"El camino es duro, difícil, pero es el camino"
Argimiro Gabaldón
Preludio
No conviene, bajo ninguna circunstancia, olvidar que la guerra es la guerra.
Ya sabemos, ya nos lo han repetido mil veces (cifra que hacía sonreír con malicia a Goebbels): la guerra es cognitiva, es mediática, el campo de batalla es el cerebro. Pero afuera del ámbito cerebral y mediático incursionan, asesinan cien personas y antes, para caldear los ánimos, asesinan a otras cien personas en el Caribe, secuestran a nuestro presidente y a su esposa que por lo demás es funcionaria y dirigente política. Entonces valdría agregar que la guerra también es física, cruel, llena de cadáveres, mutilaciones, un sangrerío; la guerra es prepotente, repulsiva, dolorosa y, sumamente importante para entender tanto desaguisado: siempre será, sean las circunstancias que sean, una acción que expresa el poder, por el poder y para el poder. En otras palabras, es la misma guerra de cuando la estupidez se expresaba a palos, piedras y mordiscos.
Primera parte
Un orate no hace montaña, ni destruye un país. Pero lo precede una montaña y hay muchos países destruidos.
Cuando digo que Trump no es el problema, no estoy incursionando únicamente en la "batalla de las ideas"; estoy incursionando, también, en la confrontación de explosiones, balazos, descuartizamientos y toda esa mierda que tanto inquina, aversión y miedo causa. Trump no es el problema, ni es un presidente estadounidense raro; es idéntico a los otros, a todos los que lo han precedido desde por lo menos el siglo XIX. Ni siquiera es el más loquito, ni el más asesino. Entonces, las razones por las que nos atacan nada tienen que ver con la personalidad, ni las morisquetas, ni el asco de persona que es ese tipo. Llenan las noticias con que está enfermo, "tiene una vaina rara", con que es un pederasta, con que viajaba con Spstein. Afirman, entre signos de admiración, que hay un millón de documentos que lo demuestran (Como si no bastara con uno y un testigo). Pero lo que hay que entender es que, si ese adefesio se muere, lo tumban, lo llevan para un manicomio, o un disparo de nieve, una luz cegadora le caen encima, no va a cambiar nada. El petróleo sigue en nuestro subsuelo, las tierras raras, el oro, el agua siguen allí. Porque cambien el jefe pro tempore de la banda de forajidos, ni las intenciones ni los métodos van a cambiar, como no han cambiado en doscientos años.
Es bueno no olvidar como actúan y han actuado hacia lo interno. Da cuenta de quienes son. Un botón: siglo XVII asesinaron miles de nativos, y cuentan sonrientes como estafaron a los indígenas que con engaños y seguramente con presión bélica, les compraron por 24 dólares el estado de New York; claro, no se llamaba así y no tenía las Torres Gemelas (aunque estas últimas tampoco las tienen ahora, asunto que también tiene que ver con el cómo son ellos). Entonces no hay que preocuparse por Trump sino por el poder económico mundial, que ahora tienen a este vocero un tanto díscolo, pero igual cumple con los objetivos. En lo que salgan de él, pueden que traigan a uno muy comedido, discreto, no tan catire, pero que nos va a tratar de torcer el brazo más y más. No hay remedio: es su condición. (Como el viejo cuento del escorpión)
Segunda parte. Hubo una ruptura en derecho internacional. (Jajajaja)
Como lo sabemos y nos lo han repetido mil veces (ya se sabe: Goebbels y todo eso), después de la Segunda Guerra Mundial y las grandes potencias se repartieron el mundo, se crearon acuerdos para la convivencia pacífica, justa, fraternal en función del bienestar global. Se erigieron organismos multilaterales, se redactaron cartas de intención, cartas de compromiso, cartas de amor, reuniones ordinarias, extraordinarias, de urgencia, rapiditas, paralelas, secretas, etc. No hay duda de que todo eso se instituyó. Pero nunca se instauró un orden internacional justo, nunca se instrumentó un derecho internacional, nunca sucedió que alguna de esas cosas escritas y fundadas sirviera para su propósito… ¡Bueno! al menos para el propósito expresado, porque para propósitos laterales de afianzamiento del poder, sometimientos legales e ilegales funcionó muy bien hasta que no les fue suficiente; es decir, hasta hace unos cincuenta años. Desde ahí todos esos acuerdos y las instituciones creadas, los edificiotes, las banderas, los conciertos elegantes, las cenas con porcelana que ni te cuento, con vinos de cosechas legendarias servidos en copas con cristal de baccarat, fueron soslayadas total y sistemáticamente. Todo el aparataje era como un divertido y simbólico baile de máscaras, vistoso, pero absolutamente baladí. Preguntémonos cuándo toda esa parafernalia detuvo una guerra, una invasión, un bombardeo, un robo, un bloqueo, aunque sea la quema de un individuo.
