librería Universidad de Los Llanos Rómulo Gallegos", al tiempo que continuó vendiendo libros casa por casa, convirtiéndose a la vez, prácticamente en el agente exclusivo para el Guárico del gran librero de la Librería Mundial, don José Pachón, en Caracas.

  12. Si algo conservó Felipe durante toda su vida fue su gran amor por Las Mercedes del Llano, lugar que visitaba con cierta regularidad, y donde era muy querido por sus habitantes. En una de sus visitas, se enamoró de Marcela, una negrita, de baja estatura y algo redondita, de hermoso pelo ensortijado, quien servía de doméstica en casa de la conocida familia Carrillo, desde hacía muchos años. Marcela era analfabeta y tenía una risa esplendorosa, y quien sabe si era porque no sabía nada de este mundo por lo que podía reír con toda su alma. A Marcela se la había encontrado lo Carrillos, por esos montarascales, entre el Orinoco y Las Mercedes, desconociéndose quienes era sus padres. La familia Carrillo, después de muchas consultas y opiniones, finalmente aceptó que Felipe se casara con Marcela, y aquello fue toda una gran fiesta, pues, Felipe en realidad era un gran partido para ella, siendo hombre serio, un artista y un consumado trabajador. El matrimonio se realizó por todo lo alto en Las Mercedes, y Marcela no dejaba de reír por lo nerviosa y por lo raro que le parecía llegar a ser mujer de un hombre. En habiéndose casado, la pareja se fue a vivir a San Juan de Los Morros, y en sudando la gota gorda, Felipe y Marcela levantaron un bello rancho hacia la Salida de Los Llanos, en un sector que todo fue inaugurado y definido poéticamente por Felipe: Calle Witre Mundo Torrealba (hijo del sabio Torrealba), Urbanización Magisterio, sector Valle Verde.

  13. Apasionadamente enamorado Felipe le hizo a Marcela este poema:

LINDA LO ERES TÚ MARCELA

I

La noche lo es mucho más hermosa

Hoy a ti te lo estoy diciendo

mi amor, querida con sentimiento

mujer, te lo dice tu cariñoso marido

tú y yo cuando te abrazo gozo

cada día mucho más te adoro

por ser más valiosa que un tesoro

jamás te despegaré de mí.

II

Ya lo sabes mi amorcito

por todo tu bien te lo digo

a que te encontraste conmigo

mucho más perfumada que las rositas

te y te quiero mujercita

tu vida no la despegues de la mía

así como la tenemos este día

no me dejes como soy contigo.

III

Yo sin ti no soy nada en este mundo

ni tú sin mí teniéndome presente

te lo digo en El Castrero, flor saliente

en cualquiera de los pozos profundos

no me desprecies por ahí al rumbo

cuando yo te pida la mano preciosa

ya que para mí tú eres buenamoza

para que me vayas a decir que no.

IV

Tú para mí eres una encantadora

y ahora mucho más con la vida mía

te lo digo en versos y poesías

sin mí no tienes quien adore

ni conseguirás quien te valore

te lo digo en la sombra del samán y arena

porque tú sin mí llevarás una pena

si me dejas para ti será un dolor sin mí.

 

  1. De su oficio en Las Mercedes, Marcela aprendió a ser una gran cocinera y le hacía a Felipe los mejores mondongos, los más incomparables pabellones, las mejores arepas y empanadas de caraotas negras, de carne y de queso, paloapique, conservas y jaleas, caratos y chichas. Felipe estaba feliz con su negrita, sereno y engordando día tras día, y Marcela también aumentó unos kilitos, y en ocasiones para celebrar aquellos buenos tiempos, se iban de paseo a Caracas a visitar a Milagros, a Idilia y Teresa, e iba Felipe siempre impecablemente vestido de liquilique blanco, sombrero de paja y de alpargatas, y ella con vestidos anchos y floreados, y muy pintarrajeada. Era una pareja que a donde llegaba llamaba la atención. Típicamente llanera. Algunos los veían como raros, como de otros tiempos.

