¿Cuándo hemos sido soberanos? David, siendo en apariencia débil, fue el gigante. ¡Ahora es cuando falta!

Martes, 10/02/2026 03:44 PM

La soberanía, no se fundamenta y menos se sustenta en leyes. Las leyes valederas, reales, que hablan o revelan la soberanía, nacen después que esta está sentada en su trono y con fuerza para resistir los embates contra ella. Mientras tanto, todo es luchar por ella y hacer cosas en correspondencia hasta donde sea posible. No son las leyes las que hacen a uno, su país, soberanos. Es la fuerza que uno tiene, las bases que aquella generan, la fortaleza del modelo económico, la creatividad de sus clases, dirigencia y su gente. La capacidad de competir con ventajas. Las leyes, esas que uno alude para hablar de soberanía sin fundamento, que a ella no soportan, pueden ser modificadas, en un sentido u otro, y haciendo eso, no podemos hablar de ganar o perder soberanía. Las leyes sólo declaran lo que somos o creemos ser. Como hay países capitalistas de Estado, que según sus constituciones son socialistas, pero como decíamos antes, "el hábito no hace al monje".

David, por su tamaño, ante aquel gigante llamado Goliat, parecía como muy débil; es decir, no lucía "soberano", fuerte, más que aquél. Viéndole, pese hubiera habido leyes que hablaban de su soberanía, nadie podía creerle, como no le creyeron sus padres, hermanos y demás integrantes de la aldea, cuando desafió a aquel contrincante hasta ese momento inderrotable.

Pero David, en aquel mundo, momento y espacio, donde competían por la supremacía la fuerza contra la astucia, una mayor que la otra, derrotó a Goliat, hasta de manera vergonzosa. Las relaciones de entonces, estaban expresadas idealmente, entre la fuerza bruta de Goliat, dado su enorme tamaño y la astucia, habilidad de David, el pequeño, pero de hábiles movimientos y armado de un instrumento, entonces contundente. David, desde lejos, llegó con tecnología, a los espacios íntimos de Goliat y lo exterminó.

No fue aquello un acto de magia, resultado de los sueños sin sustento, menos de algo imaginado o intentado copiar de otro espacio, sino que David, hizo de su astucia, la fuerza necesaria. No es un sueño, nada extraído o fundamentado en lo irreal y sin sustento. David fue más fuerte que el gigante.

Hay quienes, ahora, hablando de soberanía, confunden ceder, porque la realidad lo impone, con entrega y mencionan a Vietnam y el desafío de aquel pueblo a su contrincante, en aquella guerra que llamaron de "liberación nacional", como también lo hacen de la Cuba, de inicios de la década del 60 del siglo pasado. Unos, deliberadamente, otros por ligereza, pasan por alto, borran u olvidan el cuadro mundial. Como que Vietnam, colinda con China, queda muy lejos de los espacios propios y naturales de EEUU y en donde entonces gobernaba Mao. Y que existía la URSS, que a Ho Chi Min, había desde antes de aquella guerra, brindado su respaldo fraternal, pese aquel bloque, era lo que era, como lo que la condujo a la derrota o al hundimiento; pero era, entonces, una potencia militar y tecnológica, tanto que lideraba los hazañas espaciales. Y, además, había allí un Estado que, si alguna virtud tuvo, fue mostrarse atrevido y hasta imprudentemente solidario con quienes tenía como aliados.

Y, en los Estados Unidos mismos, la lucha contra la discriminación racial se había cruzado con aquella guerra vietnamita, que hizo decir a Muhammad Ali, "no voy a esa guerra a matar hermanos y en favor de quienes me niegan mis derechos, discriminan". Mientras los jóvenes en edad de ser incorporados al ejército aquella obligación rehuían, por lo verle sentido a aquella confrontación en un espacio ajeno.

Un país como el nuestro, que pasó casi de pastoril, escenario de intermitentes guerras entre caudillos, líderes de grupos pastoriles, pequeños propietarios de tierras que aún practicaban la esclavitud y unos mercaderes, acumuladores de un pequeño capital, de conducta usuraria a uno rentista, con la emergente aparición de petróleo, demandado en abundancia en el mercado mundial.