Entonces ¿A cuenta de que todas esas declaraciones, afirmaciones y lamentaciones de que se ha roto el sistema internacional, que existe un nuevo orden basado en la fuerza? Desde el fin de la segunda guerra ¿Cuándo no ha sido así? O es que el bloqueo a Cuba se instrumentó en este enero del 2026. Será que el empalamiento a Gadafi y los orgasmos de Hilary Clinton por el hecho fueron el día de Reyes de este año. Vietnam, Corea, Afganistán, Iran, Irak, la masacre sistemática de los palestinos, la apropiación de sus tierras, el proyecto de construir sobre cadáveres, un lindo centro turístico. Las invasiones en todo el planeta, Guantánamo y demás centros de tortura alrededor del mundo, la imposición de bases militares en el planeta, las masacres, golpes de estado, guerras creadas por el poder internacional, los asesinatos de lideres o encarcelamientos por décadas en África, las revoluciones de colores, las guarimbas, las sanciones económicas y el bloqueo a Venezuela ¿Todo acaba de pasar o nunca han dejado de pasar? ¿O será que, si en las ONU firman hipócritamente un acuerdo lamentando todos estos hechos, significa que si existe derecho internacional? De ser así, eso lo siguen haciendo tomando coñac, scotch, vodka, baijiu, bourbon y firmando papeles rimbombantes que no salen de la mesa en donde se firman; es decir, que no se ha roto nada. Lo que sí pasa es que intereses de grandes grupos económicos se ven afectados por las trampas de otros grupos. Cosa que también ha pasado antes. Pero en esta oportunidad hay una queja, un asombro por la ausencia de algo que siempre ha estado ausente
Yo creo que como esas insistencias basadas en las apariencias desde hace rato ya no engañan a nadie, lo que se quiere es normalizar el hecho. Por eso lo repiten tanto. En tono de experto internacionalista o de alguien que lamenta el hecho. Parece que lo que pretenden es que aceptemos el asunto de una vez por toda, que asumamos como ordinario la estructura de poder. En el próximo bombardeo diremos: "Ah claro, así es ahora, es el nuevo orden".
La verdad es que, aunque nunca han servido para nada, es el mejor momento para que todos esos acuerdos sean retomados. Habría que firmarlos de nuevo. Pero mandando al carajo al consejo de seguridad, a los cinco bichitos que se miran mal, pero se dejan hacer y se dejan pasar cualquier tropelía que no les afecte en lo particular. Aunque alguno de estos organismos se llamase otra vez la ONU, OEA que son grandes nombres, habría que cambiar las sedes porque no pueden estar en países que representan lo contrario a la razón de ser de esas alianzas. Tendría que haber un mecanismo para que se tomase en serio los acuerdos. No comprar ni una pistolita a estos bandoleros que te venden armas inservibles para que te defiendas de ellos mismos, que son en definitiva los únicos que hacen guerras. Ya que esas conflagraciones (con cadáveres, bombas, devastaciones, etc.) son imprescindible en su cadena de fabricación de armas. Comprometer a la solidaridad, no como un asunto bonito, admirable, sino como una herramienta práctica de sobrevivencia y defensa para contrarrestar la presencia de estos depredadores. Y se tendría que buscar mecanismos para que ningún país se coja a la ONU y la preñe con los perennes saqueadores del mundo.
Seguro que cosas por el estilo se dijeron en aquellos momentos de post guerra. Así que, con la estupidez como principal característica de la humanidad, tendríamos que recordar, en caso de que pasara ese imposible descrito en las líneas más arriba, que "siempre que pasa lo mismo sucede igual"
Tercera parte
Corolario: O inventamos o erramos.
Cuando vemos que todos los caminos parecen estar agotados, recordemos los versos. que escribió Machado y cantó Serrat: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Nota:
Vamos a escribir, reunirnos, comentar… somos los que vivimos esto, somos las victimas de un poder inconmensurable pero no infinito, no podemos ser quienes estamos esperando que arreglen el mundo para ir a celebrar. Hay que arrimar el hombro.
"Que bien nos vendría un abrazo que nos acomode un poco.
Que nos haga ver que no estamos solos.
Ni tan locos. Ni tan rotos" Anónimo (creo)