  2. Felipe para darle felicidad a Marcela trabajaba de sol a sol. Su casa estaba muy bien amoblada, muy bien abastecida de todos los productos alimenticios, con docenas de cuadros, porque ahora Felipe se dedicaba a la pintura, y era muy prolífico. De siete de la mañana hasta el mediodía, Felipe colocaba su caballete en la Plaza Bolívar, frente al monumento del San Juan, y se dedicaba a pintar. Por las tardes vendía libros. Se podía decir que era el hombre más dichoso del planeta, y por donde pasaba todo mundo lo saludaba con cariño: "ahí va el poeta del pueblo, y ya tiene señora". Yo estuve un año en Cádiz (España) y recuerdo que los fui a visitar, Marcela estaba tan contenta que no paraba de hablar y no dejaba de preguntarme cómo era eso por allá lejos a donde yo había estado y que si me había ido para esos mundos en mi carro y…, la abracé por todo lo genial, sencilla y pura que era.

  3. Hasta que entonces ocurrió lo de aquel paro petrolero en el año 2002. A Marcela le dio una especie de infarto, y no hubo un carro que la auxiliara, pues no se conseguía gasolina para llevarla al hospital, y murió en brazos de Felipe. Ahí comenzó la segunda parte de su gran soledad del poeta, además de loco, mantuvo su inmensa cordialidad y comprensión con todo lo que le rodeaba.

  4. Yo a Felipe, siempre lo vi como el más puro de nuestra especie. La santidad más natural. Nunca habló mal de nadie, trabajaba incansablemente para tratar de hacer feliz a los suyos. Jamás conoció la envidia y siempre creyendo que realmente no sabía de nada, que era un ignorante consumado de todo. Se ganaba la vida a pulso en un país en el que casi todo el mundo estaba becado por el estado, es decir casi nadie trabajaba n algo que le gustara. Se cansó de escuchar que lo llamaran loco, y por eso jamás se molestó, y creo que hasta a lo mejor lo aceptó, y que mejor fue así.

  5. La escritora Elisa Pineda de Belisario, en el prólogo del libro de Felipe "El poeta nace no se hace", escribe: "… sorpréndenos la pasión de este hombre por su tierra, la angustia por el destino de su pueblo, la gratitud por el servicio ciudadano. Y nosotros que veníamos mortificados por el encarcelamiento de la pasión, la angustia y la prístina gratitud, nos sentimos aliviados al comprender que la poesía, matriz dadivosa para las alas que alcanzan las cumbres e igualmente nodriza para los tardos vuelos siempre que fulgure en unas y otros la misión del poeta, le abrió cauces a Felipe para la proclama de su amor y de su responsabilidad… en los ribetes de sus creaciones, explosión de espíritu, encuentro de lo ingenuo con lo trascendente, Felipe Rodríguez deja para los cronistas la noticia de lo bueno y lo modesto en una galería donde canta a los bomberos locales… en sus letras de truncados versos bulle sin embargo la mágica palabra que se transmuta en poesía por en él habita el alquimista que dora las tardes, que irisa el temblor del colibrí, que alumbra el alba, que embellece al hombre".

  6. La última vez que lo vimos mi esposa y yo, fue en Los Teques, en casa de mi hermano Adolfo. Quería agasajarnos y nos estuvo recitando kilómetros y kilómetros de poesía con su fabulosa memoria, y lo hacía al salir el sol, al levantarnos y tomarnos el primer café, y así seguía luego mientras se hacían los preparativos del desayuno y continuaba en la sobremesa, y también después en los paseos por la huerta de Adolfo, más tarde cuando íbamos y nos echábamos en las hamacas, igualmente en los arreglos para el almuerzo, y aquellos conciertos de él eran tan agradables, inefables, pleno de nostalgias y de agradecimientos a la vida, porque en sus versos recorría nuestra infancia, nuestras costumbres y ritos, la vida de nuestros hermanos, de nuestros padres; volvía a la época aquella de la mudanza de nosotros de Las Mercedes a San Juan en 1952, rememorando todas las escuelas primarias de aquel pueblo por dónde discurrimos, por las ferias y paseos…

  7. Ya viejo y agotado de una vida solitaria en el rancho que había construido con Marcela, comenzó a enfermar, hasta que vino su hermano Adolfo y se lo llevó a Los Teques para cuidarlo. Entonces me mandaba multitud de mensajes con sus recitales, porque yo estaba sin poder moverme de Mérida. Me adoraba como adoró a todos sus hermanos. Y allí en brazos de Adolfo murió el 2 de mayo de 2024.

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