Aún de Gómez para acá, Venezuela, nunca ha sido soberana, quizás un país y parte de su gente, intentando serlo.

Los gobiernos de Medina hasta el Dr. Rafael Caldera, en su segunda presidencia, lo fueron de un país rentista que, por los recursos provenientes del hidrocarburo, con sus bajadas y subidas de precio en el mercado mundial, daba muestras de querer ser soberano, más por la herencia dejada por Bolívar; pero más fue la ilusión incubada en alguna de sus vanguardias, incluyendo factores gubernamentales, que lo que realmente incurría en el crecimiento del modelo, la tendencia contraria; a la sujeción de los capitales externos.

A la caída de Pérez Jiménez y ante las alternativas siempre derivadas de esas crisis, siendo aún beneficiados por el ingreso petrolero, los factores dirigentes, hasta de los lados opuestos, dieron muestras de no saber cuál era el camino hacia la soberanía. Se mostraron igualmente incompetentes, pese se enfrentaron en una ruda lucha.

Mientras Betancourt, sugestionado, demasiado personalmente, por garantizar su liderazgo, se dejó tentar por Rockefeller y sus asesores en aquel plan de sustitución de importaciones, una trampa más para inmovilizar la búsqueda de la soberanía y su más distante oposición, aquel espectro que llamaron la izquierda, cayó en lo de la lucha armada, partiendo de un diagnóstico y proceder radicalmente ajenos a nuestro realidad e intereses. Que, en la práctica, no fue más que desarmar y distanciar toda la estructura existente de los partidos progresistas, una amplia gama, distanciarlos del movimiento popular inconforme con aquel gobierno y asumir un modo de acción que, no sólo le dio fundamento legal al gobierno para que reprimiera brutalmente, hasta llegar a la casi liquidación de sus partidos, sino que a la multitud inconforme la desalentó, paralizó y hasta la volvió contra ella misma.

Los comportamientos, del gobierno de Betancourt y los posteriores, actuando en gran medida de conformidad con lo determinado por el capital externo y los empresarios internos asociados a él, que se apoderaban del ingreso nacional mediante créditos blandos, casi regalados, en dólares y el de la oposición de la llamada extrema izquierda, que lo fue toda, quien asumió un diagnóstico y práctica que le era ajena, hablaron contundentemente de falta de soberanía. No había en ellos, en ninguno de los bandos, un plan coherente con lo que esa palabra implica, pese el significado y valor del petróleo y en un mundo no competido con la ferocidad y como centímetro a centímetro, como lo es hoy.

Sigue siendo valedero decir que somos un país "mono productor", pues el petróleo sigue siendo nuestra fuente dominante fuente de divisas, 80% de las exportaciones y un 60-70% del ingreso fiscal. Un indicativo contrario a lo soberano. Bastó a EEUU sancionar y reducir nuestra producción y exportación petrolera, para hundirnos en la crisis más dramática de nuestra vida, después de superadas aquellas etapas de guerras civiles. Y siendo esa la realidad, no podemos hablar de la existencia de un Estado, Nación soberana, sino de unos entes y pueblo que por ella luchan.

Las enmiendas o reformas a la Ley de hidrocarburos en los años de gobierno de Chávez, como la del 2001 que aumentó la regalía por la extracción de petróleo del 16.7 al 30%, del 2006 que sancionó de modo que las empresas mixtas - Estado y capital privado - que los procesos de extracción pasasen a ser "competencia exclusiva de PDVSA e incrementó el Impuesto Sobre la Renta en esas actividades al 50%, resultaron de un momento transitorio de prosperidad y hasta como resultado de un cuadro político que como una impronta, creó un Estado confuso en muchos espacios.

Tampoco puede hablarse de soberanía o llamarse soberano, un país, donde factores de mucha inserción en el movimiento popular, dada la insatisfacción generada por las dificultades económicas, al margen de las causas reales que las motiven, piensan, actúan, sujetos a las disposiciones, órdenes del capital y poder político externo.

La soberanía es una meta, pero ella no está impresa en ley alguna sin sustento material, estructural; por eso entiendo y comparto las modificaciones hechas a la Ley de Hidrocarburos de ahora, destinadas a incentivar más a los capitales de cualquier origen, en la explotación del petróleo, un recurso que, en Venezuela abunda, pero carecemos de lo necesario para reactivar, a los límites antes alcanzados y más. Pues, parecemos que, de repente, hemos vuelto como al inicio. Y esto es el resultado de la incompetencia, falta de identificación y hasta honestidad de muchos, hasta de quienes hacen de principales acusadores.

Alegar que las modificaciones a la Ley, es ceder soberanía, no tiene sentido alguno, cuando no hacerlo, lo menos que pudiera sucedernos es que, nos hundamos más en una severa crisis, tanto que lo menos que pudiera suceder es convertirnos en un centro o espacio donde se desate la furia y una guerra sin precedentes.

Es sabido, pues es casi una cartilla que, estamos repitiendo lo ya dicho en este mismo espacio, nuestras clases políticas y empresariales, no fueron capaces de lograr aquello que Alberto Adriani, expresó en la consabida frase, "sembremos el petróleo".

A pesar que la naturaleza fue tan pródiga con nuestro espacio y gente, pues les dotó de tierras cultivables y agua en abundancia, como para habernos convertido en una potencia agrícola y ganadera, aparte de otras áreas, ayudados por el alto ingreso petrolero, 151 años después cuando, el 12 de abril de a875, en a hacienda La Alquitrana, por los lados de Rubio en el Estado Táchira, se inició la extracción del hidrocarburo, seguimos dependiendo de él y hablamos de mantener algo que nunca hemos tenido y por la que tenemos que seguir luchando.

Las reformas a una ley, que no es sino una decisión o disposición formal de la mente humana, no genera ni destruye, en lo inmediato un Estado soberano o la soberanía disuelve. Puede abrirle las puertas al inicio de un proceso, que no está sujeto y menos determinado por ley alguna sino por otras cosas, estructuras materiales y mentales que se combinan y hasta se asocian.

La ley de hidrocarburo recientemente modificada, no nos hizo soberanos. Ella nació dentro de una realidad, circunstancias que la hicieron posible, los resultados de largos años de activada la industria petrolera y lo determinado en la Ley de Hidrocarburos en 1943. La nacionalización adelantada por CAP, resultó posible por un antecedente largo de acumulación de capital de parte del Estado y unas relaciones en el mercado mundial, donde la OPEP jugó un papel importante y donde los consumidores, como EEUU, siempre nuestro principal mercado, no vieron dificultades. Pero esa nacionalización, como las modificaciones posteriores a la Ley de Hidrocarburos, incluyendo la de los tiempos de Chávez, no nos hizo, de hecho, soberanos. Las sanciones que nos aplicó EEUU y más que ellas, los efectos que produjeron, de diferente tipo, revelan que es una fantasía e ilusión creernos soberanos.

Tampoco puede hablarse de soberanía o llamarse soberano, un país, donde factores de mucha inserción en el movimiento popular, dado la insatisfacción generada por las dificultades económicas, al margen de las causas reales que las motiven, piensan, actúan sujetos a las disposiciones, órdenes del capital y poder político externo. Tan poco soberanos somos que la imagen que damos, hizo creer a Trump con derecho, al margen de la opinión que se tenga frente al gobierno, de llegar al nivel de irrespeto a la dignidad de una nación, implícita en la invasión y secuestro del presidente. Y lo que es más grave, factores "nacionales" eso aplauden, porque esperan les sirva para tomar el control del Estado. Y quienes no, más bien eso condenan, estamos como obligados a admitir que, aun habiendo sucedido eso, es indispensable, tragar crudo, y disponerse a recomponer las relaciones con el gobierno que nos ha humillado, generado serios y graves daños, como el asesinato de unos cuantos ciudadanos y destrucción de bienes.

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